• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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Luis González del Castillo

Por Venezuela

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La vida nos enseña de modo fáctico que cuando no actuamos a tiempo las cosas pasan a complicarse. ¡Actuar a tiempo no es actuar antes de tiempo, ni después de él! Pregúnteselo usted mismo y respondámonos todos: ¿Puede continuar Venezuela con esta indefinición en la toma de medidas políticas, económicas  y sociales, para afrontar la realidad que se nos viene encima?

En mi pasado artículo (escrito antes de la alocución presidencial de presentación de Memoria y Cuenta y difundido por web El Nacional el 24-01-2015) casi como en un acto de fe en que el presidente Nicolás Maduro podría ser asesorado y pudiera implementar la acción de política de Estado necesaria para salvar a Venezuela, escribí pidiendo se tomaran tales decisiones.

Algún momento habrá más adelante de esclarecer muchos hechos y situaciones que, seguramente con testimonios de por medio, se irán conociendo. ¡Por ahora! quiero decirles con mi propio testimonio que se hicieron durante más que meses, años, esfuerzos ciertos para que se produjera un diálogo responsable y fructífero por Venezuela. Utilizando símiles como rectificar el rumbo de la nave “antes de colisionar con el témpano”, o “corregir el vuelo hasta lograr un aterrizaje de emergencia pero lograrlo sin mayores consecuencias”. Todas las diligencias que se pudieron hacer, todos los contactos efectuados, las conversaciones nacionales e internacionales, con actores del mundo diplomático, académico, religioso, empresarial, todas; fueron para buscar cooperación, intercesión, diálogo, concientización, sugerir rectificaciones, ¡todas!

Nuevamente asumí un llamado final, del tipo: “Dios proveerá”. Pedí que Maduro hiciera un ensayo sobre su lucidez, no como para que el gobierno dictase una prohibición de que muera más gente (parafraseando al Nobel José Saramago y su ocurrencia literaria en una de sus obras). Pedí porque este agónico régimen antes de morir no nos condujese a una fratricida conmoción en su agonía. No nos han escuchado y más que derecho tenemos el deber de entender que no nos escucharán.

Más allá del insólito desempeño que volvió plomo el oro, al modo inverso del rey Midas, volvieron represión y quebraron todo lo que tocaron. Ahora nos dejan piratería, despilfarro, corrupción, deuda, en lugar de oro. Ahora pretenden utilizar el resto de activos del oro negro que nos queda para seguir manipulando al pueblo, y endeudándonos más profundizar la crisis. Ellos funcionan así, manteniéndonos en crisis. Si no, observemos el estado Vargas,  zona que ha podido ser convertida en un emporio de turismo y desarrollo después del deslave de diciembre de 199 en que se rechazó la ayuda norteamericana, quince años después la convirtieron en zona de clientelismo, sin ordenamiento urbanístico, sin un plan de desarrollo para empresas turísticas, sin claridad del moderno manejo de playas, o del tema portuario y aeroportuario, que no sea sobrevivir e importar productos. Ahora tenemos la “ayuda castrista instalada en nuestra patria”.

La cantidad que se ha fanatizado en el culto a esa irrealidad eterna, y que a unos pocos favorece o los hace sentir sobrevivientes en una suerte de Titanic en que hunden al país, mientras prometen sus salvavidas haciendo operativos de comida y ferias. En diciembre pasado, por ejemplo, era el apoteósico Festival de Caracas; hoy es la cola para recibir alimentos, pan y circo. Pero son una ínfima minoría en Venezuela. Más de 75% de los venezolanos está claro de este desastre. Esto podría aún separarse entre los abiertamente delincuentes que están raspando la olla y la clientela política aún obediente. Ya no hay más tiempo para demostrarle a una minoría de ingenuos, ni a aquellos  que por ineptitud o delincuencial comportamiento quieran seguir en lo mismo. No hay más tiempo ahora para convencerlos de que cambien. No podemos dejar que terminen de llevar a Venezuela al abismo. ¡No hay más tiempo!

¡Por Venezuela, organízate! ¡Tú estás aquí y aquí está tu país! Por cualesquiera razones tú no te has ido. Tú eres la respuesta a esta situación. Tócale la puerta a tus vecinos y reúnete con ellos. Como en toda crisis la organización básica en tu propio entorno es vital. Discute las siguientes recomendaciones, revísenlas para su implementación según la realidad del sector donde vivan: 1) Crea tu comité de crisis para no improvisar frente a la situación de abastecimiento de comida y medicinas, mientras dure esta calamidad. 2) Crea tu red solidaria de emergencia para apoyar a quien necesite de información u orientación para atender problemáticas como la salud, traslados, prevención contra la delincuencia, grupos paramilitares y Estado represor. 3) Establece, sin reparar en el tema jerárquico, áreas de responsabilidad donde prive la condición del conocimiento primero para asignar tareas: ejemplo, médicos, farmaceutas y enfermeras para el área de salud. Para el área de seguridad convoca a exfuncionarios o funcionarias que sean de probada seriedad y lealtad hacia los vecinos. Es tiempo de constituir un gran frente democrático nacional que, junto a ciudadanos de empresas independientes, sindicatos, transporte, instituciones educativas, entre muchos otros, active la protesta cívica para cambiar este desastre.

Por Venezuela, te exhortamos a participar activamente junto a todas las organizaciones de la sociedad civil e ir al encuentro de la solución democrática y constitucional, que definitivamente no será ni voluntaria ni responsablemente asumida por: Maduro, Arreaza o Cabello.