• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

Al instante

Mendoza, Venezuela y el futuro

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En esta pequeña nave espacial que es mi habitación de biblioteca, en la que viajo a través del tiempo, hacia el pasado y hacia el futuro, encontré entre diversos y numerosos libros que heredé de mi padre uno al cual me referiré, y que provocó en mí la reflexión sobre nuestra Venezuela, que deseo compartir con ustedes.

Un 12 de febrero, pero del año 1909, el joven Mendoza de 23 años, editorializaba su pensamiento en el diario venezolano El Tiempo, de los hermanos Pumar. Dicho diario, según expone nuestro recordado historiador y ex presidente de la breve transición 1993-1994 Ramón J. Velásquez (1916-2014) en la introducción de tal libro expone: “Famoso periódico de las batallas contra Crespo y Andrade y de las denuncias contra las arbitrariedades y caprichos de Cipriano Castro”. El libro es de  Cristóbal L. Mendoza: Prólogos a los escritos del Libertador publicado en 1977, Italgráfica. Caracas.

Fue aquel un momento de oportunidad en que por la grave enfermedad de Cipriano Castro, ya intervenido un 9 de febrero de 1907 y determinada la conveniencia de su viaje a Europa para una nueva intervención y tratamiento, por la cual finalmente quedaría hospitalizado en una clínica de Berlín, así las cosas, Juan Vicente Gómez asumía en diciembre de 1908 la Presidencia de Venezuela. Hombres como Francisco Linares Alcántara, entre otros, previamente opuestos a que el vicepresidente Juan Vicente Gómez asumiera el poder en caso del fallecimiento del enfermo presidente Castro, fueron luego piezas claves en tal resultado e incluidas en el nuevo gabinete que formaría Gómez.

Permítaseme citar del referido editorial del 12 de febrero de 1907, del tan preclaro joven como fue Cristóbal L. Mendoza, solo dos buenas partes de su maravilloso texto completo, el cual por supuesto recomendamos reflexionarlo en su totalidad: “Se habla de reformas en todos los órdenes y en todas las leyes, y se proponen bases más o menos especulativas, principios más o menos abstractos, sin que nadie vuelva su vista a nuestra composición social, es decir, a nuestro modo de ser, al coeficiente de nuestra cultura, al producto natural de nuestras actividades. He aquí el gravísimo error que nos condujo a que la aurora del siglo XX nos sorprendiera en plena esclavitud, teniendo como resumen de todas nuestras actividades la dictadura de Cipriano Castro, quien no se mantenía tan solo por sí mismo, ciertamente”. Luego continúa el joven Mendoza más adelante: “La libertad, los derechos individuales no los ha concedido graciosamente ningún gobierno de la tierra. El origen de estos es la fuerza y este va cediendo y transformándose en derecho a medida que la cultura ascendente de la colectividad va conquistando, va arrebatando con las conquistas del progreso, que el poder venga a traernos prerrogativas que la naturaleza ha concedido al hombre culto. Es idea candorosa imaginarse que podemos esperar, cruzados de brazos y contando con las conquistas del progreso, que el poder venga a traernos prerrogativas y libertades. Estas, como decimos, se conquistan, se imponen para que los gobiernos se vean en la alternativa de concederlas o desaparecer”.

Situándonos en ese contexto histórico de una Venezuela aún no petrolera, y sí muy rural, vemos cómo sin embargo ya desde entonces el problema de la conciencia social del venezolano era planteado por Cristóbal Mendoza como la clave de la construcción de un nuevo paradigma de verdadero poder del pueblo, es decir, de una verdadera democracia, en la que los ciudadanos son respetados no porque un gobierno decida hacerlo, sino porque no se le permitiría el no hacerlo. Más de cien años después, hoy vemos cómo no se concentra solo en el tema de una Venezuela rural o urbana, ni petrolera o no petrolera, y este es tal vez el asunto más esclarecedor, cuando hemos revisado entre ese pasado y este presente que nos ha tocado vivir.

Los valores y principios de una sociedad en evolución fehaciente no son un tema de manifestaciones del surrealismo que pueden llevar al hombre a una sociedad imaginariamente más justa en lo social y por tanto más libre. Fueron veintisiete años después, a la muerte de Gómez, cuando precisamente por esos años descubriría el padre del surrealismo mundial, André Bretón, que dicho surrealismo no pueden expresarse libremente en una sociedad donde el realismo de la propaganda gubernamental en un sistema comunista-totalitario solo persigue su continuidad en el poder, y no la libertad creativa del individuo para darse una mejor sociedad.

Dejo a cada quien la libre interpretación de los planteamientos anteriores, que como nos los legara el Mendoza de ese tiempo, el grande hombre que fue Cristóbal L. Mendoza, debe estar basada en unos valores, unas ideas, y unas prácticas que las hagan tener posibilidades de trascendencia, realmente revolucionarias, de la vida de una nación, aun hasta después de la desaparición física de sus protagonistas. Reflexionando sobre ellos también podremos comprender, ante los destemplados insultos que desde el gobierno actual le hace su máximo jerarca al otro Mendoza, esta vez a Lorenzo Mendoza, libre y líder empresarial de nuestros tiempos, que realmente no hay respeto desde esa posición por el propio pueblo venezolano, que sufre las humillaciones diarias por solo conseguir los alimentos de la dieta básica.