• Caracas (Venezuela)

Luis Betancourt Oteyza

Al instante

La Guerra

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“Lo imposible es el fantasma de los tímidos,

y el refugio de los cobardes”. Napoleón Bonaparte

Mucho se ha escrito sobre el anunciado, para algunos esperado y hasta añorado, “sacudón” de Maduro. Era la expectativa de un cambio económico y para muchos resultó un fiasco porque Maduro no los complació; no se comportó como una persona sensata y seria. No promovió un gran viraje para evitar el fondo de un abismo que hace ya 15 años transitamos. Es de verdad sorprendente esa desilusión que se asemeja más a una estupidez que a la simple sorpresa. Esos frustrados no terminan de entender qué pasa ni dónde viven. El peor de los engaños resulta de pensar que otros tienen nuestras mismas intenciones y no sus excluyentes propósitos.

Me explico: a Maduro no le interesa Venezuela. Maduro no es venezolano. Maduro no es ni siquiera un militante del Partido Comunista colombiano; él es un disciplinado militante del Partido Comunista cubano. Maduro es un agente de Cuba, escogido como sucesor de Chávez no por el agónico traidor ni su entorno. A Maduro lo escogió para suceder en el cargo a Chávez, y a como diera lugar, el Alto Mando Militar cubano. Maduro tiene que mantener la ayuda económica a la dictadura comunista cubana a costa de lo que sea, y eso implica el hambre de los venezolanos. El que no entienda esto, no puede asimilar lo que pasa en Venezuela, ni lo que pasará mientras Maduro, y su camarilla, siga en el poder. Maduro no es una casualidad; fue puesto allí porque le da garantía a los hermanos Castro de seguir manteniendo su tiranía, así los venezolanos se mueran de hambre. El símil más cercano es la explotación colonial del Congo, como posesión personal del rey Leopoldo de Bélgica, que no aportó nada a esa nación africana mientras la secaban de todo lo imaginable: diamantes, caucho, marfil, esclavos, etc.  Los castristas cubanos son nuestros dueños y los venezolanos, civiles y militares, sus súbditos, vasallos y esclavos.

Si hacemos un pequeño ejercicio de memoria periodística podremos recordar que mientras se fraguaba el sacudón anunciado, Maduro viajó en tres oportunidades –las descubiertas– a Cuba para preparar sus “cambios”, y mientras aquí, desde Fedecámaras hasta la MUD, esperaban el golpe de timón macroeconómico, lo que se impuso fue más cubanización castrista. En efecto, lo que muchos han despreciado como un enroque de ministros y más burocracia resultó ser la implantación de una estructura, inconstitucional vista desde nuestra pobre Constitución, pero muy de acuerdo con lo dispuesto en la constitución de Cuba. Así es como, de conformidad con lo previsto en los artículos 95 al 101 de la Constitución de la República de Cuba, se creó otra figura no prevista en nuestra pobre bolivariana, como la llaman los más desprevenidos, cuales son los “Consejos Presidenciales de Gobierno Popular” con las atribuciones que establecen los artículos 95, 96, 97 y 98 de la Constitución cubana. Es lo que explica la nueva función de los “degradados” Jaua, Ramírez y Rodríguez, con su comparsa en Economía, Soberanía Alimentaria y Conocimiento; una nueva jefatura colegiada que responde a los cubanos para garantizar nuestra expoliación.

Luce dramáticamente divertida la frustración de empresarios y voceros de cierto sector mediático de la oposición, escenificados ingenuamente por el comunicado de la MUD, ante la aparente ausencia de “cambios” porque no han sido capaces de ver el verdadero cambio, que no es otro que la nueva palanca de sometimiento de Venezuela a otro país. Y cuyo único objeto no es dirigir mejor o peor a los venezolanos, sino asegurar a los castristas cubanos los recursos que necesitan para mantener su tiranía y su poder. Nada más.

Muchos histéricos han desviado sus críticas hacia un supuesto exceso de poder de algunos generales en puestos de  gobierno, acusando un mayor énfasis en el militarismo de la administración, sin entender que lo que está en ejecución es una mayor férula cubana sobre Venezuela, y a espaldas de las FAN, distraídas en oportunidades, para sus cúpulas escogidas entre generales que no lo son, de medrar y en un batallar contra una fuga de bienes imparable: los tienen en la frontera entretenidos en agarrar pimpinas de gasolina mientras la soberanía se les escurre por los dedos y a sus espaldas. Triste papel para los que se dicen “herederos del Ejército Libertador”.

Mientras todo esto ocurre, y ocurre fatalmente, se nos quiere distraer en una discusión falsa entre los que apoyan la Salida, es decir la calle para salir de esta tiranía cipaya, mediante la protesta popular hasta que alguien en las FAN se dé cuenta de lo que pasa, y los que se empeñan en transitar el falso camino electorero como el único. ¿Por qué es una discusión falsa? Pues, porque las dos acciones pueden ser correctas si se entienden como medio y no como fin. ¿Cuál es el fin de los demócratas, de los venezolanos que aspiramos a volver a ser soberanos y libres? Pues, derrocar la tiranía que nos aplasta en beneficio de un gobierno extranjero y reinstaurar la república en Venezuela. ¿El medio? El más eficiente si apunta a ese objetivo: una manifestación de los cuadros honorables militares exigiendo un cambio de régimen, bien; una conjunción de civiles y militares para reinstaurar la soberanía y luego la república, así se tenga que sufrir una dictadura restauradora, bien; un gran movimiento ciudadano que acorrale a las fuerzas de ocupación y sus cipayos, y los obligue a abandonar el país, bien. Embarcarnos en otro proceso electoral como método insurreccional que lleve al pueblo, no a bailar salsa, sino a exigir por la fuerza cualitativa de su poder popular desatado derribar nuestro Muro de Berlín, bien. En fin, hay toda una gama variopinta de vías y posibilidades, para lograr lo irrenunciable: recuperar nuestra condición de nación soberana, reinstaurar la república, con sus poderes distintos y separados, en defensa de la libertad de los venezolanos, y reconstruir el país con los recursos propios que hoy se regalan a quienes nos tienen sometidos. La estrategia sería: “La calle apoyando una salida y no unas votaciones aplastando a la calle”.

Dicen los economistas que saben de eso que solamente con parar la entrega de nuestros recursos petroleros a los hermanos Castro y vender ese petróleo, recuperaríamos a corto plazo nuestra capacidad de atender a los venezolanos.

Sin embargo, lo que antes suena sencillo y hasta de Perogrullo resulta difícil por dos elementos que todos hemos identificado: la represión oficial, dirigida y hasta ejecutada por agentes cubanos en nuestras fuerzas policiales y militares, y la sumisión de actores de la llamada oposición al régimen. No se trata de plantear divisiones en las filas de los que dicen adversar al chavismo, sino de exigir una diferencia y neutralización de quienes se muestran más decididos a soportar el régimen pelele que en combatirlo. Hay, por ejemplo, unos columnistas periódicos que defienden a ultranza el sistema electoral perverso, montado para todas las trampas ensayadas y por inventar, que me hace sospechar que reciben chambas, estipendios o mesadas regulares y substanciosos del CNE o de cualquier otra cueva de malandros oficiales. No es sensato suponer ingenuidad o tontera en caimanes que se dedican con más ahínco a atacar a quienes critican el sistema electoral que a quienes han arruinado al país; a los primeros se les acosa con afán fascista mientras a los amigos de Maduro ni se les toca. Curioso, ¿verdad? Algunos han sido hasta promovidos a jefaturas, insustanciales pero bien distinguidas para sus patrones. Deberían recordar el viejo consejo de que la democracia es la necesidad de inclinarse de cuando en cuando ante la opinión de los demás...

Pero dejemos a los que no sirven ni para esbirros y concretemos nuestro mensaje.

El sargento Cabello declaró que los actuales opositores “...van a gobernar más nunca. Ni por las buenas ni por las malas” –El Universal, 1° de septiembre de 2014–. O sea, que las elecciones, como medio de alternancia o renovación de poder están descartadas para los venezolanos; que no nos queda sino la insurrección, ante la cual nos amenaza con la peor de las represiones. Muerte o sumisión de por vida. No obstante, se nos vuelve a invitar a votar una vez más para unas parlamentarias que no se sabe si se realizarán ni en qué condiciones las preparará el chavismo de Maduro y Diosdado, lo único que nos dice lo que queda de la MUD es que tenemos que votar, aunque no nos garanticen si vamos a elegir. Ya votamos en 2008, y ganamos con una mayoría de 52%, pero perdimos. Y lo que no perdimos nos lo arrebataron con jueces y manoplas. Hoy la oposición tiene menos diputados que los que les concedió el CNE, a regañadientes, pero a la MUD eso no le importa. Lo que les importa es estar. De la vieja MUD podríamos decir que hizo mucho bien y poco mal, pero el bien lo hizo mal y el mal lo hizo bien. Pasemos esa página.

Esas elecciones de finales de 2015 son importantes, pero no para volver a engañar a los electores, sino para prepararlos con acciones previas que garanticen sus derechos; es decir, que las votaciones vuelven a dejar de ser importantes frente a la posibilidad de resaltar las acciones de los electores que desde la calle pueden ir construyendo una salida otra vez. Recordemos que no se trata de tener elecciones para salir del chavismo, sino salir del chavismo para tener verdaderas elecciones.

El gran dilema nacional es optar entre hacer de Venezuela una nación o mantenerla como colonia; reconstruir una república o seguir en tiranía; vivir en democracia o bajo una dictadura. No hay más. Y mientras algunos dicen que ese dilema, planteado así, nos puede llevar a una guerra civil, recuerdo a un amigo que, con muchas luces, llanero al fin y con esa intuición de los que pisan con cariño la patria, me advirtió que lo que está planteado no es una contienda civil sino una guerra de independencia. ¿Habrá una fuerza cívico-militar capaz de pelearla otra vez? ¿Nuestros soldados estarán dispuestos a merecerse el calificativo de “herederos del Ejército Libertador”? ¿O seguirán al servicio de los cubanos? Recordemos con Nelson Mandela que: “Si esperas las condiciones ideales, nunca se darán”. Venezuela no puede esperar más. Ya basta.