• Caracas (Venezuela)

Leopoldo Tablante

Al instante

El tacto del fuego

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La publicación en Youtube del video antiislámico Las inocencia de los musulmanes motivó una violentísima repulsa contra la Embajada de Estados Unidos en Libia que ocasionó la muerte de Christopher Stevens, el embajador en ese país. Stevens, quien acudió a la sede de la embajada en Bengasi para tratar de evacuar a su personal en medio de los disturbios, falleció como consecuencia de la inhalación de humo producto de un incendio que siguió a la explosión ocasionada por un mortero. Los principales diarios estadounidenses y del mundo publicaron el martes 12 de septiembre la foto de un Stevens pálido y agonizante mientras era arrastrado por una multitud de manifestantes, una gráfica equivalente a la de ese Muamar Gadafi exangüe que el año pasado nos astilló la memoria.

Al día siguiente, a sangre y fuego, todo el mundo musulmán protestaba contra Estados Unidos.

El evento marca el undécimo aniversario del 11 de septiembre y desmoraliza al Departamento de Estado, cuyo apoyo a los rebeldes opuestos a la dictadura de Gadafi parece no haber hecho mella en el resentimiento antiestadounidense que cunde en los países musulmanes. Por el contrario, hace falta muy poco para que los avances de la diplomacia occidental regresen a la casilla número uno. Los quebraderos pueden venir de cualquier iniciativa individual que, por medio de un contenido espontáneo incorporado a la red, alimente la carga inflamable de una línea de opinión bien establecida. Eso fue lo que sucedió con el video La inocencia de los musulmanes, dirigido por la fantasmagórica persona de un director de supuesto origen israelí, vecino de Cerritos, California, que mientras escribo esta columna la prensa identifica con el nombre provisional de Sam Becile.

El video –que comenzó llamándose Los guerreros del desierto y que en junio de este año fue proyectado en una sala privada de Hollywood Boulevard, en Los Ángeles, con el nombre de La inocencia de Bin Laden– remacha los más ramplones prejuicios contra el islam. Además de representar visualmente a Mahoma (el islam rehúsa la representación icónica del profeta; esa fue la razón de las violentas manifestaciones en Europa, África y el Medio Oriente que siguieron a la iniciativa del diario danés Jyllans-Posten de publicar caricaturas de Mahoma en septiembre de 2006), en el audiovisual el islam es un culto inventado por un Mahoma lúbrico, pedófilo, homosexual, zoófilo y sanguinario, secundado por una banda de psicópatas. Los actores que participaron en la producción afirman que sus parlamentos fueron remplazados en posproducción por otros textos. La inocencia de los musulmanes habría costado 5 millones de dólares aportados por más de 100 patrocinadores pro Israel, aun cuando su pobre factura lo asemeje a un proyecto realizado por un mal estudiante de la mención audiovisual. Personajes con túnicas y turbantes captados en una pared azul o verde de chroma key actúan sobre un fondo de dunas, caravanas y ciudades desérticas intercambiando mamarrachadas sólo dignas de un sketch de ¡Qué locura!

Lo que debía ser percibido como un chiste a lo Sacha Baron Cohen no fue recibido en el mundo musulmán con sentido del humor. Por el contrario, parece que los once años transcurridos desde el ataque perpetrado por Al Qaeda contra las Torres Gemelas en Nueva York son la constancia de un cambio planetario irreversible marcado por el decaimiento del liderazgo estadounidense. A pesar de todos los marines sacrificados y de la penumbrosa muerte de Bin Laden, hoy menos que ayer Estados Unidos tiene control sobre el islamismo ortodoxo, a menos de que se trate de ataques con aguijones teledirigidos que siempre rajan a las poblaciones civiles inocentes; y, gracias a la tecnología desarrollada por su élite informática, hoy menos que ayer Estados Unidos puede anticipar los desenlaces inflamables de la ignorancia de cualquier extremista, para quien la virtualidad de la red es el instrumento que le permite pronosticar el calor del fuego.