• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

Llegó la hora del 19 de abril

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Sabían. Seguramente lo sabían. ¡Había llegado la hora! Tal vez eran unos pocos dirigentes los que lo asumirían. Quizás porque no todos lo comprenderían a cabalidad. Quizás porque solo algunos podrían realmente intuirlo. O pudo ser también que el natural miedo humano tendiese a inmovilizar una parte de la dirigencia de ese entonces. Sin embargo, había llegado la hora de aquel abril de anunciación, hace más de doscientos años; como ha llegado nuevamente hoy para la Venezuela de nuestro tiempo.

La historia, gran maestra de la grandeza humana, nos recuerda que, ante las tinieblas de la incertidumbre, se imponen la fe y el coraje para avanzar hacia la luz de la libertad. “Vacilar es perdernos”, gritaría luego, en julio del año siguiente a aquel 19 de abril glorioso, el impetuoso joven caraqueño llamado Bolívar. Eso debería ser suficiente para habernos enseñado hoy cómo nuestros antepasados manejaron, con grandeza, la transición maravillosa que nos hizo pasar de la esclavitud colonial a la independencia.

En estos días de un nuevo abril de anunciación, con un Parlamento venezolano de amplísima mayoría democrática frente a la comunista; que se reúne, debate y aprueba leyes que no se cumplen, a causa de una suerte de Emparan impuesto por la corona castrista que emana del secuestrador Fidel Castro Ruz y su sucesor monárquico Raúl Castro, es preciso consultar nuevamente a la nación. De viva voz y en plenas calles de toda la geografía nacional, consultemos al pueblo si quiere seguir bajo el mando oprobioso de un usurpador de su poder democrático.

Bajo la complaciente actitud, cual súbditos, esa reducida cúpula podrida, del mal llamado alto mando de las Fuerzas Armadas de Venezuela, indignas del legado de Sebastián Francisco de Miranda y de Bolívar, se ultraja la soberanía nacional apuntalando al régimen castrista con otra dádiva de más de 1.500 millones de dólares, que anuncia el usurpador dará en “convenio” para dizque traer medicinas cubanas a Venezuela. Mientras tanto, nuestro pueblo muere por carencia de medicamentos y asistencia médica adecuados, que el reducto comunista en la Asamblea Nacional niega. ¡Claro! porque con sus bolsillos llenos por la corrupción y con sus influencias, pueden buscar soluciones, hasta en el “imperio” si así les hace falta.

Hoy, ya no hay más nada que aclarar. El pueblo está claro y exige la renuncia del usurpador del poder democrático del pueblo. En los próximos días, la exigencia de que se cumplan las leyes emanadas de la voluntad popular que eligió democráticamente su Asamblea Nacional, solo se acatará, como hace doscientos años, porque el bravo pueblo venezolano, junto con la dirigencia democrática y patriótica, cívica y militar, que así lo entiende, lo intuye y lo sienta, se lanzará a las calles, para también lanzar el yugo que lo oprime, y entonar un canto de libertad, reconciliación y paz, ¡como lo exige la hora que llegó!, ahora, para la Venezuela del siglo XXI.