• Caracas (Venezuela)

Leopoldo Martínez Nucete

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Leopoldo Martínez Nucete

¡Sí se puede!

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Al momento de escribir estas notas salimos de dos semanas de participación en eventos de estudio sobre la realidad latinoamericana, donde la iniciativa @IQLatino del Centro para la Democracia y el Desarrollo en las Américas tuvo un papel organizativo y promotor.

Una vez más,comprobamos que toda América Latina ha hecho grandes progresos y ahora se enfoca en invertir sus presupuestos en políticas públicas e infraestructura que permitan reducir las desigualdades, siempre conscientes de la necesidad de promover la inversión privada para aumentar o acelerar el crecimiento económico.

La excepción ha sido Venezuela. Nadie entiende cómo, con un superávit de 800 millardos de petrodólares en la última década, se pudo desembocar en un período de escasez, desempleo y recesión, combinado con niveles de inseguridad que nos colocan como el segundo país mas violento de la región, después de Honduras. Menos se entiende la conducta represiva y suicida de un régimen que ha llegado al absurdo de demandar medios de comunicación, -como este donde todavía escribo con total libertad-, por reportar noticias, en lugar de convocar a una profunda rectificación en la que participen todos los sectores políticos, económicos y sociales del país.

¿Puede cambiarse esta vorágine que amenaza el futuro de Venezuela? Sí se puede. Siempre he tenido esta convicción, que se ha visto reforzada en dos actividades en las que participamos en estos días.

La primera fue un conversatorio con Sergio Fajardo, gobernador de Antioquia en Colombia. La segunda, una presentación de un grupo de jóvenes políticos de Venezuela, integrado por Roberto Patiño (ex presidente del Centro de Estudiantes de la USB y fundador de Voto Joven); Alejandro Vivas y Jesús Armas, concejales del Cabildo Metropolitano y el Municipio Libertador; Brian Fincheltub, director de Deportes de la Alcaldía de Sucre; y Leandro Buzón, líder comunitario del 23 de Enero.

Fajardo y su gestión político-administrativa en Colombia constituyen inspiración y referencia obligada para los venezolanos. Cuando fue electo Alcalde de Medellín se encontró con una ciudad sitiada por la violencia y el narcotráfico. Medellín era entonces sinónimo de muerte. En su gestión, Fajardo se propuso rescatar el espacio público con la participación de la comunidad, bajo el lema: "Lo más bello para los más humildes". Sus políticas estaban afianzadas en el objetivo principal de hacer de la educación el instrumento de lucha contra la desigualdad, al tiempo que una gran vía de dignificación del ser humano.

Hoy Medellín es sinónimo de esperanza y seguridad en Colombia. Un destino para el emprendimiento, la innovación y el turismo. Desde esa posición, Fajardo ascendió a la Gobernación de Antioquia, donde se está proponiendo lo mismo... y más, ahora con el empeño en llevar educación de calidad a las comunidades rurales más pobres de su estado. Paralelamente, Fajardo ha sido un promotor de los diálogos de paz y un promotor de la tolerancia, al margen de la polarización política que este asunto provoca en Colombia.

Los jóvenes que participaron desde Venezuela presentaron sus proyectos y experiencias, y en ellos noté una notable coincidencia con los postulados de Sergio Fajardo. Muchos y muy interesantes fueron sus planteamientos, entre los que resultó especialmente conmovedor el testimonio de Leandro Buzón, quien proviene de una familia de bajos recursos de la comunidad de El 23 de Enero en Caracas. Buzón aludió a sus vivencias y dijo que su origen no ha sido impedimento para encontrarse hablando en Harvard. Todos coincidieron en que es posible cambiar la dinámica política del país si despolarizamos con un mensaje articulado en torno a los problemas que afectan y unen a los venezolanos.

Estas dos experiencias merecían sin duda una referencia especial, porque a mí en lo personal me llenaron de esperanza.

¡Definitivamente, sí se puede!