• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

¿Venezuela en desintegración?

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Dedico estas líneas, gracias a la deferencia que me permite El Nacional, al noble pueblo judío, en medio de su celebración del Yom kippur (día del perdón), así como a todos aquellos pueblos del Medio Oriente y del mundo que han sufrido, y algunos aún sufren, los embates del chovinismo, la xenofobia y la persecución religiosa.                  

Asegurar en estos momentos que Venezuela está polarizada es quizás una de esas simplificaciones que solemos hacer sobre la marcha. Así se intenta entender la situación compleja que hoy vivimos. En mi pasado artículo (“El papa en Cuba Fidel, en Venezuela”, viernes 18 sep. Opinión El Nacional) yo mismo incurrí en ello cuando me refería a la polarización y al recurso politiquero de usar los problemas limítrofes como forma de manipulación del sentimiento patriótico. Este podría ser otro de los más indeseables productos de este llamado “proceso revolucionario”. En las próximas líneas intentaré corregir tal errónea caracterización de Venezuela como país polarizado, por una caracterización que considero más certera, en una Venezuela en que crece el proceso de desintegración de los lazos de confraternidad social, indispensables para la identidad de un pueblo, y que los unifican a una sola nación.                      

En el mencionado artículo anterior establecía que: “Sobre un conjunto de principios, valores, e ideas coherentes, es como podremos encaminar nuestros pasos como nación, hacia la esperanza de un futuro mejor”. Agrego ahora, como de la mayor importancia, que el rescatar esos lazos afectivos, de la familia, de los amigos, de los vecinos, de los que compartimos nuestros pueblos, ciudades, barrios y urbanizaciones, y que se han tejido con grandes sacrificios, es imperativo. La constitución de una sola Venezuela de libertad, conciliación y paz, que con la muerte del dictador Juan Vicente Gómez inició tardíamente en 1935 el siglo XX para Venezuela, nuevamente nos convoca hoy, a todas las mujeres y a todos los hombres de buena voluntad de nuestra Venezuela.

No estamos ya como nación vacunados  de estar en peligro de grandes catástrofes históricas. Se venció nuestro periodo  y caducó tal vacuna. Así por ejemplo le sucedió al pueblo alemán después de la Primera Guerra Mundial, con el advenimiento del nazismo. Así también al pueblo ruso, que llevó con el estalinismo la opresión y el hambre a toda la llamada Unión Soviética. Menos lejos, por cultura y ancestros, de insólitos riesgos posibles, el ejemplo de la tragedia de nuestra madre patria española con su guerra civil, precisamente de aquellos tiempos (1936-1939), nos sacude y mueve a reflexión. Todo aquello, por cierto, nos trajo una nueva generación inmigrante, de mujeres y hombres, madres y padres de muchos de nosotros.

Soslayar la gravedad de lo que nos viene aconteciendo, y reducirlo por manipulación a una supuesta polarización como tema de conveniencia electoral, es de enorme irresponsabilidad. Todo ello, al pasearnos por esos tenebrosos recuerdos de las  crisis de otras naciones, en otros tiempos, aunque ejemplos muy disímiles de la historia, en sus causas y consecuencias, pero todas tragedias, nos conminan en las actuales circunstancias a que reflexionemos juntos, los que con honestidad queremos intentar un camino para salvar nuestras familias,  nuestros conciudadanos, nuestra terruño, de una posible Venezuela en desintegración.

Pensadores, intelectuales, hombres de trabajo y emprendimientos, no ¡esperemos más y unámonos contra el crimen y las mafias!, en la búsqueda de salidas para nuestra Venezuela. Desde cualesquiera visiones iniciales que tengamos, vamos a conversar para encontrar la paz. Gandhi nos lo recuerda con su célebre frase: “No hay camino a la paz, la paz es el camino”.

 

fundacionvenezuelasigloxxi@gmail.com

@gonzálezdelcas