• Caracas (Venezuela)

Leopoldo Martínez Nucete

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Apuntes para un gran Acuerdo Nacional

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En los Estados Unidos hace falta un millón de nuevos emprendedores o empresarios. Pudiera ser más, pero no menos. Es lo que ha concluido un estudio recientemente publicado por el economista Mondragón-Vélez, del Banco Mundial, en conjunto con el Center for American Progress.

Ese déficit de emprendimiento explica por qué fue tan difícil reducir el desempleo, que se ubica en 5.5%. Y se relaciona también con el estancamiento salarial de las clases medias en los EEUU, por lo cual la posibilidad de que una persona o familia pueda ahorrar lo suficiente para crear una empresa también ha disminuido, reduciéndose así la tasa nuevos emprendimientos.

Percibido de sopetón, este panorama ha puesto en lugar prominente el hecho de que la revolución tecnológica y la innovación son factores que deben aprovecharse para acelerar la rata de promoción y el éxito de nuevos negocios.

Al mismo tiempo, varios centros de reflexión vienen preparando papeles de trabajo sobre el rol que el gobierno puede jugar, junto a las universidades y el sector privado, para impulsar el florecimiento de iniciativas, apoyar con acceso al crédito, tecnología y mecanismos de apoyo para la incubación y escalamiento de innovaciones; y de esa forma revertir ese déficit de emprendimiento en las próximas décadas. Y finalmente, se asegure un nivel sostenido de crecimiento en el surgimiento de nuevos pequeños y medianos negocios privados, con capacidad de generar empleos y mejores ingresos de forma sostenible.

Así piensan y actúan las sociedades que identifican las causas reales de los problemas económicos, y entienden que la solución trasciendela voluntad de un gobierno de turno. Son sociedadesque exigen acuerdos estratégicos y consolidación de iniciativas que movilicen a los diferentes actores públicos, académicos y privados hacia una meta común y claramente delimitada. Un ejemplo de ello es el asunto energético. Estados Unidos se propuso hace una década alcanzar independencia energética no solo con fuentes tradicionales, sino también alternativas. Durante los ya 7 años de la administración de Obama se alcanzó ese objetivo de Estado, porque se dio continuidad a la idea, enfocándose en lo verdaderamente importante y, de paso, estableciendo la prioridad de las alternativas energéticas verdes o ecológicamente sustentables.

Miremos hacia nuestra Venezuela y, si se quiere, a toda la América Latina. ¿Qué gobiernos están pensando en esto? ¿Dónde se están logrando alianzas entre todos los sectores que deben sumarse a este cometido, que es crucial en todas las latitudes? ¿Qué países están priorizado la inversión de recursos en la formación de capital humano para el emprendimiento  y la innovación?

Si entendemos la magnitud del problema social y económico venezolano, nos daremos cuenta de que el petróleo y las materias primas que exportamos ya tienen limitaciones importantes para ser el pivote del crecimiento económico; y si observamos la relación gobierno-sector privado de la ultima década, fácilmente se aprecia que no solo hay un inmenso déficit de emprendimiento, sino que prácticamente se ha destruido la producción privada nacional convirtiéndonos en una economía de puertos.

En consecuencia, es preciso enfocar el debate al entramado de realidades que estanos planteando. Pensar que el problema radica en modificar el control de cambio o aquella otra medida... Pensar que una apertura a ciertas inversiones extranjeras en el sector petrolero o un plan de renegociación de la deuda contraída todos estos años es suficiente...  En fin, pensar de manera desenfocada es condenarnos a vivir con exclusión de amplios sectores, informalidad económica, calidad de vida y, en suma, muy precaria justicia social.

Tiene que haber un espacio en Venezuela, y en el resto del continente para enfrentar estos asuntos; y para ello es necesario alcanzar consensos capaces de integrar a una agenda de acuerdos políticos nacionales. En el caso de Venezuela, la pobreza no solo es un problema cosechado en lo social: también hay una depauperación desoladora en el contenido de las ideas y el debate político. Es obvio que el Gobierno es el primer responsable de esa situación, pero la construcción de una alternativa es responsabilidad de todos.

El llamado es a ambos sectores del espectro político. Si se asume con sensatez la gravedad y profundidad de la crisis, deberíamos estar despolarizando y construyendo espacios para allegarnos a acuerdos en torno a lo importante, a lo fundamental, para construir un modelo eficiente y progresista de desarrollo económico y social, con los alcances políticos e institucionales que la tarea exige.

El emprendimiento, efectivamente, es asignación urgente. Y también lo son la seguridad, el control de la violencia, y la puesta al día de los servicios públicos. Son esferas donde puede comenzar el dialogo, de abajo hacia arriba, trascendiendo la polarización y conflictividad política. Y es muy probable que en esa coincidencia descubramos vetas y oportunidades para alcanzar acuerdos.

Es posible que esté arando en el mar con estas líneas. Me mueve a decirlas la genuina y profunda esperanza de que sean asumidas por sectores que, tanto del lado oficialista como del opositor, están conscientes de que nos encontramos al final de una etapa, y que debemos pensar en lo que viene. De lo contrario,todos pagaremos las consecuencias. Y seremos hermanos en el desastre.

 

Nos leemos por Twitter @lecumberry