• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

Al instante

El adiós

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Cada vez que me enfrento a la responsabilidad que como ciudadano tengo de dar mi aporte para la solución de problemas intento favorecer la búsqueda del debate provechoso y el encuentro entre venezolanos. Reunir esfuerzos que permitan construir fórmulas en torno al cómo resolver las diferencias. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha hecho patético que dichos esfuerzos terminan por caer en un vacío, o más bien en una suerte de maquinarias monstruosas tejidas por grupúsculos, tanto seudoafectos al gobierno como seudoafectos a la oposición, que luego sus ropajes se logran más que transparentar ante mis ojos, caerse, para quedando al desnudo ser delatados por sus propias mezquinas ambiciones de poder, de riqueza fácil, lujuria, y otras tantas verdades, sin teorías revolucionarias ni ideas políticas que defender. El puro y duro beneficio crematístico, con sus diversas máscaras, es el fin ulterior de tanta palabrería hueca y tanto boato. Los oropeles de un patriotismo de apariencias, pero por dentro desteñido y deshilachado, hace su parodia continua para seguir expoliando las riquezas de una Venezuela ultrajada por el desamor de ciertas clases también seudodirigentes.

Recuerdo la anécdota salomónica que una vez mi padre me contara, para explicarme en qué consiste el verdadero amor entre los seres. Permítanme compartirla con ustedes. Esta dice más o menos así:

Trajeron ante la presencia del sabio Salomón una criatura de días de nacida y a dos mujeres, que habiendo estado embarazadas durante una larga travesía habrían coincidido en el momento del alumbramiento. Una de las dos criaturas habría fallecido poco después de nacer. Producto de la confusión durante el ataque de que fueron objeto durante el viaje, y a pesar de que habrían logrado salvar la vida y  llegar a la aldea, se presentó luego el conflicto de pertenencia del niño que había sobrevivido. El sabio Salomón interrogó a cada mujer sobre las características de su hijo, y cada una dijo reconocer en el niño las propias del bebé que habían dado a luz.

Después de todos los esfuerzos de identificación (sin contar con la tecnología del ADN que hoy nos asiste) Salomón elevó su voz y dando instrucción a los guardias dijo: “El sufrimiento es de una sola madre y esto sería injusto, picad al niño en dos partes iguales y entregádselo así a cada posible madre, para que ambas lo lloren por igual”. Ante la fatal solución y el movimiento del guardia para blandir la espada, ¡No! fue el grito estruendoso y aterrador de una de las dos mujeres, que de inmediato continuó diciendo: “Dadle el niño a ella; yo consolaré mi tristeza así no me sea entregado ese ser que tuve en mis entrañas, pero vivirá”…. Salomón viendo la reacción de esta mujer ordenó entonces con toda la autoridad de cómo proceder en cada caso: ¡Entregadle el niño a esta mujer que ha hablado, no queda duda alguna de que ella es su madre!

Esta sencilla anécdota, utilizada por mi padre (disculpen los que ya la conocían) fue para mí un poderosísimo referente sobre el cómo es necesario poner lo mejor de nosotros ante las circunstancias más difíciles para garantizar la vida, la justicia, la paz, entre seres humanos para poder convivir y resolver las diferencias.

La Venezuela de hoy puede ser vista como esa criatura que nos llama a todos, madres y padres, a salvarla, y a poner lo mejor de nosotros para encontrar justicia y solución ante la apremiante realidad que día a día compromete más su supervivencia. Estamos ya ante la dolorosa decisión que muchas madres venezolanas han estado tomando de preferir que sus hijas e hijos se vayan de su lado, a vivir sus vidas en otras naciones, al lado de otras gentes, con otras madres y padres sustitutos, porque nosotros no hemos sido suficientemente capaces de encontrar juntos soluciones a nuestros gravísimos problemas, pero que son sin duda factibles de ser enfrentados y resueltos, bajo ciertos acuerdos y consensos básicos. Basta ya del atropello y la imposición de cualquier parcialidad por encima del bien común de nuestras hijas e hijos.

En próximos artículos plantearé ciertas acciones posibles para el encuentro entre madres y padres, venezolanos o no, pero todos residentes con sus hijos aún en nuestro territorio y/o que quieran que haya posible regreso a él. Acciones que nos unan frente al miedo y la desesperanza, para que asumamos con coraje ¡la lucha por la vida de nuestra gente, en nuestra Venezuela!