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Miguel H. Otero: “Venezuela es una dictadura y lo que viene puede ser terrible”

Otero criticó que a la OEA no se le permita funcionar como observador internacional en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre | Foto: El Comercio

Otero criticó que a la OEA no se le permita funcionar como observador internacional en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre | Foto: El Comercio

El presidente editor de El Nacional explicó que la justicia en el país funciona como la Stasi en la Alemania Oriental. Se crean expedientes para detener a las personas y evitar fugas. "A lo mejor al cabo del juicio se demuestra tu inocencia, pero ya pasaste 10 años preso", dijo

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El presidente editor del diario El Nacional, Miguel Henrique Otero, dejó ayer Lima y sus próximos destinos son Costa Rica y España, donde recibirá el premio Luca de Tena por su trayectoria en defensa de la libertad de prensa en las condiciones más adversas.

Desde el 2003 es vicepresidente de la Comisión para la Libertad de Expresión de la SIP. Se le reconoce como pionero del uso de las nuevas tecnologías.

— ¿Qué ha denunciado en los países que ha recorrido?

Que lo que pasa en Venezuela es muy grave, no es solo la desaparición de la libertad de expresión y que se haya instaurado una dictadura. El país con las reservas de petróleo más grandes del mundo puede caer en una crisis humanitaria como la que asoló Haití hace unos años, Bangladesh o Sri Lanka. La crisis alimentaria es muy grande, no se consiguen productos, la inflación supera el 200% y las cosas empeoran cada día.

— ¿Cómo toma las reacciones tibias o indiferentes de los gobiernos de la región frente a lo que ocurre en su país?

Nos sentimos muy aislados y muy olvidados por los demócratas del mundo. En los tiempos de Chávez la complicidad, la indiferencia o el agradecimiento por su chequera eran muy grandes en varios países.

— ¿Eso continúa inalterable?

Está cambiando, pero todavía priman el interés geopolítico y la complicidad. De todas maneras, se ha empezado a generar una toma de conciencia de que Venezuela es una dictadura y de que lo que viene es terrible.

— ¿Hay señales concretas de esa toma de conciencia?

El Congreso brasileño ya nombró una comisión, en la que incluso está el partido de gobierno, para evaluar la "democracia" venezolana. Esperamos que se repita en otros países.

— El régimen de Maduro y sus defensores dicen que no ha habido período con más elecciones que el de los últimos 15 años y que ello es prueba de que existe una democracia.

El único argumento que les queda para decir que en Venezuela existe democracia es que hay elecciones. Hacerlas no significa que haya democracia. Kim Jong-un acaba de ganar una elección con 99,9% de los votos. Nadie en su sano juicio dice, por ello, que Corea del Norte es una democracia.

— ¿Ninguna de esas elecciones ha estado libre de fraude?

Ocurre que las primeras elecciones que ganaba Chávez sirvieron para construir un modelo delincuencial. En las últimas elecciones, un alto porcentaje de votos –20% diría yo– son fraudulentos. La oposición no tiene acceso a los sistemas automatizados ni a los cuadernos de votación. Una democracia no se caracteriza por un fraude estructural como este.

— ¿Eso es lo que les cuesta reconocer a los partidos de izquierda de la región?

Así es. Hay que darse cuenta de que en Venezuela se les ha caído el discurso de que se trabaja por los más pobres. Hoy en día los sectores populares están regresando a un nivel de vida inferior al que tenían cuando Chávez llegó al poder.

La prensa bajo fuego

— ¿Cuál es la situación actual de El Nacional?

Es muy crítica. Producimos el periódico con papel prestado, estamos acosados tributariamente y tenemos juicios penales. Además, el mercado publicitario se ha pulverizado debido a la destrucción de la economía. El gobierno nos ataca y amenaza todos los días, pero nunca desmienten una información nuestra.

— ¿Se han quedado solos en la lucha contra el régimen?

La libertad de expresión en mi país quedó reducida a nuestro periódico y a cuatro o cinco diarios regionales que ya no tienen papel. Somos el único medio grande de oposición, los otros dos – El Universal y Últimas noticias– fueron comprados por el régimen.

— ¿Teme que lo metan preso si vuelve a Venezuela?

En mi país, la justicia funciona como lo hacía la Stasi en Alemania Oriental antes de caer el Muro de Berlín. Montan expedientes a la gente y los convierten en juicios. Como el sistema judicial depende del ejecutivo, la Fiscalía toma un juez y el día que se abre la demanda se pone una medida cautelar que impone ir preso para evitar fugas. A lo mejor al cabo del juicio se demuestra tu inocencia, pero ya pasaste 10 años preso.

— ¿Qué es lo que mantiene a Maduro en el poder?

El miedo. El régimen de Maduro se convirtió en uno muy represor. Hay 70 presos políticos y 2.000 personas en régimen de presentación (libertad vigilada). El discurso del gobierno es muy agresivo y la radio y la televisión traen mensajes amenazantes, eso asusta a la gente.

— Sobre el problema actual con Colombia, Cabello lamentó que la oposición venezolana no haya tomado partido por su propia gente.

En la frontera se está cometiendo una violación terrible de los derechos humanos de los colombianos, es lo que hacían los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Nadie puede apoyar ese atropello.

"Hay un problema de protagonismo entre los cuatro líderes de la oposición"

En poco más de tres meses, los venezolanos deben acudir a las urnas para votar en las elecciones parlamentarias. Este es el panorama que avizora Otero.

— ¿Cómo ve las opciones del oficialismo y de la oposición?

El gobierno de Maduro tiene 20% de popularidad en este momento. En momentos autoritarios como este, la gente tiene temor de contestar encuestas, así que yo creo que debe estar en 15%. Tendría que ocurrir un "mega fraude" para que gane el oficialismo.

— ¿Qué va a pasar después de las elecciones si hay un eventual triunfo opositor?

Es un avance ganar la Asamblea Nacional. Políticamente, es un golpe a la cabeza. Sin embargo, ello no va a cambiar el régimen ni las leyes aprobadas. El Tribunal Supremo fue reforzado con gran cantidad de abogados chavistas, así que si la Asamblea Nacional aprueba algo que al régimen no le gusta, el tribunal puede aducir que es inconstitucional.

— ¿Cuánto preocupa la ausencia de observadores internacionales en los comicios?

Esta radicalización del gobierno de no aceptar observadores internacionales tiene que ver con lo fraudulento del sistema electoral. El régimen solo permitiría que estén presentes emisarios de la Unasur, entidad que es manejada por él, y no la OEA u observadores europeos. Hay que estar muy atentos.

— ¿Por qué le cuesta a la oposición lucir cohesionada o articular una propuesta sólida?

Es un problema que tenemos. Hace un tiempo, la oposición logró unirse en una plataforma electoral tras las elecciones primarias que llevaron a Henrique Capriles a enfrentarse a Maduro. Pero hoy existe un problema de protagonismo entre los cuatro líderes –Capriles, Antonio Ledezma, Leopoldo López y María Corina Machado–, lo cual dificulta una acción común contra el régimen.

— Leí que en Brasil usted dijo que la única salida que ve a la crisis es que Maduro renuncie o adelante elecciones...

No es así. Me preguntaron cuál era la salida y yo respondí que en diciembre del 2017 son las elecciones presidenciales, y que tal fecha se antojaba lejana para el nivel de la crisis.

— ¿Y entonces?

Me repreguntan qué otra salida hay. Respondí que existe una salida violenta que en América Latina hemos visto aplicar muchas veces: militares en las calles y golpe de Estado. Hay otro escenario no deseado de una conmoción social que desemboque en un baño de sangre. Y uno tercero, que supone que Maduro tome conciencia de lo que está ocurriendo y negocie un adelanto de los comicios.