• Caracas (Venezuela)

Lorena González

Al instante

La materia indescifrable

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Hace unos días las variables de un pequeño gesto que estaba haciendo estallidos dentro de un objeto en apariencia irrelevante, me hicieron encontrarme con una situación particular. Era un rectángulo diminuto y sereno, de algún modo extraño estaba pleno de aristas que transmitían la marca voraz del deterioro pero de una forma inesperada, novedosa, bella. En sus ángulos corrían a contrapunto las ramificaciones de la tinta, superaban al color para restablecer la ausencia, se hincaban en el papel, remarcando al mismo tiempo las pátinas asombradas de un origen elevado, superior, desvanecido.

Lo vi de reojo, apurada por los llamados del trabajo, imbuida en las cargas urgentes de otro proceso que en ese mismo lugar debía culminar. Sin embargo, su poder permaneció en mi mente. Se asentó como una persistencia soñada, como una silenciosa obsesión. Taimado, grisáceo, lleno de nostalgias y de cálidos tonos respiraba también de la esencia dolorosa del negro constante, mientras el mar profundo del rosa viejo abría caminos a la ferviente vida de un trazo casi imperceptible que hurgaba en la memoria, en el vacío de la muerte, en la cadencia de lo que no está. El objeto en cuestión era una muestra de pintura, intervenida por las reflexiones tangibles de la artista Mercedes Elena González.

Inaugurada el domingo 21 de septiembre en la mezzanina de la Sala Mendoza, la exhibición lleva por nombre Imágenes de una integración fallida y reúne la labor que desde el año 2011 esta artista desarrolla en torno a la imagen del primer número de la Revista Integral. Este proyecto editorial desplegó en su momento una acuciosa investigación sobre los enlaces entre arte y arquitectura como paradigmas reveladores de un nexo que respondía a tópicos fundamentales de estas estrategias, como entidades aglutinadoras de las estructuras cívicas del bienestar social, la modernidad y el progreso. La portada fue diseñada por Carlos González Bogen y salió en septiembre de 1955.

A partir de las tramas visuales allí plasmadas, Mercedes Elena González ha desarrollado una serie de trabajos con el mismo nombre del mes y el año inaugural de la revista. En cada uno de ellos, el pliegue intercala preguntas personales sobre una memoria individual y colectiva que se extiende desde los pequeños formatos hasta superficies más amplias, para consolidar una progresión que el curador Juan Ledezma titula como "geometría melancólica", y que de algún modo también nos traslada hacia el choque con dos caminos inherentes pero de dirección opuesta: la utopía noble de un pasado pleno de grandes dimensiones y la distopia de un presente colapsado por la ruina y el deterioro.

Lo crucial en estas piezas es que no demandan esa información para lograr el sobresalto de la mirada. Están allí, calladas y delirantes. En algún momento su recuerdo me llevó a otros lugares. Durante muchos años practiqué el teatro como oficio y la literatura como estudio. Tiempo después las artes visuales me capturaron. Aquel pequeño rectángulo en la vitrina de la exposición encerraba en cierta forma la clave del por qué; en su viviente materia visual estaba la esencia, la posibilidad única de contener los rasgos más febriles de cada una de las otras disciplinas: la permanencia medular de la literatura y la fuerza efímera del teatro, al unísono y en un solo movimiento.