• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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1,65: hidráulica y poder

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Se estableció, según los datos históricos de sus trajes y por la exhumación que se realizó a sus restos en 2010, que nuestro Libertador Simón Bolívar medía aproximadamente 1, 65  metros de altura. Esta cifra me vino a la mente cuando se nos anunciaban “medidas especiales” para evitar el colapso de la principal fuente de poder hidroeléctrico venezolana: el Guri.

Dedicada nuestra actividad profesional a la ingeniería, y más particularmente al tema hidráulico e inestabilidad que provoca el agua en los suelos y estructuras sobre ellos fundadas, sean edificaciones, puentes o caminos, ya desde el año 1989 con el llamado “Caracazo” participamos en la búsqueda de rápidas soluciones al tema del desabastecimiento de agua potable, en una Caracas desestabilizada y caliente por la escasez del vital líquido y los altos precios de los alimentos. Apenas se iniciaba una reforma de aquel Estado venezolano que por su centralismo, sus controles inoperantes, la corrupción y su intervención excesiva e ineficaz en la vida económica de la nación, nos había llevado a continuas medianas crisis de gobernabilidad, hasta una de esa mayor magnitud, como la del Caracazo de 1989.

Desde entonces la vida me ofreció, y así la tomé, oportunidad y desafío de aprendizajes empíricos y teóricos sobre esas otras inestabilidades que producen las fuertes carencias de servicios vitales como el agua y la electricidad, aunadas al alimento, medicinas y la propia seguridad para la vida en sociedad normal y democrática. Aún se recuerda la frase del ex presidentes Caldera sobre “un mar de fondo” (expresión en ingeniería de costas muy hidráulica) cuando en 1992 pronunciaba sus advertencias al parlamento venezolano y al país todo, a consecuencia del intento de golpe chavista en febrero de 1992. Ya entonces se habían elegido gobernadores y alcaldes por vez primera en Venezuela y culminaron en ese año 1992 con una segunda elección, a pesar de un nuevo intento de golpe de Estado fallido, en noviembre del mismo año. Todo se superó gracias a que se había logrado iniciar dicha reforma del Estado venezolano, la cual apenas comenzaba.

Por nuestra parte y aún antes de aquellos tiempos, entre los que alguna vez fuimos compañeros en la facultad de ingeniería de un Julio Montes o de una Jacqueline Faría, entre muchos otros, hasta otra etapa de aprendizaje cuando lo fuimos de Hugo Chávez o Alexis López Ramírez, durante el post grado de Ciencia Política de la Universidad Simón Bolívar, hemos podido constatar que en las mentes y deseos por el logro de una Venezuela mejor existen serias fallas de apreciación de la realidad, sobre la gravedad de ésta, su urgente tratamiento, por ejemplo como cuando intervenimos en la situación del desastre de Vargas del 15 de diciembre de 1999. Era aquel día cuando se aprobó en referéndum nacional nueva constitución. La que, por cierto, pretendía iniciar una nueva reforma integral de Estado venezolano, que es el problema de un mal modelo ( “mar de fondo”) que realmente carcome las bases de un posible real progreso del país y su gente.

La compresión de la respuesta apropiada para el tratamiento de la realidad es hoy, más que nunca, una seria responsabilidad de los actores que poseen cuotas de poder dentro de una Venezuela ya caótica, que anuncia un verdadero colapso de gobernabilidad y sus gravísimas consecuencias. En primer lugar el l gobierno de Nicolás Maduro, no el gobierno de Diosdado Cabello, ni el de Aristóbulo Istúriz, sino el de Nicolás Maduro Moros, llega a la cota de 1.65 de altura antes del colapso de una tragedia anunciada por la corrupción y la pésima administración del sector eléctrico nacional. Aunque Papa Dios nos favorezca con un pronto clima de lluvias, la realidad no mejorará sino con gerencia de trabajo profesional, honesto y comprometido. Junto a Maxim Ross y desde la Fundación Venezuela Siglo XXI aportamos opiniones y recomendaciones públicas al respecto de éste y otros asuntos (iniciamos su difusión desde el Eurobuilding en documento de “medidas de inversión y gerencia”)  desde aquel año 2002.  El sistema eléctrico nacional, se nos replicó entonces, supuestamente se blindaría con producción termoeléctrica y con multimillonarias cifras en dólares americanos, que luego se despilfarraron en compras de plantas y dispositivos en todo tipo de negociados y que ahora no operan eficazmente.

Hoy, mientras la cota del Guri sigue descendiendo, la fuerza hidráulica que hemos visto antes accionar, y  es indetenible, que es la fuerza del pueblo en las calles, esta llegando por el contrario a su cota máxima de desbordamiento. Por tanto, y como última medida que le queda por tomar a Nicolás Maduro, es pertinente convocar de emergencia a un Consejo Nacional de Estado, ampliado quizás, para abrir las compuertas y canalizar esa fuerza hidráulica del pueblo hacia la construcción de soluciones inmediatas y el comienzo de una salida a la actual crisis. Si así lo hiciera, él y todos los venezolanos unidos en torno a la figura de ese gigante de 1,65 metros de altura llamado Simón Bolívar, podríamos sumarnos a una transición democrática y pacífica, para un nuevo gobierno de unidad nacional, que salve a nuestra amada patria.