• Caracas (Venezuela)

Luis González del Castillo

Al instante

¡Bochinche, bochinche, bochinche!

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Este año 2016, el mismo mes y día que se celebra con la toma de La Bastilla el día de la Revolución francesa, conmemoraremos dos siglos del fallecimiento del más internacional, y más preclaro hombre para la libertad, en nuestra historia patria venezolana. Sí, hace ya casi doscientos años que el 14 de julio de 1816 muriera en La Carraca, puerto de Cádiz, España, Sebastián Francisco de Miranda. Con su célebre frase: “Bochinche, bochinche, bochinche”, recoge el testimonio de su captura, para luego ser entregado a los realistas, en el momento más oscuro del inicio de nuestra lucha por la independencia y la libertad. En otra de sus frases sentenció: “En Venezuela no habrá república mientras la rijan hombres así”.

Hoy vivimos también un episodio muy oscuro en la lucha por la instauración de una verdadera república democrática en Venezuela. El propio Tribunal Supremo de Justicia se convierte en brazo ejecutor de la entrega, esta vez de todo un pueblo, de todo un país al “bochinche, bochinche, bochinche”. Las intervenciones del que debería ser el máximo tribunal de la República para allanar el camino de soluciones a la crisis que sufrimos, se ha transformado en el principal testimonio institucional de la misma. En primer lugar desconociendo la ejecutoria del Poder Electoral, CNE, que otrora el llamado proceso tanto defendió cuando le convenía como el perfecto árbitro. Ahora e TSJ decide en la práctica, con la aceptación de impugnaciones chimbas y el congelamiento del asunto, desproclamar los diputados del estado Amazonas, dejando el Poder Electoral a la intemperie. Luego decide que el Poder Ejecutivo puede dictar leyes por encima del poder competente para hacer y regular esto, que es la Asamblea Nacional, y ratifica una Ley de Emergencia Económica que el Ejecutivo dictó a sus anchas, evidenciando su total dependencia del mismo, asomando ya la anulación  del poder de control del parlamento. Ahora, en su última función de circo, la que pasará a la historia como su novena sinfonía o decisión novena, el ahora TSJ espurio decide, para salvar su propio pellejo, que el Parlamento definitivamente no tiene funciones de control sobre otros poderes, con lo cual en la práctica deroga nuestra carta magna (entre otros los artículos 265, y 279).

Como se evidencia de todo cuanto ocurre en nuestra Venezuela de hoy, y ya desde hace demasiado tiempo, para esta camarilla que nos desgobierna, cuanto se pudo avanzar en la Constitución de una república democrática en Venezuela antes de ellos nunca existió. Ni cuarta, ni tercera, ni segunda… La Revolución francesa tampoco. El sano contrapeso de división de poderes es una celada. Nuestro país antes de ellos era una perfecta dictadura y esto es ahora una ¡perfecta revolución democrática! Cuando el pueblo les favorece con sus votos el pueblo tiene la razón, y por tanto ellos conservan y administran el poder a su antojo. ¡Por supuesto mandato del pueblo! Cuando el pueblo los vota en contra, existe una conspiración, una guerra económica, mediática o cualquier sabotaje, que impidió al pueblo razonar con claridad, votar libremente, o reelegirlos, ¡como es cabalmente cumplir con su deber para con la revolución! Y poder recibir “todo lo que el gobierno revolucionario les da”, no como su deber de gobernar para el pueblo sino como su acción benefactora.

En las elecciones presidenciales de 2013, efectuadas en medio de todo tipo de atropellos, sin árbitro con poder para fijar coto a tales por parte del seudogobierno revolucionario; que fueron bajo apoyo del TSJ desde posicionar su candidato inconstitucionalmente como presidente en ejercicio, hasta el abusivo uso de todos los medios y recursos públicos para su campaña, resultaron, según ese CNE que ahora dejan al desnudo, en las siguientes cifras: Nicolás Maduro 7.587.579 votos, para 50,61% de los votos válidos y Henrique Capriles 7.363.980 votos, para 49,12% de los votos validos (Pág. web CNE). Entonces no hubo discusión de votos nulos o “anulados”. Entonces ese dirigente nacional llamado Henrique Capriles Radonski optó por la paz, y por esperar, en medio de grandes presiones, bajo protesta y acciones legales-institucionales, hacer reclamación democrática de revisión de si era, por tan ínfimo margen, la verdadera expresión de la voluntad popular venezolana. Eso hasta allí quedó. Entonces ese CNE sí era perfecto. Hoy este TSJ, que no da justicia, que es como este Hidrocapital que no da agua: “herramienta de la revolución”, sí admite el tema de los votos nulos y no diligentemente admite recurso del oficialismo.

En la práctica ya en Venezuela no existe Estado. En la práctica se abandonó. Quien debió dar el ejemplo de respetarlo y defenderlo para todos, como era su deber constitucional, así lo hizo. Quien debió ser jefe del mismo ha abandonado el cargo para llamar a sus armados seguidores a desconocer a esta democrática Asamblea Nacional, recién elegida por una abrumadora mayoría, por un pueblo que clama por salida constitucional a esta ya humanitaria crisis.

Así las cosas, solo nuestro pueblo, ejerciendo su soberanía de viva voz y de cuerpo presente, podrá recobrar para sí su derecho de vivir en paz en un sistema democrático, perfectible y dinámico; que pueda recobrar los equilibrios perdidos y recomenzar la reconstrucción institucional, para instaurar nuevamente la democracia, definitivamente ya perdida en Venezuela. Así las cosas, cada quien que asuma su responsabilidad para actuar debidamente, pues cuando sea  demasiado tarde para actuar con la razón y se desborden las pasiones, inexorablemente se cumplirá la mirandina y lapidaria expresión del más grande hombre entre los libertadores: “Bochinche, bochinche, bochinche”.