• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

Al instante

¿Mundo sin conflicto?

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Sería cuando menos interesante imaginar la posibilidad de existencia futura de un mundo sin conflicto. La vida de la gente, y por tanto así de las naciones, se desenvuelve entre la marcha de momentos o tiempos más tranquilos y otros plagados de enfrentamientos, a veces de dolorosa magnitud.

Un 9 de mayo de 1950,  ha solo 5 años de la rendición del régimen nazi en 1945, el canciller francés Robert Schuman propuso que el carbón y el acero, de la para entonces República Federal de Alemania y de la República de Francia, se unieran en una administración conjunta, lo que con la adhesión luego de otras Repúblicas se convirtió en la génesis de la actual Unión Europea. ¿Quien hubiera podido pensar en aquellos años que ese territorio, y sus naciones desvastadas por la terrible Segunda Guerra Mundial, llegaría medio siglo después a mostrar el gigantesco avance de modernidad, integración y en cultura de paz?

Nuestra Venezuela hoy se debate entre la fórmula de un régimen que intenta controlar el poder, a como de lugar, y una oposición que rehúye la naturaleza de la realidad de un conflicto que comporta la existencia de mafias posicionadas, y prestas a continuar usufructuando el actual caos social y extinción de la instituciones republicanas, para su enriquecimiento ilícito y su actividad criminal. Solo la comprensión cabal de dicha naturaleza, y su realidad consecuente, nos dará, más tarde o más temprano, la posibilidad real de iniciar el proceso de consenso básico para la superación del actual régimen, y la reinvención de un nuevo modelo democrático y su implementación, a partir de los sacrificios que serán, sine qua non, necesarios asumir.

En nuestro caso Latinoamericano, afortunadamente,  no han habido enfrentamientos armados recientes entre Estados de nuestra comunidad; sea por razones de diferendos territoriales u otras causas ambientales. Sin embargo a lo interno de cada país y de la región, bajo otros escenarios, proliferan confrontaciones intergubernamentales e interinstitucionales que resquebrajan, bajo la presión de intereses parciales, luchas ideológicas absurdas e intestinas por el poder político y económico, lo que va dejando de lado el interés del bien común y la superación de la pobreza (caso Colombia en su momento y ahora Venezuela). Por mencionar  otros ejemplos como los de Argentina, Brasil o México, estos países no han logrado construir un consenso básico de sociedad que sume esfuerzos y gane terrenos a la lógica de la creación de riqueza y productividad económica, a la par de generar un modelo democrático y social, que más allá de alcanzar el llamado modelo del Estado de Bienestar de los países europeos, y pueda definir una carta de navegación donde el Estado entienda su papel de Estado piloto en circunstancias del mundo global y complejo en que navega y no se distraiga en un rol de Estado remador que se cree repartidor de una riqueza que no crea y esta basada en la sola exportación de sus minerales y otros bienes primarios territoriales. Se convierta el Estado latinoamericano en el gran creador de consensos para el desarrollo del talento y la producción de riqueza mediante alianzas público- privadas nacionales e internacionales.