• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

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¡De la Carta de Jamaica a la libertad!

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Hace dos siglos, el 6 de septiembre de 1815, Simón Bolívar contestó carta al caballero Henry Cullen, de la isla de Jamaica. De esta pieza invaluable, auténtico pensamiento del Libertador, se pueden resumir las esencias de las circunstancias que llevaron a la guerra de Independencia, el estado de conmoción en que se encontró entonces el Nuevo Mundo, y su visión del inexorable resultado de libertad para la América, con posibles formas de gobierno que adoptarían sus naciones.

Bolívar nos deja, además del legado infinito de su pensamiento, el ejemplo de su postura de sobria humildad y de responsable reflexión. Ello queda plasmado desde el inicio y hasta el final de su respuesta. Al inicio: “En mi opinión es imposible responder a las preguntas con que V. me ha honrado. El mismo barón de Humboldt, con su universalidad de conocimientos teóricos y prácticos, apenas lo haría con exactitud, porque aunque una parte de la estadística y revolución de América es conocida, me atrevo a asegurar que la mayor está cubierta de tinieblas…” (Carta de Jamaica. Ediciones de Presidencia de la República, 1972. Pág. 26).

Luego afirma: “Todavía es más difícil presentir la suerte futura del Nuevo Mundo, establecer principios sobre su política, y casi profetizar la naturaleza del gobierno que llegará a adoptar…” (Op. cit. Pág. 35).

Al finalizar su carta de respuesta insiste: “Tales son señor las observaciones y pensamientos que tengo el honor de someter a V. para que los rectifique o deseche según su mérito; suplicándole se persuada que me he atrevido a exponerlos, más por no ser descortés, que porque me crea capaz de ilustrar a V. en la materia” (Ibídem, Pág.53).

A ese padre augusto, Libertador de naciones americanas, entre ellas nuestra Venezuela, le ofrendamos nuestro incesante recuerdo y gratitud imperecedera, desde el humilde y consecuente orgullo de estudiar e intentar interpretar nuestra historia, con base en las realidades de aquellas circunstancias. Así encontramos en esas raíces una identidad que se ha venido pretendiendo desdibujar de su contexto, o más bien deformarla, de acuerdo con intereses gubernamentales transitorios, en diferentes etapas de nuestro acontecer político y social, lo cual se ha hecho de manera grotesca y superlativa en los últimos tres lustros.

Hoy, con el ejemplo de Bolívar, debemos exigir al actual régimen que gobierna nuestra nación que acepte también con humildad la necesidad de la reflexión y del cambio urgente del modelo de Estado que se ha aplicado en Venezuela. Modelo rentista petrolero que desde el reparto populista precedente, y profundizado por el presidente Chávez a su llegada al poder con la tesis del socialismo del siglo XXI, ahora se encuentra anarquizado con la desaparición física de este y su control personalista del poder. Control seguramente precario en muchas situaciones, al menos representó una básica certidumbre de un centro único de poder con quien tratar de comunicarse. Ahora, tenemos de su herencia un Estado aún más incompetente y una nación más dividida.

Hoy, ¡a doscientos años de distancia!, el legado de Bolívar está intacto en su humildad y se acrecienta en su grandeza. Viéndose circunstancialmente derrotado desde Jamaica se propuso su indubitable regreso a la lucha, convencido como estaba del triunfo de la libertad. Su paso por Jamaica para la reflexión, los contactos, además del reposo necesario del guerrero antes de continuar la gesta emancipadora, lo llevó a expresarse sobre Venezuela y la Nueva Granada cuando escribe de los sistemas de Estado, la forma demócrata y federal, afirmando: “En cuanto nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo que vengan a ser nuestra ruina...”( Ibid, Pág.43).

Sirva la ocasión de este aniversario epistolar de dos siglos de la Carta de Jamaica, en medio de nuestra patria venezolana aquejada por la calentura frente a los quebrantos de la prepotencia y arrogancia desde el poder, para enviar al noble pueblo de Jamaica, a través de su excelentísima señora embajadora, Sharon Weber, nuestro abrazo infinito de gratitud por aquel alojamiento dado a nuestro auténtico máximo líder. El comandante eterno y prócer de la única revolución libertadora que ha ocurrido en Venezuela en estos dos siglos es mi general Bolívar. Gracias a él se creó el lazo indestructible de la historia que nos invita a la unión perenne entre nuestros pueblos. ¡De la carta de Jamaica a la libertad!