• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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Luis González del Castillo

Vivienda. Visión y misión

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En respuesta a la preocupación por contribuir a recrear un clima de respeto, que reabriera la comunicación entre venezolanos, me dirigí el año 2010 a un excompañero de posgrado en la Universidad Simón Bolívar: Alexis López Ramírez. Teniente para aquellos años de estudio y general, exjefe de casa militar y luego director de la Academia Militar de Venezuela, en aquel 2010. Allí lo visité; para aportar recomendaciones sobre la problemática de vivienda en Venezuela y algunas posibles soluciones. Días después consigné las mismas mediante formal comunicación.

En la misiva afirmé: “Dado que la confrontación política conlleva muchas veces a olvidar el compromiso común que tenemos de colocar a un lado dichas diferencias, para atender el bien de la patria primero, dirigiéndome a usted, cuya receptividad y consideración agradezco, hago llegar mis planteamientos”. Más adelante finalicé dicha comunicación expresando la preocupación por la realidad que se vivía: “El agravamiento del déficit de viviendas, conjuntamente con las condiciones climáticas, que año tras año producen pérdidas de vidas y bienes a los compatriotas más vulnerables de nuestra sociedad, me obliga a poner mis modestos aportes a la orden”.

En diciembre de aquel año 2010, las fuertes lluvias continuadas, en varios ciclos de alta pluviosidad, presentaban suelos saturados y fatigados por el embate de las corrientes de los fuertes aguaceros. Como recordaremos, miles de familias resultaron damnificadas, compatriotas fallecieron y la emergencia se asumió, entre otras medidas, improvisando el alojamiento de familias en ministerios, organismos públicos e instalaciones privadas como hoteles y galpones, etc.

El surgimiento de la “rebautizada Gran Misión Vivienda”, entre 2011 y 2012, tuvo máxima prioridad. Como sabemos esos fueron los dos últimos años, incluidas las elecciones presidenciales de 2012, que el gravemente enfermo presidente estaría en funciones.

Hoy nuevamente se viven muy difíciles momentos, por la realidad del mercado petrolero mundial y la debacle económica nacional de absoluta dependencia del ingreso petrolero. Tenemos todos los venezolanos que asumir que llegó la hora de la Gran Misión Salvación Nacional: “El petróleo es el sector económico de mayor relevancia para la economía venezolana. De su producción y exportación dependen 94% de las exportaciones, 67% del ingreso público, incluyendo el gasto social de Petróleos de Venezuela y los aportes al Fondo de Desarrollo Nacional...” (Amanda Beaujon. La industria petrolera y sus ingresos ¿qué opinan los expertos? Debates IESA, Vol. XVII. Número 2, abril-junio 2012. Pág. 51).

En medio de esta calamidad representada por la criminalidad desbordada, la economía con problemas de alta inflación y estancamiento (estanflación); ahora con baja en los precios del petróleo y endeudamiento de la república, no podemos los venezolanos responsables y de buena voluntad, civiles y militares, de cualquier parecer o creencia, de cualquier condición social, abstraernos de la realidad y cobardemente dejar que nuestra nación se aproxime a un colapso de mayor sufrimiento de nuestra gente, nuestro niños, nuestras mujeres, nuestras madres, nuestros mayores ancianos.

Deberemos dirimir diferencias bajo la premisa ciudadana de corresponsabilidad y sensibilidad social. Ante, por ejemplo, la escasez de medicamentos vitales para enfermos (renales, cardiopatías, epilepsia, hipertensión y demás afecciones). Ante la emigración de nuestros recursos humanos (médicos, docentes, técnicos). Ante el resurgimiento de la pobreza y el fracaso económico, que afectará los programas habitacionales, entre otros.

No podemos continuar estirando la cuerda de la provocación y la represión al pueblo, atizando el odio y las venganzas. Es imprescindible, por ejemplo, devolver al Parlamento su majestad y su obligatoria función de ser el recinto del diálogo democrático nacional. Dar libertad a los activistas políticos que reclaman, en ejercicio de sus derechos, el cambio en Venezuela, mediante la participación popular. Si en lugar de diálogo se busca prensar la cuerda hasta que se rompa en mayores y más graves confrontaciones, y de no tomarse medidas para concertar salidas de atención a la crisis que apenas ha asomado la punta del iceberg, contribuiremos a crear un Titanic llamado Venezuela, que se estrellará dolorosamente contra este, ante los ojos de todos aquellos que fuimos formados para defender y amar nuestra patria: “Para sacar de este caos nuestra naciente república, todas nuestras facultades morales no serán bastantes, si no fundimos la masa del pueblo en un todo: la composición del gobierno en un todo: y el espíritu nacional en un todo. Unidad. Unidad. Unidad, debe ser nuestra divisa” (El Libertador en Angostura, 1819. Publicaciones del Congreso de la República. Caracas, 1969).