• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

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Rafael Caldera

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Nacido en San Felipe, capital del estado provincial de Yaracuy, el 24 de enero de 1914, Rafael Caldera Rodríguez fue, sin lugar a mezquindad alguna, uno de los grandes hombres del siglo XX. La realidad mundial durante su primera etapa de vida anunciaba la era de nuevos y distintos modos de conflictos bélicos, con la tecnología del  motor diesel y el fuel oil, como los que se libraron durante la primera y segunda guerras mundiales. Antes de él nacer, el 15 de abril de 1914, había reventado el Zumaque I en Venezuela (Caribean Petroleum), convirtiéndonos en poco tiempo en uno de los principales países exportadores de petróleo del planeta.

En dos décadas, a la muerte de su madre, creció como joven inquieto y estudioso en el seno de la familia de los esposos Liscano-Rodríguez, con su tía Eva Rodríguez y Juan Liscano como sus mentores. Vio fallecer el gomecismo, convertido en parte de la generación que marcaría el devenir de los acontecimientos de construcción de la democracia venezolana.

Como jurista destacado se enfocó en dos grandes temas  de profundidad social: el trabajo y la vivienda. Corredactor de la Ley del Trabajo de 1936, no abandonó nunca el tema al ingresar formalmente a la política. Llegó por primera vez a la presidencia de Venezuela de la mano de la organización que ayudó a fundar, el partido socialcristiano Copei, en las elecciones de diciembre de 1968, después de insistir con cuatro candidaturas seguidas. Durante su quinquenio, iniciado en 1969 hasta 1974, ejecutó el mayor número de viviendas por número de habitantes existentes que ningún otro presidente de la democracia, dentro de nuevas urbanizaciones y en nuevas ciudades.

Su mayores aportes, además de los numerosos realizados en la área académica, como profesor, ensayista, articulista, fue en la arena política, social y económica, con la defensa desde su primera presidencia de la tesis del pluralismo ideológico, la pacificación y la democracia en Venezuela y en América Latina toda.

Afianzando en su segunda presidencia la noción de la importancia de las asociaciones público-privadas para el desarrollo de las infraestructuras y los servicios públicos nacionales como autopistas, viaductos y terminales públicos de pasajeros, logró recobrar con su segundo mandato la estabilidad institucional del país y la búsqueda del progreso económico-social, en medio de un lustro de bajos precios de las materias primas en general y del petróleo en particular, con un promedio por debajo de los diez dólares el barril, ordenando, a pesar de ello, las finanzas públicas con el abatimiento de la deuda de la república.

A un siglo de su nacimiento, Rafael Caldera Rodríguez será seguramente motivo de  consideración y respeto por las generaciones del futuro de venezolanos y otras naciones, que estudiosos trabajen por una Venezuela de justicia social y libertad en un mundo mejor para todos.