• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

Conductor de Estado y Constitución

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Con la deferencia que me permite El Nacional, dedico este artículo a la memoria de mi padre Néstor González del Castillo Heinemann, a quien el próximo lunes 23 le ofrendaremos misa (6:00 pm iglesia de Cumbres de Curumo), por el vigésimo aniversario de la partida de su ¡alma libre!

Observando la ya trágica situación que padecemos en Venezuela, me vino a la mente una de esas formidables conversaciones con las que nuestro padre solía explicarnos la importancia de las cosas. Recordé aquella con la que nos destacó que cada persona, con su trabajo responsable, contribuía al buen funcionamiento de la vida en una sociedad: “Cuando van ustedes en el transporte escolar, por ejemplo, la persona más importante para mí es ese señor chofer que los lleva hasta el colegio. Más importante es él en ese momento que el presidente de la república o que cualquier otro, pues está en sus manos los más amado para mí en la vida, que son ustedes, mis hijos, y por supuesto también sus compañeros, que son igualmente hijos de otros padres que también los aman”.

Dentro del agravamiento de las condiciones de precariedad de vida en Venezuela, ocasionado por el rumbo que ha decidido tomar el propio gobierno, entramos ya en la fase final de una crisis de colapso. Mientras tanto, todavía algunos irresponsables, que hasta ahora han simulado ayudar a conducir el volante del Estado, se niegan a aceptar la realidad de una colisión inminente. Solo bajo una reflexión profunda asistida por la intercesión de una autoridad moral como la representada por el papa Francisco y su enviado, frente a las ya escalofriantes cifras de muertes por asesinatos, a las que se  suman aquellas por todo tipos de carencias en atención médica apropiada, y el hambre que hace estrago en los estómagos de los más desposeídos, tendría posibilidad de hacer aceptar una salida negociada (como dar curso al mismo referéndum revocatorio) para poner un coto a tanta locura. Solo haciendo un alto y sometiéndose a la Constitución para escuchar la voz del pueblo, el gobierno podría intentar parar el estallido de la presión social, que sin válvula de escape o canalización alguna que reoriente de inmediato el actual rumbo, irá indefectiblemente hacia al estruendoso choque.

Resultan así muy irresponsables las palabras del vicepresidente Aristóbulo Istúriz, cuando afirma con cinismo, ante uno de esos auditorios que constantemente montan como escenarios para difusión de tan mala propaganda: “Es que ganó Nicolás las elecciones y el que no le guste se lo tiene que calar”, y razona: “Porque si fuera un hijo de papá o gana o gana”. Con alegato tan contradictorio desconoce precisamente el artículo 70 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que pretende darnos a todos los mismos derechos de participación y protagonismo. “Artículo 70: Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas cuyas decisiones serán de carácter vinculante, ente otros…”. Por eso afirmábamos en uno de nuestros artículos pasados, y sostenemos firmemente aún, que había llegado la hora del 19 de abril como ejemplo histórico de una consulta abierta al pueblo, sobre si quiere que Nicolás lo siga gobernando o no.

Pretender aplicar una política de miedo y  represión incontrolada es echarle mas leña al fuego. Será responsabilidad de aquellos que, como en el caso del diputado Cabello, estén pública y notoriamente apelando al uso de la Fuerza Armada Nacional (caso del programa televisivo en el que hace gala de oficiales aplaudiendo sus aseveraciones cargadas de parcialidad política) los que tendrán que responder, más temprano que tarde, ante los organismos de justicia nacional, cuando esta se restablezca cabalmente, e internacionales, por lamentables consecuencias en enfrentamientos y víctimas que puedan producirse, al estallar el pueblo exigiendo sus derechos en las calles.

Los altos porcentajes de corrupción y perversión de cuerpos policiales y militares que, debiendo ser garantes depositarios de la confianza del pueblo y defensores del mismo, del Estado y su Constitución, se hagan parte del problema agrediendo al pueblo, y operando como redes de criminalidad enquistadas en organismos de la administración pública para su enriquecimiento ilícito, también tendrán que enfrentar sus responsabilidades.

Finalmente afirmamos, como valor que aprendimos desde la propia infancia, y en defensa del derecho al futuro de libertad y paz para nuestros niños venezolanos, que el buen conductor de Estado es el personaje más importante en estos momentos para saber parar a tiempo, cuando se va por rumbo equivocado. Hacer prevalecer el Estado democrático y la Constitución, por encima de tentaciones dictatoriales, respetando específicamente el artículo 70,  es la respuesta firme, clara y contundente, para salvar la propia vida, la libertad y la paz de los ciudadanos en esta hora clave. Hora del coraje sereno, de la conciencia política y del respeto por la voluntad del pueblo al que dice servirse.