• Caracas (Venezuela)

Leopoldo Martínez Nucete

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¡Cuando hay Justicia!

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Ha sido una semana histórica en Washington DC. Esta vez, debido a decisiones muy esperadas de la Corte Suprema de Justicia en tres asuntos claves para la construcción de una sociedad incluyente, justa y que reconozca plenamente los derechos humanos.

La primera decisión fue la del caso “Inclusive Communities”. El Alto Tribunal de EE UU declaró inconstitucionales las reglamentaciones y políticas del Departamento de Viviendas de Texas, con base en las cuales se estaba ejerciendo la segregación racial en Dallas. El veredicto también proscribió prácticas similares en el sector privado.

El segundo caso decidido por esta Alta Corte fue el relativo a la ley conocida como Obamacare (ley de acceso al sistema de salud). En esta oportunidad, la histórica legislación promovida por el Presidente Obama sobrevivió un segundo ataque Constitucional, apoyado por gobernadores republicanos. La primera decisión había declarado la constitucionalidad de la obligación de los empleadores de contratar seguro médico para sus empleados, así como las sanciones fiscales para quienes decidieran no contratar seguro médico como forma de financiar un fondo federal para garantizar cobertura en emergencias de hospitales y clínicas. Esta vez, la Corte Suprema de EE UU reconoció el acceso a la salud como un derecho humano. Este importante paso se dio al permitir que el gobierno federal aplique los beneficios y subsidios contemplados en la ley, aun cuando el Gobierno de un Estado no suscriba los acuerdos correspondientes para favorecer que cualquier ciudadano opte por las pólizas de seguro colectivo del gobierno (si no encontrara una de costo razonable en el mercado privado). Con esta sentencia, los beneficios de la Ley de Acceso de Salud se extenderán potencialmente a más de 25 millones de ciudadanos que no habían tenido ese acceso, ya garantizado a cerca de 75 millones.

La tercer histórico dictamen del Supremo Tribunal en EE UU fue el reconocimiento federal de la igualdad matrimonial. En lo sucesivo, ningún estado en EE UU podrá desconocer el matrimonio de parejas del mismo sexo. La Corte Suprema puso el asunto donde corresponde, en el campo de los derechos humanos, afirmando que no puede haber discriminación por razones de orientación sexual. Así como en el pasado la Corte prohibió el desconocimiento de matrimonios interraciales, hoy esa misma sala de justicia declaró que las uniones matrimoniales igualitarias no pueden ser desconocidas por ningún estado. Este caso, de una dimensión humanitaria de gran alcance, partió de la lucha de Jim Obergefell por lograr, en el estado de Ohio, el reconocimiento de sus derechos como viudo de su esposo, con quien había contraído matrimonio años antes en el estado de Maryland, uno de los primeros en reconocer la igualdad matrimonial.

Estos tres trascendentes casos judiciales no solo son admirables por su contenido jurídico y dimensión humanitaria, sino por su inmenso significado político. Se trata de cuestiones que movilizan en contra de esos cambios o expresiones sociales a audiencias muy radicalizadas que influyen significativamente en el estamento más conservador de la derecha de los EEUU; pero también movilizan a su favor y constituyen causa común del partido demócrata, los sectores progresistas y la juventud. Además, en el caso de la discriminación en materia de vivienda o la igualdad matrimonial, también son bandera de la población más joven, que milita o simpatiza con el partido republicano, convirtiendo estos derroteros en una lucha bipartidista de corte generacional.

En ese contexto, la Corte Suprema decidió bajo el cristal de la constitucionalidad. A pesar de que la mayoría de los magistrados son de reconocida postura conservadora, e incluso postulados para la magistratura por presidentes republicanos, dos de los cuales, los magistrados John Roberts y Randall Kennedy, presentaron las ponencias que esta semana decidió la Corte Suprema a favor de leyes o posturas tradicionalmente vinculadas a la causa progresista. Y más específicamente, a las políticas y legislación promovidas por el Presidente Obama.

Obama no vaciló al expresar su apoyo al proceso democrático y al contenido de estas tres resoluciones. Dijo que EE UU está fundado sobre una piedra: la de que todos los seres humanos somos iguales y que, con estas decisiones, la Unión asentada en el sistema federal de EE UU se ha perfeccionado un poco más. Hillary Clinton, una entusiasta proponente de estos asuntos, hoy reconocidos como lo constitucional por la Corte Suprema, expresó su respaldo total a estas decisiones, lo mismo hicieron los pre-candidatos demócratas Martin O’Malley y Bernie Sanders. A O’Malley hay que reconocerle como Gobernador de Maryland el haber sido uno de los pioneros en la introducción de la legislación de igualdad matrimonial en su estado, incuso confrontándose, a pesar de ser católico, a las recomendaciones del Arzobispo de Baltimore.

Naturalmente, las reacciones contra la Corte Suprema, desde el campo republicano, no se hicieron esperar. Y los analistas políticos no dejan de comentar cuán perjudicial puede ser para los candidatos de tendencia conservadora cerrarse con sus discursos a estos cambios, hoy refrendados de constitucionalidad; y que solo podrían revertirse por la vía de enmiendas constitucionales. Enmiendas que ya han llegado a proponer algunos precandidatos republicanos como parte de su narrativa electoral. La preocupación de los estrategas frente a este dogmatismo conservador radica en que más allá de lo que piensan las militancias partidistas, la inmensa mayoría de los ciudadanos independientes y los electores menores de 35 años respaldan el contenido de las decisiones judiciales de la Corte Suprema.

Entretanto, y a la expectativa de cómo evolucionan estas novedades en el campo político durante las elecciones presidenciales de EE UU, no cabe duda de que las decisiones de la Corte Suprema de este país, y su independencia judicial, son nuevamente un faro orientador en la doctrina legal internacional.

Para quienes luchamos por la democracia en otras latitudes, particularmente en nuestra Venezuela, la pregunta es cuándo llegará para nosotros la hora de la justicia.


Nos leemos en twitter @lecumberry.