• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

Al instante

¡De Primera y de Maduro!

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En momentos en los cuales nuestra república venezolana hace aguas por todos sus costados, el debate no debía permitirse seguir en la estatura pigmea, lleno de malcriadeces y revanchismo de poca monta, para elevarse a la responsabilidad de afrontar los vitales problemas que aquejan a nuestro pueblo.

 “El lagrimear de las cumaraguas está cubriendo toda mi tierra, piden la vida y le dan un siglo, pero con tal que no pase nada, en mi tierra mansa, mi mansa tierra…”.*

Cualquier nación que se plantea una ley de amnistía lo hace para provocar la reconstitución del tejido social básico, que permita rescatar el músculo político-económico, y ejercer la fuerza motriz que la saque del fango en que se encuentra atascada.

Ha llegado la hora de recordar promesas y compromisos, los cuales ciertamente se adquieren en un determinado momento y contexto histórico, y es por lo cual se debe actuar ahora con la humildad y la firmeza requeridas. Cuando en 1998 el pueblo venezolano votó mayoritariamente por el comandante Hugo Chávez insurgente, lo hizo, sin lugar a dudas, en la esperanza de una vida mejor para la mayoría empobrecida y descontenta de la población. Las cifras recogidas según encuesta realizada entre julio y noviembre de 1998, por la Oficina Central de Estadística e Informática, bajo la jefatura de mi querido profesor Gustavo Méndez Caldera junto al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo-PNUD, con su representante residente Ricardo Tichauer, reflejan tal realidad: “Entre 43% y 68 % varía la estimación de pobreza desde las distintas perspectivas”. En el resumen de publicación de tales encuestas se hace una afirmación que cobra suma importancia para el análisis serio de donde nos encontramos hoy: “Nótese que por su fecha de recolección, al finalizar un periodo presidencial y el comienzo de otro signado por las transformaciones, la encuesta constituye una posible línea de base para poder apreciar y evaluar los resultados de la política social del nuevo gobierno” (Informe sobre Desarrollo Humano en Venezuela, 2000. Caminos para superar la pobreza. Resumen. Págs. 5, 6 y 7, permítaseme decir mi profesor, así como mis compañeros oficiales dicen mi comandante o mi general).

 “A veces pienso que todo el pueblo es un muchacho que va corriendo tras la esperanza que se le va, la sangre joven y el sueño viejo, pero dejando de ser pendejos esa esperanza será verdad…”.*

Antes muchos criticaron al ex presidente Caldera, por cierto, por dar sobreseimiento a todos, oficiales y subalternos, que el 4 de febrero intentaron el golpe de Estado. Se requirió antes, y mucho más se requiere ahora, la comprensión de la búsqueda de caminos para lograr los básicos consensos de un proyecto nacional para el progreso de la nación, sin exclusiones de ningún tipo. Por ello hoy se requiere reconocer el fracaso de un modelo que, desde antes y profundizado ahora, nos ha llevado a una situación calamitosa que, después del terrible y oneroso costo causado, nos debería hacer coincidir en algunos aspectos hacia un nuevo modelo.

Los acontecimientos que se han suscitado en el transcurrir de estos ya diecisiete largos años de gobierno chavista-madurista han arrojado una serie de consecuencias por las protestas y la represión ejercida desde el gobierno. La  Primera, con P mayúscula y más grave, es la Pérdida irreparable de decenas de vidas de jóvenes, mujeres, ancianos, venezolanas y venezolanos de distinta condición social y realidad específica, pero con un punto vital común: el deseo de vivir en su país, bajo un esfuerzo compartido para lograr el progreso, la justicia social y la paz para la totalidad de sus habitantes. Otra la confiscación y Pérdida de bienes materiales con los que muchos emprendían, producían, se ganaban la vida y creaban oportunidades de trabajo para que otros, al emplearse, se ganaran también el pan de cada día. Pero tal vez la consecuencia más humillante en el país de Bolívar ha sido la Pérdida de la Libertad, con L mayúscula, por la que ha luchado este pueblo, sin terminar de conseguir la grandeza prometida, debido a la traición de grupos dirigentes que se han apropiado antes, y ahora más que nunca, del tesoro público, manipulando la propia historia patria para encubrir sus fechorías. Combatir las causas estructurales de la pobreza, la traición de los corruptos y la arremetida del hampa, pueden ser consensos iniciales a ser establecidos.

 “Ya se vistieron los apamates, como en cuaresma los nazarenos, dulce mejilla la de mi pueblo, ya la segunda le está doliendo a mi pueblo manso, mi manso pueblo...”.*

Es evidente la nueva realidad y composición política del país. El necesario que se tomen las rectificaciones urgentísimas para enrumbar la nave nación. Este Poder Ejecutivo, debiendo aprender de su antecesor, podría interpretar la Ley de Amnistía como su mejor oportunidad para convocar al país hacia una transición, donde su propio concurso evitaría más dolores y derramamientos de sangre a  nuestro pueblo, que en verdad solo quiere soluciones para vivir en paz.

Es el momento de andar hacia un nuevo camino. Es tiempo de concebir un nuevo paradigma hacia la Venezuela de Primera que se quiere; que es a la vez de progreso, justicia social y libertad, con los mayores grados de felicidad que se puedan alcanzar dentro de la imperfección humana, pero en una nación reconstituida bajo un nuevo gran pacto para superar la pobreza, la ignorancia y la enfermedad, como retos de una lucha común de todas las mujeres y hombres de buena voluntad de nuestra Venezuela.

 “Vuelve a tu canto de turpial, que el pueblo manso ya es montaraz, vuelve a tu canto de turpial, llena de gritos el cardonal…”.*          

 

Nota*: Son estrofas de la “Canción Mansa para un pueblo bravo” de nuestro cantautor venezolano Alí Primera.