• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

Al instante

¡Primero la libertad!

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“Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”. (Bolívar, S. Carta de Jamaica.  Septiembre 6 de 1815. Kingston. A dos siglos  de su redacción).

 

Este jueves 17 de diciembre se cumplieron 185 años de la muerte física de nuestro Libertador: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco. Su legado, más que intacto, se agiganta a través del paso de los tiempos, nos recuerda que no podemos desmayar en la búsqueda de un orden social superior para nuestra nación venezolana. En su célebre discurso  en Angostura de 1819 nos alerta: “Muchas naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; mas son rarísimas las que han sabido gozar de algunos preciosos momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos, porque son los pueblos más bien que los gobiernos los que arrastran tras sí la tiranía. El hábito de la dominación los hace insensibles a los encantos del honor y de la prosperidad nacional; y miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la tutela de las leyes dictadas por su propia voluntad. Los fastos del universo proclaman esta espantosa verdad”. (El Libertador y la Constitución de Angostura de 1819. Publicaciones del Congreso de la República. Caracas 1969 Pág. 47).

Una vez sedimentadas las burbujeantes partículas de emoción de los triunfadores, y de resaca en los derrotados, producidas por los definitivos resultados de las elecciones parlamentarias, aun cuando todas las predicciones derivadas de los estudios serios de opinión reflejaban un inminente triunfo opositor, debemos como nación avocarnos a la precisión de la hoja de ruta que habremos de seguir para encontrar salidas a la compleja situación económico-política y social a la nos enfrentamos todos. Un lineamiento que valoro profundamente, no solo por su intrínseca robustez, sino también debido a la hermosa calidad humana de quien me lo aconsejó, fue predicar el perdón como fórmula de solución para salvar a nuestro país del peligro del abismo de la violencia. Primero, sin embargo, mis apreciados lectores, paso a exponerles, en los siguientes párrafos mis reflexiones de cómo pienso debemos orientar nuestros primeros pasos para salir del laberinto en que nos encontramos, reiterando por esta vía la respuesta que di entonces a tan integralmente bella dama.

La nueva mayoría de venezolanos nos encontramos en un momento dilemático. Teniendo el poder fundamental otorgado por el pueblo de la institución que define por excelencia la democracia, como lo es el Parlamento Nacional, con un claro mandato de asumir el liderazgo con coraje, prudencia e inteligencia racional y emocional, toca ahora señalar el camino con firmeza, para lograr se oriente la nación hacia el andar libertario del progreso compartido y del rescate de la justicia para todos, bajo el cumplimiento, sin distinciones, de los principios y espíritu de las leyes, que la civilización ha establecido para la paz y la justicia. Nuestra Constitución vigente, y que debe ser respetada por todos, así también lo establece. Sobre este asunto no puede permitirse ni duda alguna, ni dar espacio para la vacilación.

Nuestra Constitución, de manera absolutamente clara y precisa, fija las atribuciones y funciones de la Asamblea Nacional. Es por ello que no puede irse a la instalación de la misma, llenos de dubitaciones o en ánimo de hacer concesiones al capricho o estridencia de un sector u otro, sino a ejercer las atribuciones establecidas en dicha Constitución, para bien de Venezuela. Por ejemplo, y me reconforta que así lo entienda también el Foro Penal Venezolano al plantearlo públicamente, este aspecto clave que privadamente en discusiones de nuestros grupos independientes reconocimos como una atribución constitucional muy clara de la Asamblea Nacional de decretar amnistías (artículo 187, ordinal 5to.). El constituyente previó tal facultad de la Asamblea Nacional para darle al país, en momentos precisamente como estos, la posibilidad de abrir nuevos caminos, que desde la reflexión colectiva de los procesos que vienen sucediéndose, y que han conformado una situación insostenible de represión judicial manipulada, y por tanto injusticias y malestar, se viabilice dicha amnistía en pos de la superación de la siembra de odios y revanchas, procurando el reestablecimiento de un orden judicial imparcial y la contraloría de todos los procesos de transparencia y rigurosidad en la designación de autoridades de los otros poderes, que la Asamblea Nacional tiene el deber de garantizar, para bien de toda la nación.

Aquellos que crean que eludiendo o retardando el asumir las responsabilidades políticas y administrativas, y que como autoridades parlamentarias tienen el deber de hacerlo para orientar el rumbo de la nación, ya que de lo contrario, no solo defraudarían la soberanía popular que les señaló claramente este mandato, sino que pondrían en riesgo la credibilidad en la eficacia del  propio sistema democrático para dar salidas a las crisis que circunstancias y/o malos desempeños de determinado gobierno autoritario provoquen al país.

Tal como le dije a mi amiga y que ahora repito públicamente  para el presidente Nicolás Maduro Moros y su gobierno: “Si deseamos que exista la posibilidad del perdón para lograr la reconciliación de nuestra Venezuela, primero comencemos por la libertad, luego la reconciliación y por tanto la paz.  Esto podemos construirlo juntos con buena voluntad política, entre todos, y respetando las atribuciones de los otros poderes del Estado. El respeto al derecho ajeno, como nos lo enseñó ese grande estadista mexicano Benito Juárez, es la paz”.