• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

Al instante

¡A mi hijo!

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Gracias a la deferencia que me permite El Nacional, dedico estas líneas a mi hijo Luis Eduardo, y con ellas a todos los jóvenes venezolanos pues, como sabiamente expresara nuestro poeta Andrés Eloy Blanco, “cuando se tiene un hijo se tienen todos los hijos de la tierra”…

¡Ha dado otra vuelta el calendario de tu vida, hijo! Celebras así tu cumpleaños, y ya que tú, como miles de jóvenes venezolanos están fuera de su país, buscando futuro y evitando así la criminalidad asesina que azota nuestras ciudades, quiero decirte algunas palabras que salen de mi alma. ¡Vuelen ellas en un eco infinito, corran alrededor del universo que pudo ser una vez el patio escolar de tus tiempos de infancia, y lleguen hasta ti con la verdad de mi amor paterno, que si acaso haya podido enseñarte algo sería, de lejos, mucho más lo que he aprendido de ti!

Recuerdas esa canción-poema que tanto te gustó de Serrat “Pueblo Blanco”: “Apurad gente tierna, que esta tierra está enferma y no esperéis mañana lo que no se os dio ayer, que no hay nada que hacer…” Así, más o menos, hijo, se siente el vacío de miles de hogares venezolanos por estos días. Padres solitarios y a la vez confortados por la idea de saber a sus hijos más seguros fuera, aún en medio del terrorismo a que se enfrenta el mundo. Preferible verlos partir antes que queden “en cautiverio” en este Pueblo Blanco del olvido en que nos han convertido la otrora Venezuela generosa que acogió por miles a inmigrantes alguna vez. Hoy nos tocó a nosotros… Sometida a sus caprichos e improvisaciones “revolucionarias”, nuestra tierra se va vaciando de jóvenes talentosos y se va quedando llena de viejos melancólicos, dentro de la locura de un resentimiento irracional que hace irrespirable el aire de estos días.

Cual déjà vu del castrismo de la Cuba de los años sesenta, bajo la utilización militarista de las glorias de nuestro pasado heroico de las luchas por la independencia, se ha trastocado la herencia del anhelo democrático del pueblo venezolano. En medio de la bonanza petrolera más espectacular que todas las anteriormente vividas, nuestro pueblo se creyó nuevamente el sueño del azar redentor y mesiánico, para despertar así en esta pesadilla que hoy vive. A la muerte del espejismo, se han alzado con una especie de franquicia los que quieren utilizar a nuestro pueblo, haciendo lo que les dé la gana con él.

Mediante videos del extinto presidente manipulan la verdad de lo que nos ocurre para justificar todos sus desaciertos. El pueblo muy mayoritariamente no les cree. Hacen del poder un fin en sí mismo. Aunque ineptitud y corrupción “llenen de hambre y miseria a nuestro territorio en nombre de la libertad” –parafraseando a nuestro Libertador–.

Gracias por enviarme tus poemas, hijo. Es maravilloso compartir este viaje que llamamos vida en tu compañía. Y es que, aunque no estás por estos días junto a mí, sigues siempre allí, en mi mente y en mi alma. Como sabes y surgió en mí hacia el niño que fuiste tal expresión: "Te amo de aquí a Japón por infinito ida y vuelta..." ¡Esa frase la suscribo también hoy hacia el hombre en que te has convertido!

No hay fronteras ni tiempos que encarcelen la amistad. Al nacer lo hacemos en un lugar cualquiera del planeta, y tenemos unos padres genéticos que son vehículo para ello. Pero cada día nacemos un poco nuevamente, y con el amor de los padres que eligen realmente amarnos crecemos sanos, como seres naturalmente buenos. Recordemos al poeta Gibran Khalil Gibran, sobre quien recomendaría saber y leer más su trabajo literario. Él también vivió en Boston y París, aprendiendo ambos idiomas, y escribiendo muy profundos poemas de sabias reflexiones: “Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma...” Por eso si te sientes latino, pues tú decides asumirlo así… y si te sientes ciudadano del mundo, pues lo asumes también si eso quieres.... Tenemos cada uno, hijo, la oportunidad de escribir nuestra propia historia, nuestro propio libreto. Dar y recibir amor es en adelante mi único consejo para ti. Cuando logramos escoger los que nos hace más libres y más sanos, así, en nuestro mundo interior, blindamos nuestro espíritu contra aquello que intenta agredirnos o controlar nuestras reacciones. Si lo logramos, sabremos entonces que hemos crecido, al menos lo suficiente para ¡sabernos libres! Con Mandela reafirmamos: “Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma”.

El horror de lo sucedido en Niza, aunque es de muy difícil entendimiento, porque no tiene explicación en una mente sana, se puede intentar deducir como producto de semillas de odio que han germinado en mentes trastornadas por la oscuridad y en el vacío de amor. ¡Solo el amor cura el odio! Solo el amor lo vence. En esta etapa de tu vida, tienes la oportunidad de hacer crecer en ti ese tipo de madurez que va agregando experiencias compartidas con distintas culturas. Diversidad y tolerancia.

Respeto y establecimiento de límites. Sigue viajando inquieto cuanto puedas. Deja fluir desde ti, y hacia ti, la humanidad y el hombre universal que llevas dentro. Sigue tu propio camino. Llegado el momento, encontrarás la compañía que coincida con tu alma, y a partir de ese instante, tómala sin temores.

¡Respétala al compartir con ella, de eso nunca te arrepentirás! Recuerda que, como lo dice el Eclesiastés: “Todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Así como eres tú, con tu auténtica profundidad y sencillez; en cada instante de tu viaje, interior y exterior, ¡vive, hijo, vive! Eres poeta y, por tanto, eres un ser único. Asúmelo así, integralmente. Dentro de lo especial que puede tener también cada ser humano, tú tienes el don de vida de poder interpretar los acontecimientos mejor que la generalidad de las personas. No olvides, hijo, que, después de todo, amar es un acto voluntario y sano. Un privilegio que nos ofrece el universo para tomar de él lo que sentimos que nos corresponde y que elegimos compartir con esa persona que consideramos especial. Como tu abuelo nos escribió a sus hijos poco antes de despedirse de este mundo, te repito a través de sus palabras: “Yo soy un padre de su honor celoso, y de su bien guardián que a todos ama, que para todos quiere un mundo bueno”. No importa cuales sean los tiempos, hijo, ¡ama! ¡Vive! ¡Feliz cumple cada día, hijo!