• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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¡María Esperanza!

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Gracias a la deferencia que me permite El Nacional, dedico este artículo a la memoria de María Esperanza de Bianchini (sierva de Dios: 22/11/1928-07/08/2004). Ella, amando en forma directa a todo nuestro pueblo y a la humanidad en general, nos legó su testimonio de obra cristiana y una hermosa familia venezolana, junto a su inseparable Geo. Hoy, vive espiritualmente entre nosotros a través de todas sus enseñanzas, de la Fundación Betania, y de su coral, que este año celebran aniversarios 37 y 35, respectivamente.

¡María, María, María! Símbolo de vida. De nacimiento y renacimiento. Madre del señor Jesucristo. “Bendito es el fruto de tu vientre: Jesús”. Nuestro pueblo venezolano anhela la verdad, tanto como la justicia y la paz.

Tuve el privilegio de conocer de niño, gracias a mis padres, a la señora María Esperanza. Ya de adulto, en medio del dolor y de la incertidumbre que atravesé a plena caminata, causado por la violencia del secuestro de un familiar amado, acudí al reencuentro con las bases de eso que afianza en nuestras vidas una razón más allá de la pura razón humana: la fe. Ante todo tipo de manifestaciones delictivas que padecemos hoy los venezolanos, las que se van agudizando cada día más, asfixiando nuestro país, y haciéndolo rehén de mafias incontroladas por el Estado, y que, peor aún, algunas actúan desde el Estado mismo; solo la fe en el porvenir, solo el reencuentro con la esperanza de una Venezuela decente, para todas nuestras familias, y los hijos de nuestros hijos nos puede, y de hecho da fuerzas, para motivar al cambio.

Se nos anuncia, y se muestra en cadena nacional, un acto de conformación de la “Comisión por la Verdad y la Justicia”. Al acto invitaron a diversas personalidades, entre las que destacó el secretario general de Unasur Ernesto Samper, como sabemos, ex presidente colombiano, quien tiene harta experiencia en esto de las situaciones de violencia, secuestros, narcotráfico, extorsiones, asesinatos y desaparecidos. La alternativa democrática venezolana decidió no asistir. Ante una agenda preconcebida y sesgada, mediante la misma fórmula de repetición de búsqueda de un efecto mediático, y no de una real comisión de trabajo de soluciones, de alternativa pacífica y democrático-constitucional, el otro actor relevante y legitimado en unas recientes elecciones parlamentarias es soslayado. Se pretende justificar, apenas con una mueca de invitación, lo que es un deber de Estado de trabajar por la unión de todos los venezolanos y de aceptar la voluntad popular y actuar en consecuencia. ¡Es hora, repito, del 19 de abril! Veámonos en este ejemplo histórico, para consultar al pueblo y acatar su voluntad democrática.

Si por el contrario, en lugar de amenazas y manipulaciones, se actuase con responsabilidad política para convocarnos y evitar una tragedia aún mayor a nuestro pueblo venezolano, muchas mujeres y hombres de buena voluntad, llevados del ejemplo de María Betania, Madre reconciliadora de todos los pueblos, nos sumaríamos de inmediato a un esfuerzo sincero por la esperanza de esa tierra prometida “de derecho y de justicia” que se promulgó hace dieciséis años, el 24 de marzo de 2000.  Seguramente recomenzando una siembra de niños sanos y felices tendremos la cosecha de seguridad, paz y progreso que anhelamos.