• Caracas (Venezuela)

Leopoldo Martínez Nucete

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Memorándum para las parlamentarias

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En los 16 años del régimen chavista jamás habíamos asistido a un escenario electoral como el actual. En las siguientes líneas haremos un apretado inventario de los aspectos atípicos que coexisten en la coyuntura del momento.

En primer lugar, el país se encuentra inmerso en una severa crisis y contracción económica, sin capacidad de maniobra fiscal debido a los bajos precios del petróleo, y con impactos sociales en todos los sectores de la población. Segundo, la coexistencia de un alto nivel de rechazo al gobierno con una ventaja de casi 12 puntos a favor del polo opositor en la intención de voto. Y tercero, la ausencia de un líder carismático como Chávez, con capacidad de movilización popular. De hecho, los estudios de opinión demuestran que la mitad de los chavistas no se identifica con Nicolás Maduro.

Pero lo atípico de este proceso no se expresa solo en el terreno de lo favorable para el polo opositor al régimen. Nunca antes el cerco mediático y la censura habían alcanzado los niveles actuales, ni el talante represivo del régimen había sido tan evidente. Chávez era autoritario, pero confiaba en su capacidad de liderazgo político, y seamos francos, mas allá de esas cualidades y carisma, el petróleo estaba a $100 dólares por barril. En aquel escenario cabía la frase “billete mata a galán”, por lo que no había candidato opositor con verdadero chance de ganar electoralmente en los números y en la realpolitik, y el poder de Chavez como “portaviones electoral” era evidente.

En este momento, la situación es radicalmente distinta. Es lo opuesto. Hoy, el régimen mantiene presos políticos de altísimo perfil internacional y una conducta abusiva en materia de derechos humanos, que le ha supuesto un altísimo costo político y diplomático.

Y por otra parte, está el elemento logístico o financiero. La asimetría de recursos para la organización y movilización política es abismalmente favorable al Gobierno, un hecho que coincide con el cierre de espacios para la comunicación y el debate, con lo que se ha completado un auténtico cerco mediático.

La organización de los partidos políticos y la sociedad civil venezolana se enfrenta a todo el poderío del Estado venezolano, puesto al servicio de la causa oficialista. Es cierto que la crisis económica le resta capacidad de maniobra al Gobierno para aceitar su maquinaria electoral y comprar el favor de los electores, pero aún así,  la debilidad (y el miedo) del sector privado deja al resto de la sociedad casi inerme, enfrentada a un monstruoso aparato logístico que rebasa en mucho los recursos del bloque opositor. A ese brutal ventajismo debe agregarse la capacidad de ciertos agentes del Gobierno de promover violencia. Y no nos estamos refiriendo solo al aparato represivo y a la judicialización de la política, hablamos también de la existencia de grupos organizados para la violencia, dispuestos a actuar y con un liderazgo dispuesto a utilizarlos.

Otro elemento atípico de la presente hora es el aferramiento al voto como herramienta de lucha. La oposición venezolana ha vivido recurrentemente fracturada, tanto en el liderazgo como en la base, en torno a la confianza en la salida electoral. Pero esto cambió de manera radical. Un reciente estudio de la UCAB y el grupo Delphos expresa hallazgos muy importantes: Si bien crece la desconfianza en el CNE hasta niveles de 65%, las dudas sobre el sistema de votación y el secreto del voto (70%), también ha aumentado hasta 70% la disposición de ir a votar, así como la valoración del voto como instrumento de lucha, a pesar de todo. En ese sentido, dos datos sobresalen: el 87% de los venezolanos irá a votar en las elecciones parlamentarias y el 85% piensa que “llegamos hasta aquí por la vía del voto y saldremos de aquí por la vía del voto”.

En consecuencia, la oposición tiene por delante tres tareas principales. La primera es trabajar en fortalecer la observación electoral internacional y la visibilidad continental del proceso que se avecina. La segunda es el mandato de configurar una red eficiente de comunicación alternativa, organización y movilización electoral, así como de vigilancia o defensa del voto. Y la tercera, procurar financiamiento ciudadano y apoyo de voluntarios en escala suficiente para un despliegue victorioso.

En la primera tarea se han registrado avances, y el acompañamiento electoral de Unasur podría terminar fortalecido con la participación de otros actores de mayor peso técnico. En ese escenario corresponde hacer frente a las asimetrías comunicacionales y de recursos antedichas y prepararse para derrotarlas.

La batalla electoral no podrá tener base en una estrategia de corte mediática, de concentraciones ni marchas tradicionales. Tampoco se podrá librar en el terreno de la confrontación de calle, porque sería abrirle la puerta al factor violencia que domina el gobierno. Es preciso tener en cuenta que de la escalada de la violencia a la represión –y eventualmente la suspensión del proceso electoral– habría un paso.

No me cabe deuda de que la actitud arrogante y abusiva que despliega el Gobierno (la desesperante insensibilidad frente a los reclamos de los presos políticos, e incluso los desplantes a ex-presidentes, gobiernos del hemisferio, y observadores internacionales), apunta a provocar un arranque de ira que active una dinámica contraria al escenario electoral.

En cuanto a la segunda tarea, la de comunicar el mensaje y defender el voto, debe tenerse en cuenta que en toda estrategia electoral, se habla de la batalla por el aire (la que se libra en medios de comunicación social) y la batalla por tierra, que es el puerta a puerta, el encadenamiento de activistas en torno a una estrategia que despliegue a los candidatos y sus cuadros por urbanizaciones, barrios, pueblos y caseríos, pero muy especialmente aquellos donde ha crecido el descontento, donde hay el potencial de capitalizar electores, pero donde no ha llegado la acción de los gobiernos regionales y locales vinculados a la oposición, ni existe penetración de los partidos políticos.

Estas elecciones parlamentarias se ganarán como una batalla por tierra, donde el mensaje, incluso diferenciado según audiencias, pase a ser impreso en panfletos que viajen digitalmente por las redes sociales y las bases de datos, invitando a los ciudadanos a ser protagonistas del cambio, llevándolo mano a mano hasta formar centenares de comandos, comités y grupos de trabajo articulados por un mensaje. La meta es configurar un frente contundente, esperanzador y centrado en la solución del problema social y económico que asfixia al venezolano.

Hay que imaginar un encadenamiento de miles de batallas por tierra, una especie de sistema de ventas mutinivel, que va puerta a puerta sumando otros nuevos activistas, apoyados en las nuevas tecnologías. Luego tenemos el enlistamiento de quienes estarán encargados de garantizar que la gente vaya a votar, y el reclutamiento y preparación de quienes defenderán el voto en las mesas electorales. La idea es alcanzar la mayor cobertura posible en centros electorales, y la articulación de sus reportes con un equipo de información y denuncia a los invitados internaciones en el país y a los medios internacionales. Para todo esto se contará con la participación de grupos organizados y preparados para esa tarea en la diáspora venezolana.

La tercera tarea impone un gran desafío: el financiamiento. Y he aquí donde también puede apoyarnos la tecnología para alcanzar una contribución significativa de miles de pequeños aportes que pueden hacer los venezolanos de esa diáspora, quienes no pudiendo votar en estas elecciones (pues su participación está ahora limitada a elecciones presidenciales) podrían apoyar el proceso económicamente.

Esto es lo prioritario y lo práctico. Es, además, lo importante y urgente. A eso debemos dedicarnos. Queda poco tiempo y hay que concentrar todas las energías y recursos en el objetivo supremo.

Parece obvio, pero hay cosas que por sabidas se callan y por calladas se olvidan. Los asuntos aquí recogidos, a riesgo que haber entonado una cantinela, deben estar claros en el horizonte en esta hora menguada.

Nos leemos por Twitter @lecumberry