• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

¡Soy el capitán de mi alma!

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¡Queridos hermanos: López, Ceballos, Baduel y Tirado! Ante la intercesión de los expresidentes Pastrana y Quiroga no hubo el gesto humanitario de permitirles la visita. Ni la consideración  de su representatividad como expresidentes de pueblos bolivarianos, Colombia y Bolivia, les hizo pensar sin la infección del odio y la revancha. Triste de aquellos que llamándose a sí mismos revolucionarios ejercen, desde la posición de poder transitorio que ostentan, el despotismo y la persecución del que piensa distinto, del que actúa distinto, del que es distinto.

Mucho hablan personeros del gobierno, como Jorge Rodríguez, por ejemplo, de la intervención extranjera en los casos de estos expresidentes que, atendiendo el clamor de las esposas, madres, hijas e hijos de los presos políticos, han venido, de manera respetuosa y pacífica, a mediar de buena voluntad para la búsqueda de soluciones humanas ante conflictos humanos. Ellos olvidan la intervención castrista en nuestra patria, que nos ha dejado el triste ejemplo de la crueldad en el poder. Lo constatamos en los casos de años recientes cuando dejaron morir a los huelguistas de hambre cubanos: Orlando Zapata Tamayo, de 42 años, el 23 de febrero de 2010, y a Wilman Villar, de 31 años, en enero del año 2012.

Nunca, señores del gobierno, nunca señor Rodríguez, hemos avalado ni avalaremos la violencia como método de lucha para dirimir las diferencias políticas entre venezolanos. Ni antes, cuando su padre fuera asesinado vilmente en prisión, ni ahora cuando esta suerte de violencia oficial de destruir al oponente, bajo la hipocresía de utilizar al sistema judicial como herramienta, con su desidia que tortura y condena, aun antes de un juicio justo. Esa violencia de Estado de no permitir se usen disposiciones judiciales humanistas para llevar a cabo tales procesos, sin someter a presuntos inocentes, junto a sus familiares y allegados, a maltratos, vejaciones y crueldades, de un sistema judicial y de prisiones, colapsados.

Otros casos parecerían ridiculeces, si no afectaran brutalmente la vida de los hombres libres. Medidas judiciales, como en el caso de Teodoro Petkoff, por ejemplo, lamentablemente muy afectado en su salud por cierto, al cual “castigan” con prohibición de salida del país y continuas presentaciones en tribunales. Pero hasta allí no llega la cosa. Al expresidente europeo, de la reconocida trayectoria de Felipe González, que vino a nuestro país especialmente para abogar por la atención a los derechos humanos de los presos políticos en Venezuela, como un asunto que trasciende las fronteras nacionales y para hacerle entrega a Teodoro del premio de periodismo internacional: José Ortega y Gasset, del prestigioso diario El País de España, se le trató con desprecio, en medio de la ignominia oficial. Sin embargo, el expresidente González les dio una lección de estatura política a estos hijos del difunto, como ellos mismos se llaman, y se marchó en un avión de la Fuerza Aérea colombiana que lo vino a buscar, como muestra de respeto por su persona. Se fue sin caer en provocaciones, ni responder improperios. Pero no sin antes recordarles que Chávez sí lo recibió debidamente en Miraflores, y que podían hablar telefónicamente, cuando lo consideraban pertinente, para intercambiar pareceres sobre diversos asuntos, que es como dialogan normalmente los jefes de Estado.

A Miguel Henrique Otero, editor de El nacional, a quien acaban de dictar prohibición de salida del país, que en su caso lo tomó en el exterior cuando le anunciaron que le fue otorgado el Premio Luca de Tena del también prestigioso diario ABC de España, le decimos que sería preferible que pudiera temporalmente permanecer en el exterior, para continuar presencialmente denunciando la realidad opresiva a la libertad de expresión en Venezuela, con lo cual le hace un gran servicio a la causa de la libertad de nuestra patria toda.

La presión valiente y sacrificada de ustedes, hermanos Leopoldo López y Ceballos, así como las de Baduel y Tirado, entre muchos arrojados jóvenes, mujeres y personas que decidieron acompañar con ayuno su protesta, ha cumplido su objetivo. Se ha desnudado definitivamente esta situación oprobiosa de subyugación del sistema judicial venezolano, para amedrentar la legítima protesta del pueblo libertario de Bolívar. Sus esposas, Lilian y Patricia, que han sido ofendidas por este sistema vergonzoso, como otras hermanas venezolanas que también tienen sus esposos injustamente encarcelados, han dado una gran batalla acompañándoles en su sufrimiento. Pero es el día, hermanos, de pensar en nuevos escenarios que el propio pueblo venezolano impondrá, junto con ustedes, junto con nosotros todos y para bien de toda Venezuela. Es hora, hermanos, de actuar muy inteligentemente frente a este régimen. No podemos entregarles de regalo, a su odio irracional, su salud y la salud de muchas personas en juego. Es el minuto de recordar diciendo en palabras y con la indoblegable astucia en la lucha de Nelson Mandela: “Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma”.