• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

Al instante

¡Rumbo a la libertad!

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Gracias a la deferencia que me permite El Nacional, dedico este artículo a la esperanza de todo el pueblo venezolano que, con impecable civismo y fe en el porvenir, sufragó el pasado domingo 6 de diciembre por una Venezuela libre.

¡Flor grita con desbordante emoción, ganamos doctor, ganamos!… Flor, mucho más que la señora que ha trabajado en las tareas domésticas de casa ha sido, después de más de veinte años a nuestro lado, la nana que ha consentido a nuestros hijos, tanto como nosotros mismos, y los ha aconsejado en sus momentos de malcriadeces y consolado en sus tristezas. Oriunda del Guasdalito de Apure, Flor, que un día le dijo al llano como el poema “Sabana” de José Salazar, popularizado en canción por nuestro querido tío Simón Díaz: “Aquí me quedo contigo, aunque me vaya muy lejos, como tórtola que vuela y deja el nido en el suelo”…; y todo por la necesidad de buscar el sustento para sus propios hijos.

Llega la señora Esther, ¡ganamos señora Rosi, ganamos!, cargada de alegría más tres jabones de baño, una bolsa para lavar y un champú, ¡el más difícil de conseguir!, pero que ella con sus contactos en Petare nos los trae para que sigamos olorositos y limpios, “como Dios quiere a sus almas”. De modo que más allá del puro y duro bachaqueo que se practica en nuestra realidad del momento venezolano, el afecto, con una solidaridad transversal hacia todos los sectores, se impone de manos de quien llega cada semana a realizar su digna y perfecta labor de planchado de camisas y demás prendas, desde hace también más de veinte años; compartiendo en nuestro hogar sus cuentos y vivencias de lo que pasa en el barrio. La señora Esther nacida en Cartagena, Colombia, nunca se nacionalizó. De sus siete hijos tres nacieron en Venezuela, y votaron. Pero aún más allá, la señora Esther tiene catorce nietos venezolanos, siete tienen edad para votar y ya votaron, y siete más que solo “por ahora” no lo hacen, hasta cumplir los 18 años.

La mañana del esplendorosamente soleado lunes 7 de diciembre nos encontrábamos en la Junta Electoral Regional del Distrito Capital, precisando detalles del triunfo, cuando entonces llega la señora Mérida Navarro, venezolana operada dos veces de cáncer, y que aún debe ser sometida a una tercera intervención. Acude a la Junta solicitando una constancia de residencia para poder obtener las vacunas que subirán sus valores sanguíneos, para continuar la radioterapia previa a dicha tercera intervención. La primera instrucción que escuchamos le dan es que el formato de la planilla de constancia de residencia lo debe bajar ella por Internet y traerlo entonces para que se lo sellen. Intervenimos entonces afectuosamente para pedir que se le apoyara directamente desde el sitio, a lo cual las funcionarias cariñosas y bien dispuestas de esa Junta Electoral accedieron para ayudarla, pero el sistema estaba colapsado y no se podía lograr ingresar a la página del CNE para imprimir tal requisito. Entonces con la credencial de Testigo Nacional Electoral que poseíamos se nos ocurre que esta podría servir para testimoniar ante el Seguro Social de tal contingencia. Así, acompañando a esta venezolana nacida en Casanay, estado Sucre, que vivía en El Tigre, estado Anzoátegui, hasta que le diagnosticaron el cáncer, y que hoy sobrevive en Caracas, tratándose en el Hospital Universitario, nos impusimos la tarea de superar una burocracia a la que ella no podía esperar, y por eso la llevamos al Seguro Social de Los Ruices, en búsqueda de la particular y urgente solución. Durante el tiempo que compartimos allí, mientras la comprensión y verificación de las funcionarias del organismo se produjo, conocimos muchas otras historias que sufren los pacientes de enfermedades de tal gravedad. Salimos finalmente con las vacunas en la cavita de anime, llenos de esperanza en su recuperación, junto a su hija Marlen y dos de sus nietos.

Salve Dios a Venezuela de la soberbia de aquellos que creen que el triunfo electoral del pasado domingo 6 de diciembre les pertenece. Igualmente de aquellos que con resentimiento no logran disponer sus oídos para escuchar los gritos de angustia y dolor que las penurias de la escasez, el alto costo de la vida y la inseguridad provocan en nuestro pueblo. Dios nos salve también de los indiferentes y oportunistas, que suelen acomodar solo a sus intereses egoístas cualquier circunstancia. Vamos Venezuela buena, vamos Venezuela honesta, vamos Venezuela del bien común ¡rumbo a la libertad!