• Caracas (Venezuela)

Luis González de Castillo

Al instante

Días de junio

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Nuestro célebre y querido poeta Giordano Di Marzo Migani (Roma, 1951) volvió salvado de su feroz contienda contra uno de los varios tipos de cáncer (síndrome míelo-displásico), gracias al conocimiento y a la solidaridad, sin fronteras, de una medicina de primer mundo.

Tras la muerte la semana pasada, y por todos repudiada, de Oliver Sánchez debida, más que al propio cáncer, a la falta de una lucha adecuada contra él, nos sostuvimos frente a la tristeza pensando en que los hombres de ciencia siguen inspirados buscando la vital respuesta ante este mal asesino, que desagarra familias enteras alrededor del mundo. Pero también nos asaltó la indignación de la certeza de que muchos de nuestros niños mueren, no por la falta del conocimiento necesario, que lo tenemos aún disponible en Venezuela (antes de que terminen de irse nuestros mejores médicos y científicos gracias a la revolución bonita) sino por la negligencia asesina de quienes ufanándose de ser conductores de un “gran proceso socialista” no son más que charlatanes que hunden cada vez más nuestra nación, para huir luego con sus abultadas cuentas personales y de testaferros, sembrando en lugar de petróleo, desolación.

Yordano quien, junto a sus padres y hermanos, fue importado por la providencia, vino orgullosamente desde Roma hacia una Caracas de los años sesenta, prometedora de luz y de alma libre. Creció entre nosotros y se hizo uno de los nuestros. Así, desde el trópico, y desde el mundo sensible de su poesía, nos contó “Por estas calles”, de qué iba la realidad que teníamos antes, y seguramente luchará para seguir cantándonos de qué va la que tenemos hoy. A todos las que la amamos, nos duele ver a nuestra Caracas disminuida y violenta, mientras un aprendiz de dictadorzuelo y fingido alcalde Rodríguez, cuya actuación se asemeja más a la de un pran que a la de un dirigente político serio, se dedica a reprimir a un pueblo que es mayoría, que tiene derecho a marchar para exigir el revocatorio constitucional en nuestras calles caraqueñas. ¡Caracas parirá libertad!, y usted, señor Rodríguez, tendrá que responder por sus irresponsabilidades y atropellos contra nuestro pueblo desarmado, pero valiente. Como médico y siquiatra tendrá agravantes. No podrá decirse en su caso al igual que exclamó Jesús: “perdónalo señor porque no sabe lo que hace”. Usted ha sido “muy participativo y protagónico” pero para dejar al pueblo sin su derecho a serlo. Prefiere usted, al parecer, contar urnas que contar con justeza votos en las urnas. Flaco servicio nos hizo Eduardo Semtei al apoyarlo para que fuera usted de la plataforma en que convirtió al CNE para ser ascendido por el régimen, y recibir su paga de alto jerarca, como un Judas vendiendo a nuestro pueblo y traicionando la democracia.

 

El anuncio de que el Papa Francisco había enviado, desde esa misma Roma de donde vino Yordano, una carta a Nicolás Maduro produjo la esperanza de la posibilidad de un diálogo urgente y responsable. Reconociéndose la suma gravedad de la situación venezolana, este sería inminente. Sin embargo, otro diálogo de la misión de Unasur, lamentablemente, no ha producido sino la expectativa de un alargamiento del sufrimiento y la irresponsable actuación gubernamental de no aceptación de la democracia constitucional y sus mecanismos de salida a las crisis de gobernabilidad –como sería la del revocatorio, por ejemplo, o ¡una responsable renuncia presidencial! La Carta Democrática esgrimida por Luis Almagro, ex canciller de Mujica y paisano de Mario Benedetti, actual Secretario General de la OEA, no puede ser vestida con trajes imperiales por una revolución de pacotilla como es ésta.

Pasados unos pocos días, ya Oliver Sánchez y su voz fueron acalladas por el ruido estruendoso de la mediocridad, la desidia y la conducta antisocial proveniente desde los más altos cargos de la administración pública nacional. Por ejemplo, la de la canciller Delcy Rodríguez, ¡qué vergüenza! ¿Se puede esperar un diálogo serio frente a funcionarios de esta naturaleza? Me pregunto cómo se les olvidan tan fácilmente las causas de tanto deterioro en los hospitales y demás centros de salud. ¿Dónde está la coronel Sader que fue ministra de salud, y sobre la cual pesaron serias acusaciones de corrupción y responsabilidad administrativa ante el caos del sistema hospitalario? Quien, por cierto, recibió cifras extraordinarias en millones de dólares para dejarnos solo muerte en lugar de hospitales. Ante la escasez de los alimentos, y el costo inaccesible de éstos, para la mayoría de madres de nuestra nación, y que en denigrantes e inmensas colas amamantan sus hijos, o los cargan en sus redondos vientres antes de nacer ¿qué les espera? ¿Que existencia tendrán? ¿Dónde están los grandilocuentes ministros responsables del pomposamente llamado Ministerio del Poder Popular para la Alimentación? ¿Dónde está aquel ministro que pistola en cintura aparecía en las cámaras de televisión expropiando y amenazando a los productores nacionales del campo? ¿Dónde está la reforma agraria revolucionaria? ¡Pura farsa para robar! ¿Puede haber justicia para enfrentar a los verdaderos delincuentes que están en el gobierno, con un poder judicial que según los magistrados como Aponte Aponte confesaron pactar para torcer la justicia? Hoy tenemos secuestrados a Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos, más valientes jóvenes presos políticos que han alzado sus voces y que han sido muchos de ellos torturados en las mazmorras del Sebin, como la llamada tumba de plaza Venezuela.

Un renaciente Yordano volvió de Nueva York. Volvió a su casa, a nuestra “casa que vence las sombras” del aula magna ucevista. Como buscando dar con su canto “moral y luces” a una Venezuela sumida en la corrupción y en la oscuridad para que también renazca. Tenemos que renacer todos con él, para vencer el cáncer de la delincuencia organizada que se inicia desde el propio gobierno nacional para abajo. Restablecer la democracia, edificando prácticamente desde menos cero las nuevas instituciones republicanas: Poder Judicial, Poder Parlamentario, Poder Ejecutivo Nacional y Regional, y Poder Ciudadano. Tenemos el deber de conquistar con responsabilidad, conocimiento, coraje y amor, el sitial de una sociedad civilizada como se las merecen nuestros queridos viejos. Así, al morir, se sentirán tranquilos al despedirse, dejando su descendencia ¡por buenas calles! Y a nuestros hijos, en lugar de una promesa de muerte, como sucedió en el caso de Oliver, dejarles madres orgullosas, venidas de cualquier rincón del planeta: de la América colombiana, como la madre de Maduro, o de Europa, como la madre de Yordano. Dejar atrás odios y recelos para sembrar amor hacia todas las familias en tierra venezolana. Démosle como hijos la satisfacción de cumplir nuestro deber de respetar el suelo del padre de la patria, Bolívar, y su soberanía popular, principio y fin superior de la democracia. ¡Que sea el pueblo, mediante su voto, el que decida si te vas o te quedas Nicolás!

Estos días de junio darán la clave al bravo y noble pueblo venezolano. ¿Tendrá su ejército vocación democrática para volver a ser forjador de libertades y auténticamente bolivariano? ¿Se basará nuevamente en el valor que ofrendó su sangre en Carabobo para ganar la libertad y ahora le acompañará en su exigencia constitucional de revocar un mandato aplicando la constitución y respetando su soberanía? ¿O será un ejército de ocupación y dictadura contra el que tendremos que luchar? Ya lo veremos por estas calles, y en estos próximos días de junio.