• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

Nicolás, el colombiano

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Este artículo lo dedico, gracias a la deferencia que me permite El Nacional, a las nuevas generaciones de venezolanas y venezolanos que, más que anhelar la posibilidad de vivir sus vidas en este lugar del planeta, luchan con honestidad, desde cada una de sus posiciones ideológicas y desde cualquier parte del mundo, por crear una sociedad más justa, próspera y solidaria.

Mucho se rumoró que el presidente Nicolás Maduro era nacido en Colombia. Estúpidos aquellos que mediante rumores han pretendido enfrentar un rival político que, formado desde muy joven en las filas de la izquierda estalinista venezolana, se asume así mismo como hijo político del barinés Hugo Chávez Frías.

Las tesis sobre las cuales se intenta descalificar o exaltar la figura de un hombre referidas a criterios como su lugar de nacimiento, o sobre quién fue su papá o su mamá, son sencillamente mediocres. Así sucedió, por ejemplo, en el caso del presidente Barack Obama, a quien no pudieron derrotar con tales rumores en su camino a la Casa Blanca. Hoy es no solo presidente de Estados Unidos, sino reconocido líder mundial. Otra manipulación del tema migratorio y racial por aquellas tierras, esta vez del tal Donald Trump, quién sabe si por ignorante o por un plan con los propios Bush, más bien podría finalmente favorecer a Jeb Bush, el cual casado con una hermosa mujer de origen mexicano, y quien por cierto habla fluidamente el español, aprovecharía tal necedad para acercarse a la clave primera minoría que constituye hoy la inmigración latina en Estados Unidos.

El nuevo mundo de la sociedad del conocimiento vive en una revolución cibernética que lo ha acercado a compartir, con velocidades de instantaneidad, los sucesos e informaciones de lo que acontece en cualquier lugar del planeta. Lloramos con la gráfica del naufragio donde el cadáver de un pequeño niño sirio yace  en una playa de Europa, o la de un niño venezolano de solo 11 años que es ultimado por ser testigo de otro asesinato, en la carretera vieja de la Caracas-La Guaira. El mundo presente, e inexorablemente mucho más el del futuro, exige el desempeño basado en valores universales a los que los políticos, siendo genuinos representantes de la sociedad de una nación específica de la cual emanan, deben no solo respetar, sino ejercer militantemente y promoverlos como máximo compromiso con los derechos humanos: la vida, la democracia, la solidaridad entre los pueblos y la solución pacífica de  controversias y diferendos. ¿Cuántos cubanos tuvieron que sufrir la muerte de sus hijos en una balsa al intentar escapar hacia la libertad? ¡Cuántos años tuvieron que pasar para iniciar la rectificación y normalización de relaciones Estados Unidos-Cuba!

Ahora resulta que es ese Nicolás, al que “acusaban de colombiano”, quien aplica un torniquete a la sangría del contrabando con la que las mafias, que ni tienen patria, ni creen en el internacionalismo ni en la solidaridad, sino en su bolsillo, dañan nuestras naciones. Por ello elevo mi voz para exigirle a él y al presidente colombiano, Juan Manuel Santos, a que se dejen de vainas y comiencen a trabajar juntos, a pesar de sus diferencias, para enfrentar dichas mafias. Debemos resarcir a nuestros ciudadanos colombianos y venezolanos que conviven en nuestra frontera, venciendo el descuido y los males acumulados de tantos años en esa región. Deben establecerse grupos de trabajo permanente para diseñar y aplicar programas de políticas públicas conjuntas que favorezcan la seguridad, el crecimiento y desarrollo económico social de toda esa franja, que debe ser de integración.

Más de una vez he insistido en recordar que Bolívar en su última proclama nos dijo “colombianos”, refiriéndose a todos nosotros como una sola nación (que habitaba los territorios de la Nueva Granada, Panamá incluida, Venezuela y Ecuador). El respeto a los derechos humanos no tiene fronteras. Ustedes, presidentes Santos y Maduro, tienen la máxima responsabilidad de trabajar unidos para dejar atrás definitivamente el pasado de la politiquería y la xenofobia. ¡Aprovechemos y asumamos esta crisis como una oportunidad de relanzar nuestra verdadera integración, en medio del importantísimo proceso de paz que se adelanta en Colombia! ¡Hagamos una integración ambiciosa, moderna, a la altura de estos tiempos! Logremos el nivel de calidad de vida y la grandeza que nuestros pueblos –los mismos que juntos traspasaron fronteras para liberar medio continente– merecen. Nuestros humildes servicios personales y desde nuestra Fundación Venezuela Siglo XXI están a la orden para coadyuvar en tal propósito.

Concluyo diciendo a todos los que se atrevan siquiera a insinuar confrontaciones entre nuestros pueblos que, unido a la memoria infinita del Libertador Simón Bolívar, ¡me declaro también colombiano!

 

fundacionvenezuelasigloxxi gmail.com