• Caracas (Venezuela)

Leopoldo Martínez Nucete

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En esta esquina, el voto latino y en la otra, Trump

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Con incorporaciones de todo pelaje empieza a tomar cuerpo el ciclo electoral presidencial en Estados Unidos

Las primarias de ambos partidos son el campo de batalla inicial. No son solamente la arena de combate entre los rivales de una misma tendencia, sino que van perfilando la intención del voto independiente para la confrontación definitiva. 

Del lado demócrata, Hillary Clinton transita la primaria bajo el signo de la inevitabilidad de su candidatura presidencial. Le disputan, sin embargo, la nominación tres figuras no carentes de interés. El progresista exgobernador de Maryland, Marvin O’Maley, cuya influencia en la política se extendió con una exitosa gestión de 16 años, primero como alcalde de Baltimore y luego como gobernador. No obstante, pese a su promisorio perfil y destacado desempeño, con acento en la educación y lo social, a los 51 años no es todavía una figura nacional. Gravita sobre él la reciente derrota de su partido en las elecciones de Gobernador, (en noviembre del 2014), caracterizadas por una alta abstención en un estado demócrata hasta los tuétanos, ya que O’Maley fracasó en la tarea de endosar su liderazgo a un sucesor. Otro contendor demócrata es el senador de Vermont, Bernie Sanders, quien propone una reforma integral que dote a los EEUU de un sistema de gobierno afín al de los países escandinavos. Y finalmente, está el ex-gobernador del bastión demócrata de Rhode Island, Lincoln Chafee, un “liberal republican”, hoy convertido en “demócrata conservador”.

Del lado republicano, las primarias son otra cosa. El fraccionalismo consume a los conservadores en Estados Unidos: 13 candidatos han formalizando su aspiración y otros 7 deshojan la margarita de la candidatura. El Tea Party y las audiencias más conservadoras tienen una colección de abanderados, entre quienes destacan dos cubano-americanos: el neo conservador senador Marco Rubio, de la Florida, y el senador Ted Cruz de Texas, líder muy visible del Tea Party y vocal en la confrontación fiscal contra el Gobierno de Obama.

Ted Cruz es figura protagónica en las decisiones que condujeron a la paralización de las actividades del Gobierno Federal. Y también se le acredita haber impedido un alza en el límite de endeudamiento federal, lo que puso un par de veces al gobierno al borde del default, con la consecuente rebaja en la categoría del riesgo crediticio internacional de Estados Unidos.

Luego están el senador Rand Paul, de Kentucky, (otra de las estrellas del Tea Party); el gobernador de Texas, Rick Perry; y explora una candidatura Scott Walker, gobernador de Wisconsin y campeón de la lucha contra los sindicatos.

El republicanismo más moderado o tradicional está representado de momento por Jeb Bush (más parecido a su padre que a su hermano en la aproximación a la política); y por el senador Lindsey Graham, de Carolina del Norte, un vocero muy calificado en asuntos militares y de seguridad, con posturas radicalmente confrontadas a la estrategia diplomática del Presidente Obama en Irán.

A esa larga lista se añadió recientemente, con un folklorismo populista y estridente de derecha, el millonario Donald Trump, cuya inclusión al elenco de abanderados nos permite traer a colación un asunto de vital importancia en la política de los Estados Unidos y la carrera presidencial de 2016.

El magnate sacudió a las audiencias con extravagantes planteamientos (para no calificarlos de entrada de barbaridades), como el de construir un muro en la frontera con México para frenar la migración de latinos, a quienes calificó de “delincuentes y violadores”.

El voto latino tiene hoy un inmenso peso electoral en Estados Unidos, particularmente en Estados pendulares en su preferencia por uno u otro partido, como Colorado, Arizona, Nuevo México, Oregon, Nevada, Ohio, Virginia y la Florida. Además, el voto hispano es parte fundamental de la coalición electoral que garantiza absoluto control a los demócratas en estados como California. Y, si esto fuera poco, su crecimiento demográfico proyecta una avalancha que podría cambiar la hegemonía republicana en Texas en los próximos años, como ya ha ocurrido en la política local de ciudades claves, como San Antonio, Austin, Dallas y Houston.

El poder electoral latino fue fundamental en la elección de Obama en 2008, así como en la construcción de una mayoría en ambas cámaras, logros asociados a los altos niveles de participación electoral de este segmento cultural. Y fue más que decisivo en la reelección presidencial del 2012.

El voto hispano por Obama (y en los momentos en que su elección coincidió con parlamentarias, regionales o locales) alcanzó 77% del total. Y su baja participación electoral en las elecciones de mitad de periodo, en noviembre de 2014, fue determinante para la derrota demócrata, con la consecuente pérdida del control de ambas cámaras legislativas.

Naturalmente, la agenda migratoria es un común denominador para movilizar el voto hispano. Aunque el ciudadano latino ya no depende de una reforma migratoria, sí puede redundar en la reunificación de muchas familias, así como en el estatus de amigos y allegados. Además, hay un asunto de empatía, de identidad cultural: ver maltratado al inmigrante indocumentado, que trabaja duro para alcanzar la felicidad en la sociedad que han convertido en su hogar, tiene un evidente fondo racista, una desagradable luz de exclusión. Ponerse contra la reforma migratoria enajena el voto latino porque, entre otras cosas, equivale a decirles a todos los hispanos que no son bienvenidos a la aventura americana o que son vistos como ciudadanos de segunda.

Pero, además, la reforma migratoria tiene interesantes implicaciones económicas y en el campo de los derechos humanos. Por ejemplo, las políticas dirigidas a la protección migratoria de los jóvenes indocumentados (DACA) y a los padres de ciudadanos o residentes (DAPA), constituyen medidas de total correspondencia con el derecho humano a la unión familiar, así como con el derecho a la educación y a la identidad de familias desplazadas por situaciones de violencia. Según el Centro para le Progreso Americano, esas políticas han representado ganancias para el estado de California, del orden de los $75,8 billones en el PIB del Estado y $39 billones en ingreso real tributable para California. Además de 9.500 puestos de trabajos anuales.

Por otra parte, el Censo de Estados Unidos y estudios de la iniciativa IQ Latino del CDDA en Washington demuestran que la población latina, lejos de ser delincuente como de forma descabellada la definió Trump, es parte primordial de la fuerza laboral del país en sectores como la construcción, hotelería y restaurantes, así como en materia de servicios. Adicionalmente, es un segmento demográfico notablemente emprendedor: 22% de los nuevos emprendimientos en Estados Unidos son de hispanos, lo que los convierte en la minoría étnica con mayor participación en la creación de nuevos pequeños negocios, y por ende, en fuerza generadora de empleo.

La boutade de Trump exige una respuesta categórica e inmediata de rechazo dentro del propio partido republicano. Habrá que ver cómo se desarrolla el debate, porque la voz de todas las poderosas organizaciones latinas de Estados Unidos ya se ha hecho sentir. Jeb Bush, quien además de estar casado con una latina, ha tenido una apertura importante a favor de la reforma migratoria, no se ha pronunciado hasta ahora. ¿Lo hará?

En el seno del partido republicano priva el cálculo del impacto que podría tener la reforma migratoria en la audiencia neo-conservadora y del Tea Party. Se trata de un colectivo, muy movilizado en las primarias del partido republicano, que parece no asumir la diversidad demográfica con el espíritu de apertura que cabría esperar de la organización fundada por Abraham Lincoln.

En el lado demócrata, el consenso entre el presidente Obama, la fracción parlamentaria en minoría en ambas cámaras, así como todos los candidatos de las primarias, apunta a favor de una reforma migratoria integral. Más aún, Hillary Clinton ya adelantó que su reforma otorgaría un “camino a la ciudadanía”, sin salir del país, para todo inmigrante indocumentado que haya residido por un periodo extendido de tiempo o tenga familia estadounidense, poniendo al día sus impuestos, pagando una multa razonable y comprometiéndose a aprender un inglés básico. 

Hay otros asuntos prioritarios para el voto hispano, no siempre asociados con la política exterior de Estados Unidos frente a América Latina. Son los relacionados con la igualdad de oportunidades en materia educativa, acceso al sistema de salud y acceso crediticio a la pequeña y mediana empresa o para la adquisición de vivienda. También destacan el apoyo al aumento del salario mínimo y la igualdad salarial entre géneros, así como la vocación ecologista de los hispanos. Incluso, en materia de política exterior, el icónico pendiente de la relación con Cuba y la reciente apertura comercial y diplomática iniciada por la gestión Obama, cuenta con respaldo mayoritario del voto hispano, incluso de los sectores más jóvenes de la población cubano-americana, tal como ha constatado el Pew Center y el Atlantic Council.

Finalmente, queda el empoderamiento del latino en la política y las instituciones de Estados Unidos, un activo que podrían presentar como credencial los senadores republicanos Rubio y Cruz, pero que seguramente encontrará antagonismo, puesto que la mayor cantidad de diputados y funcionarios de origen latino son demócratas; y por la circunstancia de que éstos conectan mucho mejor con las cuestiones que movilizan a los latinos. Al respecto destacan otros dos hechos relevantes: el histórico ascenso de Sonia Sotomayor a primera Magistrada Latina ante la Corte Suprema, postulada por el presidente Obama; y el creciente rumor de que el acompañante de Hillary Clinton en su fórmula como vicepresidente, sería otro hispano, el Secretario de Vivienda del Gabinete de Obama, antes alcalde de San Antonio, Julián Castro.

En suma, la inoportuna declaración de Donald Trump ha venido a chirriar como un columpio oxidado, justamente cuando la contienda presidencial del país más poderoso de la Tierra empieza a sonar como una orquesta... cuyos solistas constituyen un enigma de muy pronta solución.

Nos leemos por twitter @lecumberry.