• Caracas (Venezuela)

Lorena González

Al instante

Un alma diferente

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Muchas veces no tenemos la percepción exacta de lo que algunos hechos significan. Llegan a nosotros como si nada, desplazándose por las cándidas veredas del azar. Es la intuición, con su secreta cadena de decisiones imperceptibles, la responsable de colocarnos en aquellos lugares adónde no sabemos muy bien por qué llegamos, pero desde los cuales se enarbola todo un tejido de oportunas consecuencias que explican el por qué estuvimos allí. La vivencia de ese fluido tiempo que convive junto al ocupadísimo y expectante minuto del día a día se lo debo a la figura de la profesora Nelly Barbieri, artista, investigadora, académica y promotora del arte contemporáneo, que llegó a mi vida profesional unos pocos meses antes de su desaparición física el pasado 16 de diciembre.

Nuestro encuentro fue producto de la contingencia en el diplomado de arte contemporáneo que coordinó en alianza con la Sala Mendoza y la Unimet. En la segunda etapa quiso el destino que la imposibilidad de un docente me colocara en la línea directa para dar el curso Nuevos ámbitos. Producción del arte y consumo en los procesos del siglo XXI. Nos reunimos varias veces y revisamos en conjunto el programa, lo reestructuramos y lo comentamos. Nelly acompañó mi impulso con observaciones puntuales con las que me brindó la posibilidad de debatir en un nuevo campo, otorgándome al unísono bibliografías y líneas de investigación que de algún modo reenfocaron muchas de las inquietudes solitarias que he tenido en torno al mercado del arte, a su producción actual y a las relaciones de la obra en esa agitada aldea global que es la vida contemporánea.

El intervalo del diplomado, cuyas actividades finalizaron a finales del mes de noviembre, fue todo un éxito. La fuerza creadora de los alumnos iba a contrapunto con una aguda estructura organizativa diseñada por Barbieri, quien dinamizó a través del engranaje de cada programa un grupo de sólidas relaciones que les permitió a los estudiantes visualizar en un compás amplio y profundo lo que es y lo que sobrelleva el arte de nuestra contemporaneidad. Como docente fue una experiencia renovadora que transformó ese episodio semanal de un trabajo más en una de las labores más gratificantes y nutritivas que logré desarrollar en los últimos meses de este año tan sombrío para todos los venezolanos. Nelly, aunque batallaba con el regreso de su enfermedad, nos acompañó hasta el último instante, atenta al correcto desarrollo del período académico y a la luminosa conclusión del proyecto, tal como nos lo hizo saber en la carta de agradecimiento que redactó el día 4 de diciembre para todos los profesores.

Aunque fue breve el período de nuestra relación profesional, comparto con muchos que trabajaron con ella en las instituciones museísticas del país y con todos los que fueron sus alumnos la generosidad, la disciplina, la pasión y la apertura que la convirtieron en una de nuestras más contundentes promotoras del movimiento cerámico en Venezuela, así como en una de las investigadoras que con mayor lucidez supieron ahondar en los problemas actuales del arte. Sirvan estos días de reflexión para recordarla desde allí, para sabernos parte de su mirada crítica, y para –conscientes de ello– continuar sembrando con ese mismo ímpetu que la caracterizó en vida las invalorables aristas de su legado.