• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

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Luis González de Castillo

La problemática de la vivienda en Venezuela: un Estado incompetente. (IV)

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La problemática de la vivienda en Venezuela es la problemática del desarrollo de las potencialidades del hombre en tareas productivas, dentro de un marco social, jurídico, educacional, sanitario y de seguridad a la vida y los bienes, para que pueda ocupar los territorios bajo tales premisas.

Los sectores populares venezolanos, por la falta de capacidad de demanda efectiva de vivienda, debido a su pobreza estructural, a su vez consecuencia de su carencia de empleo estable y bien remunerado, padecen la ausencia de un hábitat con servicios de calidad, para facilitar su crecimiento con desarrollo (gráfico).

 

Círculo vicioso de la no vivienda


La población venezolana ha experimentado un importante y sostenido crecimiento, pero dentro de la baja calidad de hábitat sus problemas sociales y la delincuencia a su alrededor han crecido consecuentemente también.

Nuestras tasas de desempleo, más el encubierto con empleo informal, nos han agobiado y se han entronizado como males estructurales de la sociedad venezolana, en un país donde la seguridad social es precaria.

Cuando revisamos estadísticas de empleo (Banco Central de Venezuela e INE) en largos periodos, por ejemplo, de treinta años (1982 -2012) durante varios gobiernos, incluido este último, vemos que el orden de magnitud del empleo informal está alrededor de 50% del total y con un desempleo abierto, oscilante y maquillado de 10%.

Como se sabe, la industria petrolera es poco empleadora en cantidad de mano de obra. Por ello la diversificación hacia la agroindustria ha debido y debe ser la alternativa para un país en desarrollo, con las extraordinarias posibilidades de sus zonas climáticas y sus recursos naturales que tiene Venezuela.

Por ello la problemática de la vivienda en Venezuela es la problemática de la creación de un nuevo Estado capaz realmente de extenderse en todo el territorio nacional, para estimular las condiciones de civilización, al lado de las condiciones naturales existentes, rompiendo con la noción militarista de resolución de problemas para adoptar la noción del colono, que con su familia va a ocupar el territorio para establecerse y establecer instituciones civiles, que funcionen con base en valores.

El modelo de ciudades de mediana densidad poblacional, a lo largo y ancho de todo el territorio, aprovechando las potencialidades de cada sistema ambiental y/o vocación para la producción y desarrollo, tiene que ser el norte del Estado que estimula y facilita las iniciativas e inversiones privadas nacionales e internacionales.

El principal empleador en Venezuela ha sido la empresa privada, que como efecto de la actividad económica petrolera se expandió inicialmente hacia otros sectores de producción de bienes y servicios y alcanzó a emplear alrededor de 85% de la gente. Sin embargo, la inadecuada intervención del Estado, más que nunca en estos tres largos lustros 1999-2014, y nótese que decimos “inadecuada intervención del Estado”, ha provocado poca productividad empresarial y pérdida de confianza, desfavoreciendo las inversiones y la diversificación con calidad de exportación, para competir en los mercados emergentes y así garantizar ingresos de divisas distintos a la renta petrolera, como fuente en demasía del porcentaje de ingresos totales del Estado.

Un artículo especial merece la Fuerza Armada, que tiene como misión real el trabajo de proteger la nación del ataque exterior, siendo garante de la integridad del territorio. Guardián de la constitucionalidad, evitando la anarquía y/o la conmoción interna, bajo una noción de papel civilizador y no la noción militarista de dominación de la sociedad. La útil y verdadera unión cívico-militar debe activarse por vía de la garantía que la Fuerza Armada como institución debe dar al pueblo trabajador, al pueblo inversionista, al pueblo creador de riqueza y empleo, es decir, a la alianza público-privada para activar empresas y atraer inversiones al país, en lugar de espantarlas.

El problema finalmente de la adecuada remuneración al trabajo también lo expresaremos en próximos artículos, porque es vital que esa relación entre trabajo-productividad e ingreso real del trabajador se rectifique: para que este pueda tener capacidad real de ahorro habitacional y de adquirir su vivienda. Por ahora mencionaré que entre los años 1998 al 2003 se mantuvo una tendencia relativamente suave de ascenso de las remuneraciones, que a partir de allí, en el año 2003 inició un quiebre con la aceleración en la subida de las mismas. Precisamente, en ese año 2003-2004 las líneas entre remuneraciones privadas y públicas se interceptan y pasa el gobierno a dar mayores remuneraciones a los trabajadores, intentando jalonar los sueldos al alza, cuando históricamente los sueldos del sector privado superaban, en general, los del sector público. La política de estatizar y expropiar empresas provocó desconfianza y desestímulo al sector privado. Al dispararse la inflación, el gobierno ha intentado responder a esta aumentando el valor de las remuneraciones, para equilibrar el poder de compra versus dicha inflación. En esta dinámica de subida de precios y de aumento de los sueldos y salarios ha quedado entrampada la baja productividad de la economía venezolana y vuelve la pobreza a incrementarse, como lamentablemente advertimos sucedería sin equivocarnos.