• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

¡Solo el amor!

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Los seres humanos tenemos la propiedad única, dentro del denominado reino animal, de reflexionar sobre el pasado, vivir racionalmente el presente y prever nuestros posibles pasos para atender acontecimientos que esperamos se produzcan. Precisamente del aprendizaje de experiencias, errores cometidos, en lo que alguna vez fue el presente de otros o el nuestro propio, o también de aciertos y métodos de logros que deseamos repetir, gracias al conocimiento adquirido, se pueden alcanzar niveles adecuados de calidad de vida, desde satisfactorios hasta de suma felicidad.

Lo que fueron discusiones y conjeturas sobre la realidad venezolana, lo que una vez fue presunción o duda internacional, lo que tal vez pudo causar confusión en seres bien intencionados, hoy ha quedado muy claro: Venezuela, su territorio y sus riquezas materiales en minas e hidrocarburos, ha sido, lo es en este tiempo, y lo continuará siendo en los días por venir, objeto de saqueo de sus riquezas por parte de camarillas gobernantes. Estas actúan en complicidad con otras camarillas internacionales

De no producirse una contundente decisión de cambio, verdaderamente democrática y popular, que desaloje del poder a los corruptos, a esos que inicialmente se presentaron como salvadores de su pueblo, y que nos han traicionado tornándose en complicadas redes mafiosas cuya principal preocupación es controlar el poder, Venezuela profundizará su crisis, hasta pasar definitivamente de una nación libre que una vez fuimos, a solo un país minero bajo negociación y pugnas internacionales. Dichas redes mafiosas quieren continuar usando el territorio, las fuerzas armadas y a cada vez menos pueblo, al que con dádivas han corrompido, y/o que aun por varias vías aún logran engañar, para seguir traficando drogas, haciendo contrabando de extracción, negociando el petróleo, oro, y demás recursos. Estos deberían pertenecer a toda nuestra nación, y deben ser rescatados para ser bien administrados para nuestro progreso y el de nuestras generaciones futuras.

Ahora bien, surge la pregunta: ¿cómo producir este cambio? De allí la respuesta sencilla pero tremendamente poderosa. Existen en la sabiduría popular dos frases con las que nos podemos responder: 1) Una que afirma que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, con la cual deberíamos concluir que si seguimos haciendo lo mismo, o comportándonos frente a nuestros problemas de similar manera, seguramente, obtendremos los mismos resultados. ¡El país tiene que cambiar! Cambiar de gobierno, pero más allá tiene que cambiar de modelo, cambiar de estrategia ¡cambiar de paradigma! 2) Otra frase, creo que más contundente aún, reza: “De todo hay en la viña del señor”; con la cual debemos comprender que entre los varios grupos en pugna por el poder (entre chavistas y opositores) existieron, y aún existen, gente con buenas intenciones, y otras con muy malas, que distinguir, para convencer, entusiasmar, reclutar o agrupar, para compartir el proceso de cambios indispensables a realizar. ¡Solo el amor es la respuesta! Solo el auténtico amor por nuestra población, por nuestro territorio, sus niños, sus mujeres, sus ancianos, sus valles y montañas, sus ríos, lagos y mares. Su flora tan bella y su fauna increíble.

Cuando escribo este articulo ha acontecido la más dura demostración de cómo vamos perdiendo a esa Venezuela posible que tantos buenos venezolanos soñaron, y aún sueñan. Por una piedra preciosa llamada oro se asesinan seres humanos, se devasta nuestra naturaleza, asesinándola también. Por el control del poder mueren cientos de pacientes en Venezuela por no conseguir a tiempo medicamentos específicos y adecuado tratamiento a sus enfermedades. Por no actuar con el amor, y  con el compromiso necesario, Venezuela se nos muere un poco cada día, frente a nuestra estática mirada.

Pasemos de esa estática mirada con un venezolano que puede y debe servirnos de ejemplo: pasemos de mirada a ¡Miranda! Ese venezolano que hace más de 210  años ya soñaba con la libertad de nuestra América hispana: Sebastián  Francisco de Miranda. Ese, nuestro verdadero primer ciudadano del mundo que dejando su tranquilidad, con la suma de todo el amor que había en él por la humanidad, por la libertad y por el progreso, regresó a Venezuela ondeando su bandera de libertad, que hasta nuestros días reconocemos todos como nuestro tricolor patrio. Abracemos ese tricolor como símbolo de cambio,  reconozcamos en cada venezolano de bien a nuestro hermano, y salgamos en paz a la calle a exigir ese cambio que Venezuela desesperadamente grita: ¡Solo por amor!