• Caracas (Venezuela)

Lorena González

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Lorena González

La fotografía de Alfredo Cortina

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Durante el año 2012 y como parte de los conjuntos curatoriales que estuvieron presentes en la Trigésima Bienal de Sao Paulo, el curador y fotógrafo Vasco Szinetar fue invitado por Luis Pérez Oramas, curador de aquella edición titulada La inminencia de las poéticas, a participar dentro de la Bienal con un grupo de piezas inéditas de Alfredo Cortina.

En aquella ocasión Szinetar presentó un inquietante conjunto que produjo Cortina como fotógrafo aficionado. En ese grupo de archivos reorganizados por la mirada actual del curador, la poeta Elizabeth Schön –esposa de Cortina– funge como la única modelo de un sistema de imágenes caracterizadas por una composición extrañamente repetitiva. Allí, la misma pose se iba metamorfoseando en distintos momentos junto a los movimientos del paisaje y las transformaciones del entorno, lugares que la pareja parece haber transitado a lo largo de sus vidas.

En palabras de los curadores, esta acción para la cámara de Cortina (consciente o no) está cuestionando la noción de paisaje al mismo tiempo que hace hincapié en la naturaleza desconocida y pintoresca de una realidad observada y desterrada de sí, distanciamiento que se genera por una captura donde el punto de vista, la subjetividad del fotógrafo y la de la modelo surgen completamente neutralizadas para abrir el paso a las diatribas de la existencia.

Es importante recordar que Alfredo Cortina fue uno de los fundadores de la radiodifusión y la radio moderna en Venezuela. Como guionista de radio y televisión escribió radionovelas, programas culturales, adaptaciones de historias infantiles, series de ficción y telenovelas, además de dramas y comedias para teatro. A lo largo de su vida fue parte de un grupo de intelectuales y artistas, entre quienes estaban, además de su esposa, la poeta Ida Gramcko, la pintora Elsa Gramcko, Carlos Puche (pionero de la fotografía moderna en Venezuela) y el filósofo Ernesto Mayz Vallenilla.

Luego de dos años y con la intención de profundizar en estos recorridos, la exposición ha sido traída a Venezuela e inaugurada el 26 de abril en la Sala Mendoza. Al formato original desplegado en Sao Paulo se le ha unido una nueva dinámica museográfica que propició la intersección original de una organización cronológica distinta dentro del recorrido visual, una narrativa en la que formatos diversos se alternan junto a una compilación de archivos, libros, fotografías familiares y documentos que formaron parte de la vida de esta pareja de creadores. El catálogo cuenta con textos de Luis Pérez Oramas y de Ariel Jiménez, quien también participó junto con Vasco Szinetar en la museografía de la exposición.

Tuve la oportunidad de ver esta muestra en la Bienal de Sao Paulo; sin embargo, es ahora en su contexto específico y en el mío propio cuando creo que surge en todo su esplendor como documento visual contemporáneo. Aquí, en un país cuyos recodos se desplazan hacia la nada y donde la memoria parece una imitación bastarda de la ilusión, es cuando paso a paso la entidad de la protagonista nos va guiando, en ese estar y no, en una frágil continuidad que es el desvanecimiento constante del sí mismo y su periferia, mientras los confusos vaivenes del tiempo redactan el hermético fragmento de la vida y la muerte. Un turbador espejo crucial de nuestro efímero paso por las inestables cadencias de cualquier territorio.