• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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Luis González del Castillo

El nacimiento del futuro

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Dedico, gracias a la deferencia que me permite El Nacional, el presente artículo a todas las madres.

Desde ese lugar maravilloso que es el vientre materno, dentro de las entrañas de ese ser privilegiado y maravilloso al que llamamos mujer, procede la vida, reside la esperanza, se alberga el amor. Desde allí se materializa el comienzo de todo y de todos. Desde allí se posibilita el nacimiento del futuro.

Estos años tan difíciles que hemos vivido los venezolanos, podrían ser, si así nos disponemos a intentarlo, una enseñanza definitiva sobre la importancia de guardar principios y valores esenciales en el proceso de formación de las personas, las instituciones y por tanto una sociedad más libre, justa, y por tanto sana, para todos. 

Los hogares son ese lugar que va a recibir a cada criatura que, después de estar navegando en esa cápsula espacial y especial, dentro de dicho vientre, nace ya influido por procesos previos de formación de cada madre, a la cual desde muy pequeña ha debido formarse para ser hilo conductor desde tal mundo interior hasta el mundo exterior, para que esté lleno de calor y de luz.

La vida luego puede ser entendida como una carrera más corta o más larga, como un maratón, dependiendo de cómo cada quien pueda o logre correrla. Lo que no debemos asumir es pretender igualar forzadamente a todos los corredores, cada uno con distintos atributos y limitaciones, como aquel erróneo juez de competencia, que ante algunos corredores especiales con una sola pierna ordenase cortarla a todos los que tuvieran dos para ser justos e iguales en la misma. El ejemplo patético intenta hacer evidente que la vida más que una competencia con los demás, con sus fortalezas y debilidades, es una aventura maravillosa y una oportunidad, para cada uno de nosotros. Mikel Melamed existe, para nuestro orgullo es venezolano, y vive entre nosotros. Creo que con su ejemplo no hace falta más aclaratoria.

Estas sencillas reflexiones las quiero ofrecer a todas las madres y compartirlas con todos ustedes mis amables lectores para proponerles, más que en homenaje a todas ellas, abrazarlas sin distingos de nacionalidades, credos religiosos, políticos-ideológicos o condición social, y desde ese abrazo profundo, como sus vientres, enviarles todo nuestro amor y respeto sin distancia ni tiempo.

A los hombres especialmente les expreso mi llamado a ese respeto por nuestras mujeres. Futuras madres o a las que ya lo son. Así junto a mi hijo mayor Luis Eduardo, como ejemplo de todos los hijos, al que solía decir “te amo con un amor tan grande como ir de aquí a Japón mil veces por infinito ida y vuelta”, les pido que las protejamos y las respetemos: a todas nuestras madres y a las madres por venir, pues ellas son el nacimiento del futuro...