• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

Al instante

¡Una nave para todos!

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Siendo el menor de ocho tripulantes que Doña María Amneris Yánes Oropeza trajo a este viaje fugas que llamamos vida, cuatro varones y cuatro niñas, solía jugar a las espadas, con mis hermanos Augusto y Ángel, con palitos de madera extraídos de los ganchos  de ropa de tintorería. Fueron épicas batallas navales que libramos en nuestra imaginación por la libertad contra la opresión pirata que invadía nuestras costas caribeñas. Cristalizaron así en nuestras almas claros valores de posicionamiento del bien frente al mal, durante aquellos años sesenta de austeridad post dictadura perezjimenista.

Son imborrables las lecciones de amor por la justicia, y por un patriotismo incluyente de todos, las que recibimos de nuestro padre Néstor González del Castillo Heinemann; autor, dentro de su obra literaria, del hermoso himno al Libertador Simón Bolívar, que en su primera estrofa nos dice:   “¡Ave! Noble y valiente coloso, de la patria tenaz forjador, recordamos tu nombre glorioso, lleno el pecho de santo fervor….” (Néstor González del Castillo. 1974. Poemario Vorágine y Remanso. Pág. 81. Caracas).

Después de aquellos años de lucha por la independencia latinoamericana, a principios del siglo XIX, en la que Venezuela tuvo sin duda alguna un rol protagónico, volvía a hacerse masivamente presente, un siglo más tarde,  la determinante influencia de nuestros antepasados europeos, en una suerte de “camino de regresos”, a consecuencia del fin de las guerras mundiales y la civil española,  que esta vez venían para levantar familias honestas en lugar de fortificaciones militares para la conquista y la dominación.

Confieso, sin que nadie en particular se dé por aludido, que siempre me he sentido heredero también de ese país tremendamente desigual en que crecí, rodeado de muchísimas personas venidas de otras tierras externas, así como también de la pobreza interior de la nación rural que habitaba en nuestro territorio; y que súbitamente saturó las principales ciudades del eje norte-costero del país. De alguna forma u otra a todos nos impactó, aún sin hacernos plenamente conscientes de ello, en nuestras vidas, por lo que ¡hoy todos los venezolanos somos más ciudadanos del mundo que nunca!

La situación planteada en nuestra Venezuela,  consecuencia de todos esos procesos vitales, sociales, y por tanto políticos del ayer, en su lento discurrir a veces, y otros en turbulenta manifestación, nos hablan de un pasado que nos debe llamar a todos a participar para la superación  de nuestras diferencias, en un clima de respeto, madurez y corresponsabilidad. Unirnos todos, mujeres y hombres de buena voluntad, que en este barco llamado Venezuela navegamos, para llevarlo rumbo a un país más civilizado por el conocimiento, por el respeto a la democracia  y por la paz. Este venidero domingo 6 de diciembre, desde el conjunto de aprendizajes que nos han dejado las diversas experiencias vividas por nuestra sociedad, y desde los valores primarios que nuestras luchas infantiles nos sembraron de amor por nuestra Venezuela, nos toca ahora el protagonismo a la ciudadanía para que, mediante nuestro legítimo derecho a elegir, designemos una nueva Asamblea Nacional  que marque el ¡rumbo  de esta nave en que todos cabemos llamada Venezuela!