• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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El nacimiento del futuro (II)

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Mi pasado artículo lo dediqué a todas las madres. Pensando en ellas se originó en mí, además de la humana dimensión emocional, una suerte de reflexión filosófica sobre el valor infinito del amor que ellas pueden transmitir. Ellas pueden ser la fuente originaria de la paz, la solidaridad y el progreso, espiritual primero y luego material, de las naciones.

Además de las consideraciones anteriores, sentí la preocupación por expresarme, como diría Ortega y Gasset (célebre filosofo español 1883-1955), de acuerdo con las circunstancias que vivimos actualmente en Venezuela. Madres venezolanas o colombianas, españolas o portuguesas, italianas, árabes o israelíes, o de cualquier origen en el mundo, pero que habitando en este tiempo y en este suelo venezolano sufren el desconsuelo de la pérdida de un hijo por causa de la violencia criminal. Las estadísticas nos hablan del triste récord de más 57 asesinatos por cada 100.000 habitantes, desde el año 2013. Muerte, disparo, secuestro, drogas, son palabras que se repiten incesantemente en nuestro país. Hoy, Venezuela es rehén de la violencia. La situación de nuestra familia venezolana, por tanto, está en crisis. La migración de jóvenes venezolanas a distintos países, muchas veces impulsadas por sus propias madres como mecanismo de protección ante el crimen, causan la mayor descapitalización de una nación: el perder su población femenina.

Problemas como el embarazo precoz se ha hecho rutina, precisamente en los sectores sociales más pobres. Ese embarazo a menudo ocurre como fórmula de escape, con el cual las niñas se asumen mujeres para su protección en el barrio. El sujeto más violento, más amenazante, más armado pasará a ser el padre temporal de la criatura.

Según datos del informe elaborado por el Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa) en Venezuela más de una de cada cinco mujeres embarazadas es menor de 20 años (se está acercando a 25%). El Centro Gumilla publicó también resultados, y según Williamson y la Conferencia Internacional sobre Población y Desarollo (CIPD), existe una alarmante tasa de nacimientos en adolescentes entre 10 y 14 años, y de cada diez adolescentes, entre 15 y 19 años, una es madre en Venezuela, a partir del año 2011.

Si desde ese ser maravilloso al que llamamos mujer, “procede la vida, reside la esperanza y se alberga el amor. Desde allí se materializa el comienzo de todo y de todos. Desde allí se posibilita el nacimiento del futuro”,  como se plantea en el artículo anterior, ¿por qué no comenzar un diálogo a partir de las mujeres venezolanas y liderado por ellas para conjurar la violencia, establecer una agenda de cambio y de soluciones para abordar nuestros problemas comunes? ¿Qué o quién nos lo impide?

A los muchos hombres, seguramente la mayoría, que aún quedan en Venezuela de buena voluntad, les manifiesto mi disposición y llamado a enfrentarnos, pero al crimen. El organizado y el desorganizado. Ese crimen que nos aleja de nuestra paz y esperanza de concordia, para que, con respeto por nuestras diferencias, nos unamos sin embargo en el amor por nuestras mujeres y por, como se suele decirse, el amor a la propia madre patria que nos vio nacer o nos acogió como hijos adoptivos en su seno.

 

@gonzalezdelcas

fundacionvenezuelasigloxxi@gmail.com