• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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Luis González del Castillo

Consejo Nacional Electoral

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Ante la gravedad de los tiempos que ha estado viviendo Venezuela, no dudé antes, ni dudo ahora, en colocar mis intereses personales a un lado y ofrecer mis modestos servicios a la causa de la reconstrucción de la república y de sus instituciones. Voy al grano, sin arrogancia ni pretensiones mesiánicas, como uno más de los hombres honrados que sé existen en esta la patria de Bolívar: exhorto a que la comisión en ejercicio para la selección, entre las candidatas y candidatos postulados para ser rectores del CNE, anteponga los intereses de la patria primero y los manifieste junto con sus recomendaciones a la Asamblea Nacional. Sin ánimo de escándalo ni de silencio cómplice, que cumpla de viva voz su mandato ante el país, afianzando posibilidades de prístina selección para que la Asamblea cumpla su deber. Paso a expresar a pluma limpia, y a pleno sol de libre tinta, comprometida  con la causa democrática, lo que me permitirá el siguiente artículo, gracias a parte de la prensa libre que aún tenemos, representada en este caso por El Nacional.

Muchos han sido los factores distorsionantes del verdadero anhelo de libertad, justicia e igualdad, ante leyes y tendencias autocráticas, que cada vez más se van asentando como si ya fuera un hecho aceptado por las grandes mayorías de venezolanas y venezolanos.

La democracia, como valor fundamental que se ha universalizado a partir del siglo XX, tal como lo hemos subrayado en artículo anterior bajo vocerías de: nuestro fallecido historiador venezolano Phd. Universidad de Londres Manuel Caballero, y del premio Nobel de Economía 1998 de origen bengalí Amartya Sen. Ese valor fundamental universalizado no podemos dejar se pierda definitivamente en esta etapa de Venezuela por errores de la dirección política que antes también se fue perdiendo,  entre corruptelas y desvaríos, de la democracia naciente de mediados de dicho siglo XX.

La designación que debe hacer la existente Asamblea Nacional de los “tres nuevos rectores” es el punto de inflexión en el cambio de la tendencia, en caída libre, de la credibilidad en las reglas del  juego, “que deberá respetar y hacer respetar” el crucial equipo que resultare en este poder del Estado: el Consejo Nacional Electoral.

Los venideros comicios parlamentarios, en el momento que corresponden, sin adelantos ni retrasos acomodados a conveniencia gubernamental, deben anunciar una conducta ejemplar. Conducta conveniente a la revolución y al progresismo. Conveniente al chavismo y al caprilismo. Conveniente a todos los ismos realmente democráticos y mucho más y en una palabra: a toda Venezuela.

Esas elecciones parlamentarias son vitales. Son elecciones del mayor poder institucional democrático escogido directamente por el pueblo. Poder Legislativo llamado por definición a rescatar el diálogo democrático y el esfuerzo básico común, para marcar el rumbo de toda la nación, atendiendo sus muy importantes y muy urgentes problemas, dentro de una república realmente libre e independiente.

La idea de imposición de acuerdos a espaldas del país, por parte de intereses partidistas de una fracción de la oposición, en conjunción con sectores oficialistas, para designar en el organismo electoral ese tipo de personajes que apliquen el célebre dicho francés “laissez faire laissez passer”, “dejen  hacer dejen pasar”, o dicho en criollo de la cuarta a la quinta república que dejen pasar “más de lo mismo” con lo cual ni revolución ni democracia sino pillaje electoral puro y duro prevalecerá.

La designación sin atender al reclamo popular por mayor transparencia en el uso de recursos públicos en campañas oficialistas de propaganda, o el aceptar que repitan las actuales rectoras solo para complacer la estrategia gubernamental de servir la mesa para continuar con un atropello anticipado y pronosticando nuevamente el uso de los recursos públicos para imponer una verdad electoral inexistente es perder por anticipado las elecciones y, más grave aún, la democracia. Frente a un país que reclama respuestas de sus poderes democráticos, en este caso entiéndase en primer término la comisión de selección de postulados y luego el Parlamento, para poder cumplir luego a cabalidad con la primera premisa de ese valor universal de la democracia: una elección justa de cara a la igualdad del voto ciudadano, ustedes señores tienen la palabra.