• Caracas (Venezuela)

Lorena González

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Lorena González

Iluminaciones, lecturas y atajos de una historia cercenada

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El sábado 1° de noviembre tuve el gusto de acompañar al curador Félix Suazo en una charla sobre una de las mejores propuestas curatoriales que ha recibido el arte venezolano reciente: Panorámica: arte emergente en Venezuela 2000-2012. Esta potente colectiva de nuestras artes visuales fue inaugurada a comienzos del mes de octubre con el valioso apoyo de la Fundación Telefónica y podrá ser visitada por el público hasta mediados de noviembre en los espacios de la Sala TAC del Trasnocho Cultural.

En mi intervención me tocó ahondar en los complejos procesos de la producción editorial (libros, catálogos y artículos) que han tenido o no lugar en esta convulsa etapa. Esto implicó la inevitable zambullida en un vacío historiográfico que continúa siendo uno de los más confusos nudos de las soledades, malentendidos y abismos que han caracterizado el desarrollo de la movediza cartografía de la producción contemporánea. Tanto yo como los participantes debimos dialogar desde una zona un tanto fantasmal, apuntando hacia ese complejo periplo de arbitrariedades, rutas, extravíos, aciertos, irradiaciones y sombras que proyectan una amplia gama de inquietudes con respecto a nuestras formas de producción, difusión y asentamiento de los problemas del arte más reciente.

A la par que recordamos ese extraño capítulo que suspendió las políticas editoriales en los museos venezolanos a comienzos del siglo XXI, por considerar el libro de arte como un "objeto elitista"; también nos extendimos hacia todo el ciclo de grandes etapas de silencio que ocasionaron una implosión en la labor creadora hacia espacios independientes y no oficiales de la cultura. Fue así como cotejamos que aunque el Estado ha retomado con intermitencia algunos nortes, luego de más de diez años de elipsis parece cada vez más compleja la tarea de esa revisión pendiente, en un país, en una sociedad y en un mundo que es ya otra cosa.

Sin embargo, esta fractura inevitable se abría también para celebrar el diálogo abierto de sesenta artistas venezolanos en el espacio expositivo y el asentamiento de una pequeña columna vertebral que podrá permitirnos en el futuro hilvanar las secuelas desperdigadas de una gran producción no registrada en los archivos y en las colecciones de nuestra tasajeada institucionalidad. En este punto, fue crucial el poner en claro dos ángulos fuera de foco: el primero, la errónea finalidad de imputar a las instituciones privadas y a los esfuerzos particulares por no acompañar o cubrir en su totalidad las amplias ordenaciones que han surgido en la producción de todo un país, asunto que es responsabilidad directa del Estado; el segundo, entender que una panorámica como esta brinda la secreta posibilidad de entrar y salir de sus consideraciones, un boceto crucial en el que diversas zonas de acción abren el paraje necesario de vigor y quiebre para el surgimiento de otras exploraciones y conjuntos, vibrando desde su propia perspectiva sobre diez años de tachaduras, líneas efímeras y borrosos paisajes. Si usted no está de acuerdo, si le parece que falta algo, pues tiene ahora la oportunidad de organizar su desacuerdo y exhibir el conjunto argumentado de sus inquietudes: agregar sin destruir y disentir desde lo positivo, para caminar en el sentido contrario a ese imperio de la ruina que tanto daño ha hecho en la Venezuela de los últimos años.