• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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Ugalde y la esperanza militar

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Siendo hijos de esta llamada tierra mágica; o más bien, como entendí mejor después de apasionarme de las obras literarias del Gabo, hijos del realismo mágico, tenemos una característica distinta a la española, de la que recientemente leí comentar al padre Ugalde: “España, por ejemplo, siempre ha sido un país muy pesimista”…“En Venezuela, a lo mejor, por herencia española, está pasando eso”: Estamos mal porque somos caribes; somos un desastre, no me pidas orden; esto no sirve. “Eso se decía en Venezuela en los años sesenta para justificar a las dictaduras militares”: No estamos listos para vivir en democracia… (De la entrevista: “O cambia radicalmente el gobierno o será sustituido” que le fue realizada por Alonso Moleiro 16/01/2015). Como podemos recordar orgullosamente un 23 de enero, hace 57 años, Venezuela inició la demostración de que sí le es posible y solo quiere vivir en democracia.

En la primera afirmación concuerdo con el respetado padre Ugalde. Uno no sabe finalmente cuánto tiempo le cuesta superar el trauma de una guerra civil a una nación; ni tampoco sabemos a ciencia cierta si de allí le habrá quedado esa actitud pesimista al querido pueblo español. Sin embargo, desde el ostracismo, posterior a dicha guerra civil, a sus elecciones democráticas y con su nueva Constitución de 1978, España ha logrado realizar una transformadora tarea, que de modo sustancial la ha modernizado, integrándola a una Europa y a un mundo globalizado cada vez más competitivos y desafiantes, con grandes avances.

En nuestro caso venezolano, más que saber intuyo, sería el sincretismo resultante del aporte autóctono aborigen más el africano, durante ya más de quinientos años de cocción tropical, que junto a nuestros antepasados españoles nos deben haber dado una actitud distinta que, como señalo al comienzo de este artículo, más se parece al realismo mágico de un nuevo tipo de optimismo, un tanto más virgen, salvaje o ingenuo, pero optimismo al fin. De allí que surgen resultados hasta graciosos en esas encuestas que hablan de los países más felices del mundo, donde los latinoamericanos salimos sobresalientes. Esa actitud nos lleva a la gloriosa esperanza en la intervención del héroe militar, hecho ícono en nuestro Libertador Bolívar, para que intervenga y resuelva cuanto entuerto se nos presente en la vida de la nación. En Venezuela creíamos ya superado este fenómeno hasta principios de los noventa. Algunos de nuestros presidentes estrellas, como el ecuatoriano Correa, cuyo susto también se lo llevó en su primer periodo, opinando sobre la actualidad venezolana recuerda la experiencia chilena de 1973, cosa ajena afortunadamente a ese país hermano hoy día. Pero Correa no quiere recordar, sin embargo, cómo recomenzó, para Venezuela, este virus militarista con el golpismo chavista de 1992.

Nuestra realidad venezolana, como lo clarifica el padre Ugalde en dicha entrevista, y muy bien lo expresó también recientemente el general Raúl Salazar Montenegro, requiere una coalición nacional que permita la superación de esta debacle nacional que nos lleva al abismo. Puedo confiar a mis lectores, y recordarles a mis compañeros de otros estudios, oficiales que desde hace mucho tiempo he tenido la oportunidad de conocer, por ser privilegiado del azar o quizás por ese nuestro realismo mágico, en distintas circunstancias y en sus distintos componentes, a destacados miembros de nuestra Fuerza Armada Nacional, y sé que tales oficiales, de una u otra forma fueron involucrados en esos acontecimientos derivados del reactivado golpismo por parte de Chávez.  Esa realmente no era desde entonces, ni será la forma en el futuro, como se producirán los cambios progresistas requeridos en nuestra Venezuela. Por ello es no solo clara e inequívoca la salida constitucional a esta situación, sino inevitable.

Como alguna vez lo comenté, doy testimonio de haber estado entre Caracas y el Circulo Militar de Maracay, donde me alojaba a principios de esos años noventa, mientras cursaba estudios de ciencia política en la Universidad Simón Bolívar, era  ingeniero asesor de una comisión de la Cámara de Diputados y a la vez fui comisionado del gobernador Tablante para resolución de problemáticas como el del agua. Tales circunstancias me dieron esa oportunidad privilegiada a que me refiero, además de otras de tipo más privadas, de estar muy cerca de todos los acontecimientos y sus protagonistas, hasta aquel momento que, sin saberlo, fui sorprendido, como casi toda Venezuela, por aquella intentona militar fracasada. Acá nuevamente coincido con palabras del padre Ugalde: “La intervención de los militares en este tipo de crisis jamás se anuncia previamente en cartelera”.

Ahora siendo directos, ¿es que acaso no está claro que nos llegó la hora de rectificar? ¿Qué cree usted, presidente Maduro? ¿No es evidente que esta situación ya es insostenible? Y es que precisamente son los militares los que están llevando el peso de un modelo desacreditado y fracasado que se les ha impuesto. Con musiquita, golosinas y lo demás claro, pero vistas también la obediencia y lealtad como méritos organizacionales que le fueron exigibles. ¿Deben continuar los oficiales llevando esa pesada carga frente a sus compatriotas y frente al mundo? Mundo que no quiere aceptar la intervención militar mediante típicos golpes de Estado para continuar con círculos viciosos de inestabilidad, con cada recomienzo de un nuevo esfuerzo democrático. Tampoco quiere Venezuela que, ahora cuando sufre de todos los males cosechados después de este ensayo de socialismo del siglo XXI, sigamos permitiendo que la destrucción de nuestra economía avance, haciéndonos más dependientes y alejándonos de la recuperación que es imprescindible comenzar de inmediato.

Entonces ¿qué hacemos? Rectificar presidente. Rectificar. ¡Que no hay otra salida que no sea rectificar! No confundamos el método con el fin. El llamado diálogo es el método civilizado, sin realismo mágico, ni amenazas de golpe del estilo Bu… bú. Se produce el diálogo para que haya rectificación. Se produce el diálogo para que haya coalición y rectifiquemos rumbo. Usted y  Cilia fueron parlamentarios y saben que allí más bien se les ha obstruido la comunicación. El modo de designación de los poderes públicos lo demostró. Sea usted comandante en jefe y quite a la Fuerza Armada ese chantaje de confrontación de capitalistas contra socialistas, ¡venezolanos somos todos! Recupere la confianza de los venezolanos. Tome medidas valientes: libere los presos de conciencia y anuncie la amnistía general para iniciar un diálogo hacia un gobierno de coalición nacional. Hágalo usted, Nicolás Maduro, ¡presida! Cuando escribo estas líneas no ha dado usted su mensaje de rendición de cuentas a la nación. Ojalá no sea demasiado tarde para que asume la rectificación. Creo en verdad en esa afirmación ugaldiana: “O cambia radicalmente el gobierno o será sustituido”. Es que no hay manera de no hacer lo que es imprescindible, vital y seguir. Así de sencillo, como a usted le gusta concluir sus palabras. Yo las concluyo diciéndole: ¡la mayoría de los venezolanos de buena voluntad estamos dispuestos!