• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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¡La hora de Venezuela!

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Es sin duda muy útil a la hora de reconocer con más claridad en qué tipo de circunstancia nos encontramos, tal como podría ser nuestra encrucijada presente, el remontarnos a acontecimientos históricos vividos por nuestros antepasados. Mencionaré a continuación, y a propósito,  uno bien conocido por nuestros políticos del presente, que bien pudieran usarlo para reflexionar sobre los modos de actuación que les toca asumir ahora.

En el año 1945 Venezuela requería la escogencia urgente de un candidato presidencial para favorecer una salida consensuada ante el posible continuismo del regreso de López Contreras a la presidencia, y la circunstancia de la salida de Medina Angarita de la misma. Rómulo Betancourt cuenta que al entrevistarse en Washington, en compañía de Raúl Leoni, con el posible candidato de consenso Diógenes Escalante, este se  quedó mirándolos: “En silencio, por largos minutos, 10 a 20 tal vez. Era la suya una impresionante mirada de hombre con el sistema nervioso ya quebrado por causa que no pudimos conocer cabalmente sino dos meses después” (Rómulo Betancourt .1967. Venezuela, política y petróleo. Segunda edición. Pág. 228.  Caracas 1976).

Han pasado diez años ya, y yo recordaba por estos días, desde cuando junto a un grupo que denominamos “Alianza por la Libertad” planteábamos las primarias como método para la escogencia de nuestro candidato a las elecciones presidenciales de diciembre del año 2006. También recordaba conversaciones que sostuve con diferentes personalidades para impulsar tal planteamiento, y sus reacciones y respuestas. Hoy, frente a la discusión sobre cuál fórmula adoptar para el logro de la salida constitucional a la crisis (renuncia, reforma, enmienda o revocatorio), e inicio de un nuevo camino democrático para reconstruir a Venezuela, reitero consideraciones que aplican a la toma urgente de la decisión unificadora de esfuerzos que sean efectivos para el vital logro.

En primer término, debo insistir en que mientras se quiera ocultar que existen diferentes visiones y propuestas de cómo abordar la crisis, y no se unifiquen sistemas democráticos a lo interno de la alternativa democrática de cómo dirimirlas, se estará condenando a la nación a una suerte de espectáculo de torre de Babel, en la que la dirigencia opositora habla distintos idiomas y no se entienden. Pensar distinto frente a un asunto determinado requiere del esfuerzo de pensar juntos para encontrar el consenso básico, más allá de lo electoral. Sin embargo, al reconocerse distintos y claramente contrapuestos intereses internos, deberá entonces dirimirse frente al país por la vía sencillamente de votaciones. 

Se ha comenzado a sentir nuevamente que, mientras Venezuela se cae a pedazos, y el sufrimiento de su gente busca desesperadamente una salida a esta situación, la dirigencia opositora vuelve a deshojar la margarita sobre este tema del método para buscar la salida de este gobierno, y no reconoce con sinceridad lo que subyace en el fondo del asunto, como lo es la necesidad de legitimar el dirigente que habrá de tomar las riendas del país a partir de la ejecución exitosa de la fórmula de salida constitucional del gobierno.

La enmienda es, según mi opinión y en las actuales circunstancias, la fórmula más acertada para corregir los entuertos inmediatos causados desde la anterior enmienda aplicada por el chavismo para perpetuarse en el poder. Aprobarla sin más demora es la obligación, con la democracia, con Venezuela y su gente, que tiene este parlamento y sus parlamentarios. Los cuales, por cierto, fueron elegidos por el legítimo voto castigo y la búsqueda por parte del pueblo de una salida democrática eficaz, sin reparar en la condición humana particular de ninguna candidatura parlamentaria u otra, y apalancando así con su voto la expresión de la fuerza unida de grupo que se ofrecía. 

La institución representativa que le queda al venezolano para sacar adelante al país de esta crisis, a la que fue llevado por la irresponsabilidad, corrupción e ignorancia chavista, es el Parlamento. Las organizaciones partidistas que integran la MUD, y que recibieron el mandato de aplicar el poder conferido para comenzar a solucionar la crisis en la que esta hundido el país, deben hablarle claro a la gente y asumir de una vez por todas sus funciones: 1) decretar la Ley de Amnistía, 2) llevar a efecto la enmienda y 3) asumir políticamente un método de selección del candidato a presidir Venezuela por los cuatro años siguientes, con posibilidad de solo una reelección inmediata y definitiva, que también debería quedar claramente establecida, junto al recorte del periodo actual.

Durante el costoso tiempo trascurrido desde 2006, cuando se seleccionó por método de encuestas el candidato presidencial de la alternativa democrática, luego en 2012 cuando lo hicimos por vía de una exitosa consulta por primarias, y hoy cuando el país está urgido de una solución al drama en que sobrevive día a día, no debemos perder más tiempo en la selección del método e implícitos intereses, sino ser leales a Venezuela y actuar en consecuencia con valentía, lo que implica asumir riesgos, tomar decisiones y ejecutar acciones inmediatas para salvarla.