• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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Luis González del Castillo

Variable tiempo

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Me han dicho, algunos amigos que han tenido la deferencia de leer mis artículos y comentármelos, que fui  particularmente duro en el anterior (web  El Nacional 08/01/2015, opinión Luis González del Castillo, “López x López”). La verdad es que eso que se ha llamado el estilo de escritura de cada quien es también expresión del carácter que se va formando desde un temperamento originario, es decir desde el nacimiento a través de la variable tiempo y el ambiente o entorno que nos va moldeando.

Ahora la variable tiempo nos reclama asumir, con el carácter necesario y a costa de riesgos y amenazas, el dar respuesta oportuna e inequívoca a un país que no merece más continuar en esta sinrazón de un estamento político pésimo en el gobierno y del deleznable oportunismo de una pequeña porción, dentro de la llamada oposición. Ambos pequeñísimos grupos frente al interés colectivo de la gran mayoría de venezolanas y venezolanos honestos. Esta camarilla ha actuado a sus anchas, manipulando lo que resta de instituciones construidas en solo cuatro décadas de democracia, con fallas sí, pero enfrentando grandes peligros de la subversión e incomprensión de años iniciales, creando la pacificación y la oportunidad para la alternancia y la perfectibilidad de la democracia en pluralidad.

El pretender, bajo amenazas y represión, el mantenimiento de su supuesto control sobre el país, negando el derecho a la protesta, la cual se manifiesta por la  inconformidad y amargura que han causado no fenómenos naturales, contingencias o coyunturas, sino la más abyecta corrupción, la ignorancia y la irresponsabilidad.

 “Solo una revolución puede cambiar la sociedad y sacarla de la pobreza”. Así comienza su capítulo VI  el libro: Manual del perfecto idiota latinoamericano. “Crear dos, tres, cien Vietnam”. En tales reflexiones se nos deja claro lo irreal de esas frases de otros tiempos, frases que la evolución de las realidades: y como sostienen los autores de dicho manual (Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa) “existen cosas como terremotos, cataclismos, maremotos, infartos, aneurismas, accidentes aéreos y muchas otras formas ajenas al control humano capaces de producir cambios en una sociedad”. Como vemos también una revolución puede ser una catástrofe y meter a un país en la pobreza por muchos años.

Siempre me ha llamado la atención el caso de Haití. Siendo la primera colonia en  conseguir su independencia en América y que habiendo llegado a ser para finales del siglo XVIII, quizás, la más floreciente de las colonias francesas, cómo la guerra de arrase practicada por sus dominadores frente a los deseos de libertad de sus habitantes produjo tal destrucción que conllevó en poco tiempo a una república empobrecida. Luego, dictatorialmente manejada, se empeoró su situación. Hace cinco años, un terremoto el 12 de enero de 2010 destrozó sus modestas ciudades, con más de 200.000 muertes, cientos de miles de heridos y  más de 1 millón de viviendas destruidas, lo que significó un cambio de muy mala situación hacia pésima, de su ya muy triste calidad de vida.

Reprimir más es también sembrar más dolor, que se cosechará seguramente, y en las actuales circunstancias bastante más temprano de lo que se piensa, con un estallido social mayor e indetenible. Si asumimos con verdadero coraje nuestra variable tiempo y el propósito con valor infinito de nuestras vidas, en nuestra generación, queridas madres, padres, hermanas y hermanos, primas y primos hermanos, sobrinos, nietos, los amigos, allegados, colegas, que es al fin de cuentas sumar a toda la Venezuela decente, no debemos seguir jugando a hacerla la desentendida y desatendida, por tanto debemos todos juntos asumir nuestros mejores valores y conformar de inmediato la alternativa necesaria de cambio, para salvar a Venezuela de este desastre. Llamemos con humildad a los presidentes, por ejemplo, de los países bolivarianos a que nos apoyen para encontrar un camino de gobierno de transición, un camino de gobierno de unidad nacional, un camino para salvar a Venezuela de este descalabro que sin duda fue un fenómeno predecible pero que nos ha abatido duramente, como un terremoto económico, por la pérdida de los ingresos petroleros a los que se mal acostumbró el país. Hagamos un plan de rescate de la producción en distintos rubros prioritarios dentro de nuestra región.

Por el contrario la respuesta negativa sería dejarse arropar por el miedo y así caer en la tentación de hacerse el desentendido y esperar que las cosas sucedan sin que uno intervenga y arriesgue. Casi como para ir llevado por los acontecimientos, bajo la idea falsa de la espera del momento adecuado, lo que es seguramente un triste aprendizaje de la historia (guerras y fascistas lo muestran). Pero aunque un periodo normal de gestación se calcula en nueve meses puede ocurrir, como sabemos, que el parto se adelante y haya que correr a la clínica pudiéndose producir tal alumbramiento en pleno movimiento cuando la variable tiempo del destino nos alcance.