• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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Luis González del Castillo

Un adiós para Zapata

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Escribir un adiós para Zapata no es posible. En realidad para hombres como él no existen los adioses. ¿Quizás un hasta luego podría resignarnos ante la despedida? ¿Será que fue a encontrarse con su tocayo san Pedro para hacer caricaturas de las nubes y a diario allí lo encontraremos? ¿O será que Pedro León se fue por la ciudad y seguirá caminando entre la gente de Venezuela y más allá del mundo todo, con sus sueños, sus alegrías y sus tristezas?…

Pedro León Zapata ha partido de este plano terrenal para buscar en otras dimensiones nuevos colores, nuevas genialidades. Su última caricatura nos revela, en su prolífica creación de múltiples significados, que era para él hora de su despedida: “Lo que pasa es que aquí no tiene la calidad de vida, la calidad debida”. Con ella nos pide que interpretemos, como siempre él nos lo dio, con amor, la necesidad de dar a la vida la calidad humana que nos permita construir un mundo mejor, comenzando por la propia situación venezolana. Pero además nos pide que entendamos que la calidad de vida en su vehículo corporal ya no le era confortable desde algún tiempo y deseaba partir.

Miguel Henrique Otero nos dice que al marcharse Zapata nos deja sin un brazo, ya que El Nacional, donde estuvo con su caricatura desde 1965, tenía dos editoriales: el escrito y el Zapatazo. Le comentaba yo a Mara, su delicada y a él muy dedicada compañera, que mucha gente lo primero que veía al abrir el diario era la caricatura de Zapata, mientras que yo primero hacía la tarea de leer el editorial y luego me comía el postre, que era la caricatura de Pedro León. También recordaba con orgullo que mi primer artículo de opinión publicado en un diario de circulación nacional, fue en este diario El Nacional (“La acidez del limón”, sábado 4 de marzo de 1989) y que el orgullo y la alegría, más que doble, me desbordó, pues dicho artículo salió colocado justamente debajo de la caricatura de Zapata.

Otro Miguel, también hermano de la vida de Pedro León: Miguel Delgado Estévez, nos dice que a hombres como Zapata lo debemos más que recordar, honrar con nuestras acciones. Por ello pido que cumpliendo esa suerte de última voluntad de Pedro León Zapata: “La calidad de vida tenga la calidad debida”, nos entreguemos como él a hacer bien las cosas, con amor, con conciencia, con pasión ciudadana. Al parecer por los resultados de los últimos tiempos no hemos conseguido “la calidad debida”. Sería una hermosa manera de honrar su memoria si desde las entrañas de esta convulsionada sociedad comenzaran a salir los gestos reflexivos y de rectificación que tanta falta nos hacen.

Me declaro heredero, como uno más de este pueblo venezolano, del gentilicio de seres que como Pedro León Zapata han construido el orgullo de ser venezolanos. Haber compartido con él este lugar del planeta donde nacimos, donde crecimos y despertamos a la conciencia de la infinita fuente de posibilidades creativas es el legado de Pedro León Zapata; aunado a su enseñanza de hurgar tesoneramente cada día el pensamiento para que nos permita interpretar mejor al mundo en que vivimos, para amarlo más y para hacerlo mejor...