• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

Parlamento, corrupción y familia

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Dedico el presente artículo, gracias a la deferencia que me permite El Nacional, a las primeras damas que tuvo Venezuela durante el periodo 1958-1998; también a todas las valientes mujeres venezolanas que son padre y madre a la vez, en una Venezuela que se fue acostumbrando cada vez más al abandono.

¡Dicen que detrás de cada gran hombre siempre hay una gran mujer! Hoy, afirmo que esto no solo es cierto sino la máxima más contundente  de la sabiduría humana, y me refiero ahora no solo a la compañera esposa, a la hermana, a la hija, sino especialmente a la madre. “Hasta el propio Dios se dio una”, según decía mi padre para exaltar su valor infinito, la madre es sin duda, sea de vientre o por crianza, la última esperanza de salvación de la especie humana frente a la demencial amenaza del terrorismo y su odio, que algunos hombres practican y promueven con sus acciones.

Asuntos que no parecen inicialmente de seguridad de Estado, lo son en realidad, y de suma gravedad, hasta el desbordamiento en que se encuentran actualmente. Tanto que ellos están afectando a la sociedad mundial en su conjunto y tienen en Venezuela su triste expresión de disolución del vínculo familiar, social y de fraternidad nacional. La corrupción administrativa de cada vez más  funcionarios públicos, el narcotráfico, el tráfico humano y el terrorismo mundial, terminan siendo problemas originados en la distorsión familiar. Las guerras, con las incontroladas migraciones que provoca, antes represadas parcialmente por órdenes despóticos en varias zonas del planeta, como las del Medio Oriente y África por ejemplo, son consecuencia manifiesta, según la tesis del profesor Samuel Huntington, del “choque de civilizaciones”. En mi opinión, la mujer y la unión en valores familiares de amor y confraternidad es la respuesta que tendrá que dar la sociedad al problema, como método civilizatorio de un nuevo mundo para el amor y para la paz.

Nuestro país, otrora zona de paz, al tiempo que se sucedían guerras como la Guerra Civil de España (1936-1939), y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), alcanzaba durante el periodo democrático 1958-1998, la convergencia de miles de madres sembradoras de vida y  esperanza en nuestro territorio, creando así una sociedad tolerante, multirreligiosa y plural en general, realmente esperanzadora: madres sirias, libanesas, israelíes, y de muchas otras partes de Europa y Asia. Mientras tanto, desde Sur y Centroamérica, y en pos de una nueva esperanza de armonía y búsqueda de un mundo mejor, cientos de miles de colombianos, y de otras procedencias, escaparon del horror de guerras entre hermanos que, enrolados por un modo de pensamiento confrontacional, de lucha de clases y/o dictaduras, les entramparon en la guerra de guerrillas, el narcotráfico y/o el paramilitarismo, bajo métodos terroristas, de los cuales Venezuela tuvo sus sucesos trágicos de matanzas como las de Cararabo. Nuestra Venezuela, que inició esa era de construcción democrática fue lamentablemente perdiéndose poco a poco en la corrupción y en el centralismo, para aprovechamiento del botín electoral, y así también poco a poco fue siendo atrapada por el odio y los resentimientos sociales.            

Sin embargo, la sensibilidad social de las mujeres, madres de los dirigentes políticos, o esposas de presidentes o dirigentes importantes, se puso siempre de manifiesto para exigir respeto y asistencia a las familias venezolanas en problemas. Ellas dieron su esfuerzo para procurar atención a los más necesitados. Recuerdo aún, como si fuera ayer, a doña Menca de Leoni inaugurando el comedor escolar de mi “Escuela Normal Gran Colombia”, donde cursé, desde mi niñez y hasta la adolescencia, todo el recorrido de kinder hasta el grado de bachiller. Recuerdo a doña Blanca de Pérez, trabajando afanosamente por crear los hogares de cuidado diario, para que las madres trabajadoras pudieran ganar el sustento para alimentar a sus hijos. Recuerdo a Alicia Pietri de Caldera trabajando para aumentar los niveles de educación y cultura de los niños venezolanos, con programas vacacionales culturales y el Museo de los Niños, entre otros.

La realidad de corrupción en la política latinoamericana, y mundial, es dolorosamente preocupante. Los líderes del mundo no parecen percibir que es una crisis de valores y de familia la que nos está devorando. La actual primera dama de Venezuela, por ejemplo, sufre en carne propia el demoledor embate de los desafueros de ambición material, según presunta conspiración de sus hijos de crianza en un escandaloso caso de narcotráfico; asunto que lamento profundamente como padre venezolano que soy. Se habla soterradamente de hijos de dirigentes políticos de oposición en casos de complicidad en negociados “por debajo de la mesa” con el gobierno actual, para obtener prebendas y riqueza fácil; mientras jóvenes venezolanos permanecen encarcelados por protestar. La presidente de Chile sufre hoy una situación de investigación sobre un caso de presunta corrupción en el que se acusa a su hijo de estar involucrado. Ex presidentes como los de Panamá y Honduras reciben también muy serias acusaciones de corrupción.

Hoy creo que debemos recomponer la frase y decir: “Detrás de cada gran mujer hay un gran hombre” y esforzarnos todos los hombres venezolanos: civiles y militares, esposos, padres, hermanos, hijos, por estar a la altura del reto de estar detrás de nuestras mujeres y de nuestras familias, para salvar a Venezuela. Hoy creo que es la hora de las grandes mujeres, y con ellas me comprometo como candidato por el Distrito Capital junto a mi compañera de fórmula al parlamento: Berenice Gómez, “la Bicha”. También estoy comprometido con mujeres como María Corina Machado a la que este gobierno le cercenó su derecho de postularse. Con Sairam Rivas, encarcelada por varios meses y aún procesada, candidata por el circuito 4 de Guarenas-Guatire en la tarjeta de Electores Libres. Con Lilian Tintori, cuyo coraje e integridad de esposa nos enorgullece como venezolanos al verla luchar junto a Leopoldo López por la libertad, la reconciliación y la paz de toda Venezuela.