• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

Luis González del Castillo

¿Viene una nueva Venezuela? (I)

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En un conjunto de artículos anteriores (La problemática de la vivienda, un modelo de Estado incompetente del I al IV. Web- El Nacional) me referí a causas de problemas que se han manifestado como enfermedad recurrente de nuestra economía y su grave repercusión en la vida social y política de la nación. En la próxima serie de artículos, iniciándose con este, me dispongo a plantear, como aporte para el debate, una serie de razonamientos que, luego de analizados y discutidos públicamente, arrojen un consenso básico imprescindible, clave para la transformación de Venezuela, de un país económicamente enfermo, petrolero dependiente y postrado moral y socialmente, a un país pujante, sano, que produzca soluciones para la vida.

Clave 1. La propiedad: (Moral y luces son nuestras primeras necesidades).

La propiedad por parte del Estado de los recursos del subsuelo, y partiendo de allí de un conjunto de empresas en actividades económicas diversas, no de la nación, como por parte de la sumatoria de los ciudadanos, sino de un Estado totalitario como organización político-territorial de la nación, se superpone a esta y acarrea la más grave consecuencia que quiero subrayar como clave inicial a ser resuelta: la lucha intestina por el Poder Ejecutivo del Estado, es decir, por el gobierno, que deriva en: la corrupción y la incompetencia.

Ya que en el caso venezolano el Poder Ejecutivo del Estado administra todos los recursos financieros provenientes de una riqueza que, más que producida se extrae del subsuelo y con ella se supone nos organiza a todos, se ha corroborado a lo largo de nuestra breve historia republicana una distorsión sobre quién realmente sustenta al Estado, es decir, sobre quién se fundamenta la soberanía.

A la manera del rey, el presidente, y a su vez jefe del Estado en Venezuela, tiene atribuidos discrecionalmente los mecanismos coactivos del uso de las finanzas del Estado bajo su control. Aunado a tal poder coactivo del monopolio de las finanzas, también tiene el monopolio de la violencia, que puede usar legítimamente para cumplir los fines del Estado. Hoy día, más que nunca, son  utilizados y distorsionados para cumplir los fines de quien los administra. Dichas riquezas no se consideran propiedad directa de los ciudadanos, sino del Estado. Se entiende así por tanto, en el imaginario colectivo del pueblo, que la acción y potestad de decisión sobre tales recursos es bondad del rey, que me atiende y me entrega partes de esa riqueza, ¡tal como si fueran suyas! Las administra providencialmente como gran señor y legítimo apoderado del Estado y de sus riquezas (del reino).

Ante tamaña concentración de poder, se actúa con tal irresponsabilidad a la hora de tomar decisiones sobre el destino de las propiedades del Estado, que el resultado es la pérdida del poder de balance real con el Parlamento, y no se tienen mecanismos de prevención de su mal manejo, ni se responderá a nadie de su desastrosa o errónea administración. Incluso las acciones de dolo, cuando en contra de los intereses del Estado se obtienen grandes beneficios personales, en la temporal estadía en el poder, que el administrador logra adquirir poder privado permanente para la búsqueda de sus objetivos políticos a futuro, cerrando un círculo vicioso de tales prácticas. El hacer valer la justicia sobre la administración pulcra de los bienes del Estado sirve, en muchas ocasiones, más a un objetivo político de lucha por el poder mismo que a una necesidad de preservar y optimizar el uso de los recursos del Estado.

…La clave entonces es empoderar al ciudadano dándole su condición de propietario de la riqueza que se encuentra en el subsuelo del territorio como un todo. Diferenciar la condición de jefe del Estado de la condición de jefe de gobierno, al tiempo que se le dé poder de control real mediante un parlamento muy fuerte, que legisle y controle realmente las ejecutorias de los presupuestos del jefe de gobierno, arrojará mayor eficacia al funcionamiento del país. “La contribución” que den los ciudadanos, que se deriven  desde su condición de dueños y señores de la riqueza existente en forma de minerales en el territorio, más la producida como nación en el sistema productivo liberal, que arrojen mediante un desarrollo impositivo moderno y eficaz una sociedad de propietarios y de contribuyentes ciudadanos, soberanos realmente. De este modo un mecanismo legal que cambie el paradigma de un rey-Estado-propietario que decidirá qué hacer con las propiedades de dicho Estado, se cambia por un paradigma ciudadano-propietario-soberano, quien mediante su tributación controla la prestación de los servicios que los mandatarios temporales de cada administración gubernamental realicen. Será así que el libre concurso del accionar ciudadano disponga de los instrumentos que le da la soberanía en una verdadera democracia de propietarios de la riqueza, para decidir los movimientos normativos como accionistas de tales bienes y para controlar realmente los concursos eleccionarios de la directiva gubernamental, en cada periodo gubernamental.

El sistema que propongo discutamos inicialmente para la activación de la condición de propietarios de los ciudadanos es la bonificación mediante dos instrumentos: el bono educativo y el bono vivienda y hábitat. Estos sendos bonos los explicaré en un próximo artículo.