• Caracas (Venezuela)

Lorena González

Al instante

Gerencia y contemporaneidad

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Todo comenzó como si nada complicado estuviera pasando. Lo cierto es que, tan solo en un año, el vuelco que la mirada gerencial de la artista y docente universitaria Lourdes Peñaranda le ha dado a los caminos expositivos del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia han sido determinantes. No solo por el carácter prolífico de una propuesta que ha llenado de exposiciones los inicios de este período, sino por una apuesta que demuestra que en contextos de crisis sí es posible desplegar el crecimiento de nuevos modelos de gestión, siempre y cuando estén claros los objetivos y establecidas las alianzas que desde la creatividad logren engranar las voluntades que afianzarán el desarrollo exitoso del proyecto.

El sábado 19 de septiembre el Maczul inauguró lo que definieron como una Fiesta del Arte: un evento en el que múltiples actividades se alinearon con la inauguración de cuatro nuevas exposiciones, episodio de estaciones diversas que llenaron de videoarte, música, performances y desfiles los 5.000 metros cuadrados de la institución, albergando un aproximado de casi 1.000 visitantes. En este caleidoscopio la tienda del museo también celebró su primer aniversario, un área dinámica e inutilizada que la misma presidenta habilitó con la ayuda de la curadora María Teresa Govea y cuya atractiva puesta en escena fue construida mediante el reciclaje de una buena cantidad de elementos museográficos que se encontraban abandonados en el depósito.

En cuanto a las muestras presentes destacan las individuales de dos jóvenes creadores marabinos que hacen vida en otros países. Con el título Que tengas un cuerpo: superpolítico y apátrida, Hugo Palmar presentó en la Sala Lateral, con curaduría de Jimmy Yánez, un conjunto de piezas que desde la pintura, el dibujo, el video y la instalación socavó los laberintos de una humanidad azotada por el peso del poder, carcomida por el deseo y fracturada por su propia arbitrariedad. A este paso fantasmal entre la razón y el sueño, le siguió en la Sala Base la exhibición del artista Marco Montiel Soto con la instalación Tod In Die Tropische Erde. “Por favor no me dejen morir”: Noticias desde un limbo tropical, propuesta con la que reta la fisicalidad del espectador al sumergirlo en un extraño bosque vernáculo que exacerba la visión exaltada del trópico diseccionada repentinamente por la violencia, la muerte, el descuido y la aridez.

En la sala 5 y en la sala 1 y 2, otras miradas abren el campo a la revisión del pasado para palpar la contemporaneidad. La muestra de fotografías de Alfredo Cortina del Archivo Fotografía Urbana es una de ellas, acciones para la cámara que bajo la mirada del curador Vasco Szinetar se han vuelto un grupo preconceptualista de gran valor para los campos de la autorrepresentación contemporánea. Finalmente, la curaduría de Luis Ángel Duque con obras de la Colección, una muestra que comporta una lectura delirante en la que se cruzan los talantes de nuestra historia pictórica junto a los lenguajes de cinco artistas puestos en relación con las piezas: Azalea Quiñones, Teresa Gabaldón, Richard López, Elsy Zavarce y Natalya Critchley; diálogos alterados que inoculan el estallido de universos paralelos en un itinerario que abarca desde escenas alusivas al entorno doméstico hasta los trazos quiméricos de incandescentes urbes: un nudo de vasos comunicantes en el que materias, texturas, ruinas y soportes se abrazan a los avatares inexplicables de la creación.