• Caracas (Venezuela)

Lorena González

Al instante

Las iPhoneografías de Ricardo Gómez Pérez

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Sorprende encontrar, dentro de los complejos paradigmas de la iconografía actual, el ejercicio de una imagen que se transforme en un lúcido golpe de timón, giro perspicaz que de algún modo reconduce las grandes dudas que tenemos con la fotografía reciente. Es una suerte hallar ese testimonio y mirar de frente las variables de un material que destaca por su valor creador y su impronta dentro de los pululantes millones de trazos con los que se conforma la contaminada biosfera de la superproducción contemporánea. Incluso, ese cuerpo de trabajo nos atrapa mucho más si sabemos que proviene de un teléfono celular, instrumento con el que se ha multiplicado como nunca, la manufactura de imágenes.

La particularidad de este valioso hallazgo es la ruta que destaca en la muestra individual que bajo el título Recorridos habituales, recopila la obra fotográfica de Ricardo Gómez Pérez desde el año 2007 hasta la actualidad. A pesar de su amplia trayectoria como fotógrafo, es la primera individual del artista en el país y se encuentra en la Beatriz Gil Galería. Está diseñada bajo la curaduría de Ruth Auerbach, quien desde un repertorio de más de 5.000 imágenes, organizó y seleccionó junto con el artista un preciado material museográfico de 47 piezas divididas en 3 segmentos con las denominaciones seriales: Botánicas, Objetos y Urbe.

A mediados del año pasado tuve la oportunidad de entrevistar a Gómez Pérez con motivo de su participación como jurado en el proyecto de Instagram de Banesco. En esa oportunidad conversamos ampliamente sobre el tema de la imagen digital; siendo Ricardo un fotógrafo de destacada trayectoria en el medio analógico me parecía adecuado profundizar con él sobre los temores, las sombras y las constantes limitaciones que la mayoría de los artistas ven en la fotografía realizada a través de la telefonía celular.

Recuerdo con deferencia los temas relativos al uso de filtros propios de la técnica y a las barreras que una imagen originada en Instagram puede concretar a la hora de imprimir, estableciendo el uso de determinados formatos en su mayoría pequeños, merced a la baja resolución de la foto. En ambos aspectos el artista me comentó que no encontraba ningún inconveniente sino un reto potencial. Para él los filtros eran una ganancia que superaba con creces las antiguas intervenciones de revelado y las gamas probables perseguidas a través de químicos que tardaban horas en el laboratorio: "El filtro ofrece esa posibilidad al instante, siempre y cuando se maneje con la conciencia de profundizar en un tipo de trabajo, en algo que se quiera decir". La ampliación tampoco fue vista por él como un mal mayor: "Es un reto trabajar la imagen para exhibirla, necesita constancia; pero se pueden conseguir buenas copias, incluso de 50 x 50 cm".

Con su exposición, todas estas premisas pasaron del diálogo a la materialización en el espacio museográfico. En la muestra los impedimentos aparentes del formato se abrieron como la extraordinaria posibilidad de lograr una imagen única. Así, el oscuro rumor de la técnica y sus mitos fueron doblegados por la disciplinada experiencia de una sensibilidad que leyó en las bocacalles para convertir a la debilidad aparente en alquimia. Se convocó entonces el sentido propio de lo fotográfico: relato, poética, trascendencia y metáfora de lo habitual.