• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

¡Más allá del revocatorio!

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Entre el caso cubano, transmutado desde la dictadura militar de Batista hacia el castrismo, por las armas de una vanguardia política, y nuestro caso venezolano, en el que tuvimos un Rómulo Betancourt que evolucionó desde su plan de Barranquilla hasta ejercer el liderazgo civil de un pueblo en su lucha por la democracia, junto al pluralismo ideológico de un Rafael Caldera y el indómito Jóvito Villalba, se evidencia una clara y enorme diferencia.

Un pacto para la democracia, que dio piso fundamental a la creación de una Venezuela libre, mediante la escogencia en las urnas electorales de sus gobernantes, y también mediante la organización ciudadana en distintos partidos políticos, fue la clave de una nación que desde entonces mostró en Suramérica la viabilidad, en estas tierras, de la alternancia en el ejercicio del poder, como antídoto contra regímenes de facto, como el caso cubano del castrismo, el cual secuestró ¡hace 57 años! ese derecho humano de dignificar la vida: el derecho de elegir.

Por estos días de junio, como hemos afirmado en nuestro artículo anterior (“Días de junio”, viernes 3 de junio, web El Nacional) el pueblo venezolano, y lo que reste aún de sus instituciones, partidos, sociedad civil, fuerzas armadas, organizaciones religiosas y demás, se probarán a sí mismas, y también al resto del mundo, si en esencia nuestro sistema eleccionario se mantendrá como garante de nuestro derecho de vivir libremente. No hay, ni habrá, ayuda internacional que pueda sustituir la voluntad y el coraje del pueblo venezolano para defender su sistema democrático. Sistema que incorporó, progresistamente, el derecho de decidir desde el sufragio universal, directo y secreto, hasta la  revocación o no del mandato de cualquier funcionario de cargo electivo, según artículo 70 de la actual Constitución, aprobada en referéndum el 15 de diciembre de 1999 y promulgada el 24 de marzo del año 2000.                

Sin respeto a este principio fundamental, lo que resta del actual supuesto sistema democrático venezolano, finalmente dejaría de existir. Este, a pesar de haber sido quebrantado en los últimos años, mediante el uso y abuso de todo tipo de artimañas y atropellos, con la utilización delictiva de los recursos públicos en las campañas electorales, y el chantaje a los empleados públicos para evitar el libre ejercicio de su voto, sin embargo se cuidó de mantener esa forma básica de procedencia, en una elección popular como origen de su legitimidad. 

Hace poco más de un año opiné, en una conversación con un importante funcionario diplomático, cuyo especificidad disculpen ustedes prefiero reservarme, que esperar un año para que el pueblo evaluara si quería seguir o no con este tipo de régimen de gobierno era el último sacrificio doloroso, pero necesario, por parte de los demócratas venezolanos, cumpliendo así, sin lugar a dudas, con el ex votante del madurismo, y frente a la comunidad internacional, al respetar la esencia del principio de la elección universal, como método garante de la legitimidad de origen, de la democracia y de la libertad. 

Hoy, no garantizar mediante la movilización popular que se cumpla ese derecho fundamental del pueblo, de decidir en esta ocasión si el madurismo sigue o no, es retroceder definitivamente frente a la “neodictadura revolucionaria”. Esta intenta hoy, e intentará hasta sucumbir, como lo demuestra actualmente a través de sus operadores políticos, con el enmascarado de plata a la cabeza, el personificar la lozanía de una revolución que en realidad se envileció, y envejeció por tanto. Como expresión criolla de la magnífica obra de Oscar Wilde El retrato de Dorian Grey, con el alma adentro podrida, protagonizan en medios de comunicación la farsa de una presentación de una irrealidad conspirativa y de supuestas divisiones de la dirección política de oposición, como apelación a recursos de sostenimiento de lo insostenible de la actual situación. Se pretende así seguir forzando al pueblo a que crea en la vía del castrismo cubano hacia el “mar de la felicidad”, en tanto que ellos y sus amantes, amigotes y testaferros, se bañen en importadas bebidas espirituosas y viajes, ¡todo seguirá bello! como la agricultura urbana, por ejemplo. Mientras tanto nuestro pueblo no tiene agua, electricidad, pasa hambre, no encuentra medicinas y muere de mengua.           

Los ahora llamados balseros del aire, como nueva nomenclatura con la que se ha dado por conocer en el mundo a nuestros inmigrantes venezolanos, van dejando atrás familias desgarradas y expatriadas, como el castrismo tristemente logró hacer otrora en Cuba. Se cumple, de este modo, parte del plan “revolucionario” de extrañar de su país “al disidente escuálido”: médicos, educadores, científicos y profesionales de todo tipo. Así se nos subyuga, descapitalizándonos, mientras ellos se reúnen en grandes conferencias internacionales para al negociar con sus pares recordarles que han sido buena paga, y que continuarán siéndolo, intentando comprar tiempo y voluntades de apoyo para tan corrompido y oprobioso régimen de gobierno.

¿Podrá seguir pasando esto aquí, ya que se ha probado que ha podido pasar en otras naciones antes? Esa es la respuesta que deberemos dar, de si existe aún en nosotros, como pueblo, la esencia democrática de la diferencia entre el caso del castrismo cubano y el  del sistema democrático venezolano. De no hacerse respetar el derecho constitucional, fijándose el cronograma y realizándose este mismo año el referéndum, se estará, mediante formas engañosas de fraude a la Constitución, dando un golpe de Estado, cometiendo un crimen político de traición a la patria venezolana, y latinoamericana toda, en su lucha por la democracia, por la libertad y por la paz. De irrespetarse así tales principios,  se nos estaría soslayando nuestra condición histórica ganada de auténtico pueblo soberano, bolivariano, y por tanto libre, ¡más allá del revocatorio!