• Caracas (Venezuela)

Lorena González

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Lorena González

El boceto crucial: Elsa Gramcko

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Pocas veces una estrategia visual se convierte en un multiplicador infinito del sentido. Algo así, porque complejo es definirla, es la obra de Elsa Gramcko. Pocas veces también, una inquietud primaria trasciende los avatares de la velocidad en tiempos de crisis. Sin embargo, algunos destellos confirman que es necesario seguir haciendo y alojar en la generosa singularidad del mundo a esos relámpagos perentorios que por extrañas razones otros pasaron por alto; poniendo especial énfasis en la obra de aquellos que aún tienen mucho que decir en este presente atiborrado de arbitrariedades.

Una muestra y un momento pueden ubicar al espíritu que batalla dentro del caos en la serenidad transitoria de la fe. No en vano, en la obra de Elsa Gramcko comulga la polaridad profundamente armónica y disonante de estos opuestos. Por muchos años cultivó el coloquio interior con ese movimiento para revivirlo en la oscura simbiosis de los elementos usados, enigmas del ser y del contexto que anidaron en cada una de sus estructuras, desplazamientos incesantes de un alma que se volvió materia y de una materia que es alma: fusión y discontinuidad, halo y sombra, conflicto y serenidad, templo y ruina; todo a la vez, al unísono.

De ese murmullo indescifrable la Asociación Cultural Humboldt nos brinda un pequeño y revelador bosquejo desde mediados del mes de octubre. La exposición se titula A orillas del origen y cuenta con la curaduría y gestión de Rebeca Pérez Gerónimo y Melina Fernández Temes, dos jóvenes voluntades que han decidido explorar en las profundidades de Elsa Gramcko e Ida Gramcko, perspectiva amplia que devela el nexo que Elsa construyó con su hermana la poeta Ida, esa filósofo de la palabra que desenterró a la metáfora desde la muerte del lenguaje. Además de una excelente selección de piezas la muestra funciona a contrapunto entre las reflexiones y la vida de ambas creadoras, un ejercicio donde el archivo sirve de puente para desplegar un diálogo nutrido por charlas, lecturas, puestas en escena y encuentros diversos.

En esta cadena de enlaces donde tuve la oportunidad de participar también se hizo manifiesta una invalorable sucesión. Ese sábado, atamos los cabos de inquietudes múltiples y desperdigadas que vinieron a unirse gracias a esta iniciativa. Recordamos ese río profundo que la obra de Elsa ha consolidado en nosotros. Vino a la memoria mi encuentro con el conjunto de piezas que atesora la Colección Mercantil gracias al engranaje construido por Tahía Rivero; el enlace con la pasión gramckiana de Luis Felipe Farías, las voces en torno a la obra, mis aventuras sin norte tras su infancia en Puerto Cabello y la pesquisa en la casa de Los Rosales, hogar de la madurez donde la reflexión se hizo muro, horno, centro. Finalmente mi curso del año 2008 en la Escuela de Letras de la UCV, cultivo que abrió en Rebeca Pérez Gerónimo el impulso de una investigación que hoy concluye como un espacio tangible dispuesto por nuevos vínculos. Casi sin pensarlo, en esta progresión de vacíos e ilaciones, todos fuimos y somos partes de una gran pieza de Elsa, tan conocedores como ignorantes de ese boceto crucial que caracteriza cada una de sus obras: un final de los tiempos que es también vuelta al origen; allí, en el axioma insonoro de una “imagen 0”.