• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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¿Justicia en Venezuela?

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“Dice o Lustitia”, según sea el origen griego o romano como símbolo que conocemos de la justicia, es la dama con los ojos vendados; una balanza en su mano derecha y una espada en su izquierda. En nuestro caso, y por muchos años, ¡quién sabe cuántos!, la dama será símbolo de injusticia hacia lo más importante de una nación: su juventud.

No quiero expresarme en estos momentos en términos jurídicos, pues no soy experto en tal tema, pero en términos ciudadanos repudio esa sentencia que acaba de ser dictada por la jueza Susana Barreiros para condenar a unos jóvenes venezolanos; Christian Holdack a diez años y Ángel González y Damián García a cuatro años y medio; sometiéndolos a un régimen de presentación semanal de amedrentamiento y riesgo al imponerles ir al centro de una Caracas tomada por grupos de odio y de revanchas. Condena así también al joven padre que es Leopoldo López, a sus dos pequeños hijos y a su esposa a sufrir prisión por trece años, nueve meses, siete días y doce horas, solo por ser un dirigente que lucha por la democracia.

Deseo dirigirme hoy a toda la familia venezolana para asegurarles que no debemos perder la fe y la fuerza de nuestras convicciones. Este pueblo venezolano, noble en su gran mayoría, observa. No con unos ojos pintados en paredes sino con ojos de luz y de verdad. Frente a toda la humillación que este régimen corrupto y sus adláteres pretenden propinarle a nuestra sociedad, para atemorizar a nuestro pueblo que, sin embargo y sin duda, actuará apropiadamente. Esta clase de seres que se muestran envalentonados y agresivos en los tumultos, como dice Bolívar en su Carta de Jamaica, por cierto, son solo minorías que quieren mantener el odio como consigna y seguir engañando a los humildes en la causa de sus males y sus resentimientos. La verdad es que esos políticos de la izquierda estalinista venezolana, que aún forzosamente respiran, cuando ordenan sentencias y manipulan la justicia, por dentro están muertos de miedo. Se acobardan cuando solo están rodeados de sí mismos, y en su soledad frente al espejo ven cómo aparece, cual novela de Oscar Wilde, el retrato viviente de un alma putrefacta. ¡Cobardes, solo cobardes!

Trece años, nueve meses, siete días y doce horas, serán en algún momento del mes de junio del año 2029 motivo de mi recordación de hoy, cuando estos hayan pasado y se haya cumplido la primera etapa de la misión de reconstrucción que en breve iniciará, sin duda alguna, nuestra patria venezolana. Entonces, pediré a todos una oración para recordar con misericordia, y solo por un instante, los nombres de tales almas putrefactas, que apenas olvidadas por la alegría y las sonrisas de la infancia en esa nueva Venezuela que viene de crecimiento y prosperidad, no dejaremos nunca que se olviden las causas y efectos de la Venezuela de hoy, esta llena de odios y revanchas que existe. Esa es nuestra promesa cierta: ¡No volverá!...