• Caracas (Venezuela)

Lorena González

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A mediados del mes de febrero el espacio fotográfico Cubo 7, en el Parque Cultural Hacienda La Trinidad, inauguró la muestra Barco encallado, instalación de una delicada selección de imágenes que pertenecen al amplio conjunto que Fina Gómez realizó en la década de los sesenta en las costas de Quiberon, localidad francesa situada en la región de Bretaña.

La serie forma parte de un trabajo exhibido en distintas oportunidades en el Museo de Bellas Artes y en el Centro de Fotografía Conac. En esta ocasión nos encontramos con este inusitado apunte del tiempo, gracias al grupo de fotos preservadas por la investigadora y curadora María Teresa Boulton, quien cedió las fotos originales que integraron la muestra.

La exposición destaca porque no solo trajo consigo los albores recónditos de una imagen que nos sigue lanzando preguntas por detrás de la mirada. A propósito de la muestra otros despuntes asentaron las líneas de sus inquietudes: un ciclo de tertulias en el que se conversó ampliamente sobre fotografía femenina y en el que distintas trayectorias generacionales encontraron un lugar, coincidiendo en la necesidad de continuar con la apertura, discusión y exhibición de aquellos caminos que aseguren el surgimiento de precedentes más plurales y equitativos en las volubles cartografías de género: mostrar un ejercicio no reconocido, poco difundido y en su mayoría no documentado. En períodos de olvido y oscuridad la única forma de resistir es seguir haciendo.

Algo de testimonio crucial tienen en sí las imágenes exhibidas. En la tarjeta postal están acompañadas por esa Biografía del mar que Ida Gramcko escribió para las ruinas de aquel barco a un tiempo silente y polifónico que relató Fina Gómez con su cámara, texto que formó parte del libro de la fotógrafa titulado 0 grados norte franco. En la sala expositiva, cada imagen se convirtió en el paso descarriado y lúcido de una poética del instante en la que la voluptuosidad del grano mide y penetra, profundizando en el movimiento de lo que se desvanece y de lo que surge, elevando y en cierto modo inmortalizando los reveses y luminosidades de una bitácora tan hermosa como fatídica. 

En este golpe doblegado de la imagen surge también la autora. Fina Gómez es una pionera de la fotografía. Su carrera comenzó a muy temprana edad en territorialidades cruzadas por el desconcierto, pero asumidas con una pasión por la representación que la convirtió en una autodidacta inusual. Viajes, exilios, regresos, mundos alterados se aferraron a su percepción. Ella los tradujo, reconstruyendo desde distintas matrices las marcas de la vida y la muerte, dilatadas mediante una visión encandilada del mundo como terruño.

Fina es la única mujer que ha logrado ser Premio Nacional de Fotografía en nuestro país, galardón que le fue otorgado en el año 1992. Detrás de ella y gracias a este espacio abierto por Cubo 7 están todas las mujeres que continúan trabajando por la fotografía, todas las que la practican y las que la estudian, las que archivan y documentan, las que escriben, las que resguardan y tutelan; están también las que como aquella niña de la biografía del mar de Gramcko insisten en alzar el rostro y confrontar el afuera, para que en la historia futura de los galardones no exista un margen tan desigual como el de "solo una" frente a 99%.